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Blog de STEPIEN Y BARNO – publicación digital sobre arquitectura
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LA CIUDAD DEL SELFIE

Nuestras ciudades, en la actualidad, necesitan grandes transformaciones urbanas, la integración de la sostenibilidad en sus infraestructuras y replantearse nuevas formas de habitar. 

Mientras tanto, e independientemente de estas necesidades, sus habitantes y visitantes van adoptando nuevos comportamientos que hoy damos por buenos y que hace no tantos años eran impensables. Vivimos en un mundo en el que todo es para ayer y en el que el entorno 2.0 nos ha regalado un mar infinito de posibilidades a la vez que nos va tendiendo un reguero de trampas difíciles de evitar.

Sobre todo esto, y mucho más, va el post de hoy. ¿Nos acompañas?

1 . POR UNA CIUDAD SLOW

No hace tanto que estábamos en la carrera de arquitectura haciendo nuestros viajes. Bueno, en realidad sí hace tanto (¡más de 15 años!), pero, por aquel entonces, ya teníamos la sensación de que se querían ver demasiados proyectos en poco tiempo. Así que, cuando terminamos la carrera y seguimos viajando para ver buena arquitectura, decidimos hacerlo de manera muy lenta. Por ejemplo, en nuestro viaje a Finlandia, sólo vimos un edificio de nuestro querido Alvar Aalto cada día. Es decir, íbamos a Villa Mairea por la mañana y echábamos el día. Hacíamos buenas fotos, más de un dibujo y, sobre todo, aprendíamos arquitectura a la vez que la disfrutábamos. El resultado fue este post, que es uno de los más vistos en el blog.

Pero, como decimos, mucho ha llovido desde entonces y ahora, con dos hijos, nuestras posibilidades de ver arquitectura son más limitadas y mucho menos nos podemos permitir ir en el plan que fuimos en su día.

Mientras tanto, la llegada de la nueva era digital ha acelerado absolutamente todo, también la visita a las obras de arquitectura o el paseo tranquilo por las ciudades. Es más, nuestras urbes , en muchos casos, terminan siendo un simple telón de fondo para las fotografías. La experiencia de vivir la ciudad pasa a un segundo plano. Es posible que nuestras ciudades y pueblos no se están adaptando con fluidez a tiempos tan cambiantes como los que vivimos.

Hay que recordar que la contaminación y el hormigón de la mayoría de las ciudades no ayuda en absoluto a tener una vida apacible y sana. Por muy habitual que sea ver a una persona sentada en una terraza de Gran Vía a cero grados, totalmente perdida en las profundidades de su móvil,  para poder fumar y que además se traga como extra toda la mierda que sale de  los tubos de escape de los coches que pasan a menos de un metro—, en nuestra opinión, no deja de ser una imagen desoladora. 

Como contrapunto, es un buen momento para poner encima de la mesa iniciativas tan pausadas e interesantes como los paseos con Jane o el movimiento de las Ciudades slow.

Imagen: Frits Ahlefeldt (DP)

Parece que si no tenemos google maps somos incapaces de llegar a ningún sitio. 

Sería curioso hacer el experimento de utilizar un mapa como hace no tanto porque seguro que no daríamos pie con bola. De hecho, nuestro cerebro se va modificando y cada vez le cuesta más orientarse en la ciudad. Hemos delegado la responsabilidad de llevarnos de un lugar a otro a una aplicación y, más allá de sus innumerables ventajas, vamos perdiendo ciertas capacidades. Pero el hecho de usar google maps para todo, no solo tiene que ver con llegar certeramente a un lugar, también tiene mucho que ver con llegar lo más rápido posible. Lejos quedan los tiempos de perdernos por la ciudad y callejear. Ahora queremos llegar cuanto antes, aunque para ello nuestra mirada solo vea el puntito azul de la aplicación y se nos olvide disfrutar del paisaje urbano.

De hecho, cada vez son más las personas que incluso en la montaña suben a toda pastilla hasta la cima (ver aquí) más pendientes del Gps o de hacer algo que termine en -ing que de disfrutar del paisaje.

Y estas prisas tan propias de nuestro nuevo mundo 2.0 son tan malas consejeras como lo han sido toda la vida. Creemos que el famoso refrán de “vísteme despacio que tengo prisa” es más necesario que nunca.

Hace poco, en uno de nuestros cursos, varios alumnos comentaron que eran aficionados a rutear. Palabra que, al no ser nosotros muy moteros (o nada moteros), desconocíamos, pero que nos resultó interesante. Se trata de salir de ruta sin demasiado plan y con ganas de disfrutar con tranquilidad del camino y de la compañía. Así que, si nos saltamos por esta vez el tema de la contaminación de tanta moto, parece un  hobbie que se aleja de esta vida acelerada que vivimos. 

También los vamos incorporando en nuestro día a día otros hobbies como la cerámica  y, nuevamente, rompemos con esta presión de producir rápido y barato. Necesitamos espacios para dar descanso al cerebro y en los que el tiempo, aunque se por un rato, se pueda congelar.

En este sentido no podemos olvidar que, muchas veces, en los más pequeños tenemos los mejores maestros. En nuestro caso nuestros hijos, Alvar y Bruno, nos enseñan constantemente a disfrutar del momento presente y centrarnos en algo lo que sea como si fuera lo más maravilloso que hay. Esa intensidad del momento no deja espacio para tonterías. Y la vida es eso; disfrutar del aquí y del ahora y hacerlo con conciencia y paz. Lo demás son juegos de poder o ego.

Sin embargo, muchas veces, no somos capaces de ralentizar el ritmo de nuestra jornada laboral y, casi sin darnos cuenta, somos presa de las prisas; y lo pagaremos a medio plazo. 

