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Blog de STEPIEN Y BARNO – publicación digital sobre arquitectura
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ESCUELAS DE ARQUITECTURA LÍQUIDAS

Uno de los problemas de muchas escuelas de arquitectura es que, en nuestra opinión, se incita a una excesiva competitividad. Es más, creemos que este camino no es el más adecuado para aprender arquitectura y genera más problemas que ventajas.

Nosotros, Stepienybarno, lo tuvimos que vivir en nuestras propias carnes para ser conscientes de que tenía que haber una forma diferente de hacer las cosas.

Cada vez todo es más incierto y, de alguna forma, inestable. Lo que hoy existe en 10 años se transformará y aparecerán nuevas formas de hacer las cosas. Estamos en una época líquida y convine adaptarnos a este nuevo entorno que nos toca vivir.

Así que, con vuestro permiso, intentaremos exponer otras opciones que pudieran mejorar este aprendizaje.

1. UN POCO DE HISTORIA

La evolución de las especies, aparentemente, se ha basado en la supervivencia de las más competitivas; es decir, en la ley del más fuerte. Pero en realidad no es exactamente así: han sido las especies que mejor han garantizado su reproducción las que han ido evolucionando, mientras que el resto se fueron quedando por el camino.

De esta forma, con el paso del tiempo, aparecieron nuestros primeros antepasados, los Homo Habilis, que además de manejar conscientemente ciertas herramientas, comenzaron, por primera vez en la historia de los homínidos, a cooperar entre ellos. Así, esta pequeña cohesión social se fue desarrollando hasta convertirse en la clave de que hoy sea el Homo Sapiens el que esté aquí y no otros primos cercanos como los Paranthropus o el Homo Erectus.

De hecho, cuando hace unos 50.000 años nuestra especie llegó a Europa, vía Eurasia occidental, se encontraron con un clima extremo y otra especie, cercana pero distinta, totalmente adaptada a su entorno: los Neardentales. Nuevamente, no fueron las armas ni el poderío físico lo que hizo que los Sapiens prevalecieran como dueños y señores del continente, sino su capacidad de cooperar entre ellos, según indican los últimos estudios sobre el tema. Ni más ni menos.

2. LAS CAPACIDADES DE LOS PROFESORES

Sin embargo, por desgracia, en nuestra sociedad moderna, la cooperación siempre ha sido la prima pobre de la competitividad. De hecho, nuestro actual sistema educativo no se basa en formar personas, ni en desarrollar su humanidad o creatividad; se basa, tristemente, en garantizar la acumulación de información, inculcando como valor estrella la competitividad.

En este sentido, Eduardo Punset, en su libro “El viaje a la felicidad”, comenta: “este modelo educativo crea, inevitablemente, condiciones competitivas extremas. Los niños se comparan constantemente unos con otros. No aprenden a apoyarse, a colaborar ni a dividirse las tareas. Todos sirven para lo mismo, llevan a cabo tareas idénticas; no aportan nada específico al grupo, ni desarrollan sus cualidades personales, ni valoran su propio aprendizaje, y compiten por la atención del mismo profesor. Si se pretende formar adultos que sepan colaborar, éste es el peor sistema posible”.

Así es como, pasados los años,  los alumnos llegan a las Escuelas de Arquitectura y, a diferencia de en otras disciplinas, donde quizás  puedan mitigarse esta colección de errores, en la enseñanza de arquitectura lo normal es que, muchos de ellos, se enfaticen.

Foto: Auburn University College of Architecture, Design and Construction (CC BY-SA 4)

Estamos, en muchos casos, en las antípodas de una enseñanza líquida de arquitectura. Muchos programas son heredados de los de hace 20 años y los lavados de cara no son demasiado eficientes.

En más de una ocasión los profesores de arquitectura lo son  por el “simple” hecho de ser arquitectos, sin que ello garantice  ninguna capacidad docente. Evidentemente, en muchos casos su arquitectura ha sido de primer nivel, en otros no tanto, pero este no es el quid de la cuestión. La clave está en pararnos a pensar qué aptitudes didácticas adquiere un arquitecto por el hecho de construir. Y la respuesta está clara: ninguna. También es cierto que, si un profesor de proyectos en el aula enseña una cosa y fuera de ella no predica con el ejemplo, mal vamos.

Es evidente que estamos generalizando y en muchos casos sí nos hemos encontrado con profesores con gran vocación (ver aquí) y que sí son capaces de ilusionar a los alumnos en sus clases.

3. ENSEÑANZA EXPANDIDA DE ARQUITECTURA

Sin lugar a dudas, la capacidad de relacionarse a nivel personal entre el alumnado y el profesorado debiera ser uno de los requisitos más valorados. Esta relación no puede quedarse sólo en las aulas, ha de ser una comunicación bidireccional y 2.0. La red ofrece múltiples posibilidades y ya son más de uno los profesores que apuestan por una enseñanza expandida de arquitectura (ver el blog del profesor Santiago de Molina).

Sin embargo, hace poco leíamos una entrevista al famoso profesor Gerald Conti, en la que anunciaba su retirada del mundo docente, y decía,  “Para mí la educación debe centrarse en lo cualitativo y no en lo cuantitativo. La docencia no deja de basarse en las relaciones personales y en fomentar la curiosidad de los estudiantes. Una visión que he tratado de llevar a la práctica durante toda mi carrera profesional”.

Para estar encima de la tarima hay que tener un alto  conocimiento sobre la materia a tratar, y haberlo preparado expresamente para la asignatura en cuestión. Siguiendo la reflexión de Punset, parece evidente que un “maestro” no puede seguir en pleno siglo XXI sentando cátedra desde un púlpito inaccesible.  Lo malo no es que lo haga, sino cómo lo hace. Ya no son de recibo horas y horas de monólogo arquitectónico sobre el tema que interesa al profesor, en vez de pensar en lo que puede interesar al alumno.

Necesitamos profesores que sean capaces de dejar descansar su ego y que se pongan las pilas en nuevos métodos docentes. Profesores que no olviden que sus alumnos son nativos digitales y que hay que tratarlos como tales. Una enseñanza que, como comentábamos en este artículo, fomente la cooperación frente la competitividad. Si los tiempos son líquidos y maleables, no podemos seguir con técnicas del pasado. Toca apostar por métodos docentes cercanos al mundo lean/agile. Si no somos como juncos, nuestros días estarán contados.

Desde aquí sí que podremos soñar con alumnos bien formados que cuando desembarquen en la realidad de la profesión no sufran más de lo necesario.

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Autores del post: Stepienybarno _ Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

La imagen procede de AdobeStock.


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2 COMENTARIOS
  1. Sesión

    Estoy bastante de acuerdo, pero creo que el tema de expandir la relación fuera del aula va a ser muy difícil, simplemente por el tema horario.

    Entiendo que ser profesor realmente tiene mucho trabajo en casa, pero tiene que haber límites en el tiempo que los alumnos pueden ocuparles a los profesores…

    Ojalá hubiera más Gerald Contis.

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