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Blog de STEPIEN Y BARNO – publicación digital sobre arquitectura
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Arquitectura invisible para un enemigo que no se ve

Lo había considerado, claro que lo había considerado, de lo contrario hubiera sido una irresponsabilidad por su parte. Esa antropización desmesurada del planeta, de la que ella, la arquitectura, no había sido mera espectadora, no podía ser natural, y, sin duda, escondía alguna inseguridad que iba a precisar de su intervención.

Y así fue. La implementación de soluciones técnicas y urbanísticas para asegurar la salud y la higiene de las masas acinadas; el empleo (experimental) de nuevos materiales y tecnologías en la construcción con ánimo de dar una respuesta rápida y económica a la sociedad que se transformaba, la regulación de los mínimos existenciales indiscutibles que permitían el acceso digno al progreso a cada individuo de esa masa informe (destacando, como no, las viviendas, en las que, por cierto, hoy nos encontramos muchos confinados); parecía inoculación suficiente de las pestes que podían haberse avecinado.

Arquitectura de emergencia

Mientras el hombre moderno nacía ya inmune, empezó a sentir ternura por un pobre planeta que se desgastaba. Sequías, inundaciones, extinciones y plagas derivadas de su desgaste por la superpoblación se convirtieron en los nuevos horrores a los que había que hacer frente, surgiendo de la arquitectura maravillosas iconografías representativas de esos posibles escenarios apocalípticos.

Walking city in New Yok de Archigram. Ciudad Nómada que se movería sobre las ruina de una civilización pasada destruida por un hipotetico cataclismo nuclear. Ron Herron en Archigram-Archives. Foto: Archigram Archival Project.

 

Lógicamente, los primeros que vieron literalmente agotado su territorio fueron los de una isla superpoblada, superurbanizada y superindustrializada, esto, mezclado con el período de barbecho de posguerra, fue inspiración para idear arquitecturas de emergencia capaces de adaptarse al medio como un organismo, en base a la superposición de células dirigidas por alguna generatriz, y que encontrarían un buen aliado en los sistemas de prefabricación. Conceptos inmateriales que permanecen invisibles hasta que un país superpoblado se sume en una emergencia sanitaria sin precedentes y necesita levantar un hospital en 10 días, y, superada la emergencia, descomponerlo.

La ciudad en el Aire de Arata Isozaki. Megaestructuras cilíndricas donde se suspende capsulas, en esos momentos Tokio había prohibido crecer por encima de los 30 metros de altura. Foto:Takashi-Ohtaka

 

Hospital Wuhan. Foto:CGTN

Y mientras el mundo industrializado vivía una paz basada en la cortesía aparente e interesada entre las partes, y el horror de las pestes parecía lejano, la arquitectura se entrenó sin descanso durante décadas para esos nuevos horrores que se avecinaban, dejando como legado reflexiones abstractas y objetivadas en forma de arte de una arquitectura capaz y veloz. Una arquitectura efímera, que conceptualmente permanece invisible, hasta que se produce la emergencia.

Instant Cyty en Ibiza de Prada Poole. Claro impulsor de los hospitales de campaña, como el que se ha instalado en Pachuca (México) en 3 días Foto. Archivo Prada.

Hospital de campaña en Pachuca. Foto: Tecnodimensión

Una arquitectura a la que determinados desastres naturales parecían dar la razón. Y de la que hoy habría que quedarse con la imagen de las estructuras tubulares, reproducibles, efímeras, reutilizables y reciclables de Shigeru Ban, que lejos de ser ideadas para el aislamiento unipersonal, respondían a la necesidad de privacidad de los refugiados de catástrofes reubicados en grandes contenedores.

Refugios temporales para las víctimas de las inundaciones en Japón de Shigeru Ban. Las estructuras temporales ofrecen privacidad para las víctimas con este modulo de 2×2 metros Foto:Voluntary Architects’ Network.

Hospital emergencia en IFEMA

Hospital emergencia en IFEMA. Foto: Comunidad de Madrid

Arquitectura invisible

Pero no se tuvo en cuenta que el ser humano es más vulnerable que el planeta, y por eso hemos sido privados forzosamente de esa ciudad posindustrial, de la que aquella arquitectura hubo sido autora; una ciudad democrática, y aparentemente pacífica, pero enfrentada hoy a un enemigo que no se ve y que deja a la arquitectura; paradójicamente precursora de esos modos de habitar inclusivos; buscando en el cajón de las arquitecturas invisibles.

Un momento de inflexión en el que la arquitectura tomará partido, téngase en cuenta que pueden consultarse dos décadas de trabajos dedicados a la advertencia del advenimiento de nuevas formas de habitar, de una nueva realidad social, con gran soporte en las tecnologías de la información, y en defensa de una mejor optimización del tiempo y el espacio, y en lo que la arquitectura ha participado de forma activa, una arquitectura preparada para ese cambio de hábitos que ahora sí emerge.

Escrito Por Carlota González y Darío Núñez investigadores independientes y 
Arquitectos en SF23 Arquitectos en Segovia.

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