A la que te descuidas, entras en dinámicas cada vez más rápidas para todo; incluso hay un montón de métodos para leer mucho más rápido. Te prometen pasar de las habituales 200 palabras a las 1.000; pero, por lo que vemos por aquí, la idea es tentadora pero no recomendable.

De hecho, no es habitual que en un blog aparezca un post tan largo como este, ni que los lectores tengan la paciencia de ponerse a leerlo con calma. Así que, aunque entendemos que es tentador leer a toda pastilla o leer el post en diagonal, te animamos a que hagas una lectura pausada y que nuestras reflexiones den paso a tu propia visión sobre el tema.

En nuestros cursos de productividad es uno de los aspectos en los que más incidimos: necesitamos vivir con calma y saber distinguir entre lo urgente y lo importante. Hay estrategias y tácticas que nos ayudan a conseguirlo.

No se trata de ser todavía más hipereficiente; la idea es alinear muy bien las tareas del día a día con objetivos mensuales y anuales. Tan solo tenemos que aprender a hacer un poco más en menos tiempo, pero sobre todo hacerlo sin estrés y con el objetivo claro de tener horas para otras cosas importantes como la familia, amigos o aficiones. Es más, en última instancia necesitamos tiempo para que cada uno de nosotros pueda dedicar un rato a hacer nada (que es diferente de no hacer nada).

Por cierto, si te interesa el tema, te adelantamos que en breve anunciaremos la segunda edición del curso de Productividad online para arquitectos y arquitectas.

2. NARCISISMO DE POSTAL

El ser humano tiene cierta tendencia a creerse el centro del universo; nuestro ego muchas veces nos juega una mala pasada y el yo gana por goleada al nosotros. Así que, con la llegada de las redes sociales, surgió el caldo de cultivo perfecto para que aflorase un mundo de selfies y cuentas de Instagram totalmente narcisistas y faltas de valores. 

Aunque es cierto que las ganas de dejar nuestro sello y señalar “yo estuve aquí” se remontan a la prehistoria, como bien apunta el  historiador y escritor israelí, Yuval Noah Harari, en su libro Sapiens, de animales a dioses.

Impresión de mano en la pared de la cueva  cueva de Chauvet-Pont-d’Arc, Francia (hace 30.000 años).

Desde entonces la tecnología ha avanzado mucho y con ella nuestros hábitos y rutinas han evolucionado a la velocidad de la luz. En este sentido conviene poner sobre la mesa el hecho de que nuestros núcleos urbanos están experimentando nuevas formas de habitarlos.

Así, en nuestro frenético discurrir por la ciudad esquivamos peatones y farolas, con la mirada fija en el móvil, comienzan a suceder fenómenos curiosos en nuestras ciudades. 

Vamos a intentar radiografiarlos de la manera más neutra posible aunque, evidentemente, en muchos casos, pensemos que sería bueno que fueran diferentes.

Algunos organismos de turismo han estado contratando a varios influencers de Instagram para que fueran unos días a disfrutar de los encantos de sus ciudades y el resultado fue muy positivo para sus objetivos. A los pocos meses de la campaña promocional habían aumentado un 30% las visitas turísticas amortizando con creces el gasto en los instagramers.

¿Y por qué son eficientes este tipo de acciones? Porque cada día se suben a Instagram más de 100 millones de fotos. Eso sí, la mayoría pasan sin pena ni gloria, pero las de unos pocos perfiles tienen un impacto descomunal. Este fenómeno no existía hace no más de 5 años; así que da miedo pensar lo que vendrá en los próximos años.

En esta línea se puede leer en el post de Hello Cherry, agencia especialista en campañas de influencers, titulado: “Viajar ahora es una cuestión de Marketing”:

“(…) Los datos avalan el éxito de las experiencias de viajes en plataformas como Instagram. El hashtag #travel acumula 426 millones de publicaciones mientras que #travelling llega casi a los 57 millones. Más allá de Instagram, otras plataformas como Youtube y los Blogs son las mejores herramientas para dar a conocer el contenido generado por un Travel Influencer. ¿Necesitas más números para confirmar que confiar en un Influencer es la mejor baza para tu próxima campaña de Marketing en el sector del turismo?”

Ante esta visión tan rosa y positiva del mundo de Instagram, se alzan otras voces como la de Pier Giorgio Oliveti, Director y Secretario General de la Cittaslow Internacional: “(…) la ciudad slow es una ciudad con alma, que trata de manera holística de manejar la ‘vida con tranquilidad’. Además, es una ciudad que recupera la importancia de la memoria. En un mundo globalizado, corremos el riesgo de perder nuestra identidad, nuestra historia, nuestra perspectiva de un camino de larga duración. De modo que Cittaslow constituye también un proyecto de calidad en favor de las próximas generaciones”.

Pantallazo del muro de Pedro Torrijos, uno de los arquitectos que hila más fino en la red social de Twitter.

Vaya por delante que no es nuestra intención demonizar las redes sociales ni decir que Instagram es un nido de egos desbocados. No es esta la intención de nuestra reflexión, lo que nos interesa es, asumiendo que las RRSS tienen un sinfín de posibilidades, que nos demos cuenta también de sus peligros.

Con todo ello, como comenta el periodista Rodrigo Terrasa en su artículo “La gran farsa de los influencers”, cada vez está más claro que muchos supuestos influencers no son más que la punta del iceberg de una gran burbuja:

“(…) La burbuja del nuevo narcisismo sigue creciendo pero las reglas del mercado han cambiado. «Se ha roto la ilusión de la credibilidad», admite el jefe de estrategia de Grey. Esa sensación de que era más fiable un selfi de Dulceida o un vídeo de elRubius que un anuncio de toda la vida con un famoso luciendo nuevo peluco (aunque ahora te lo enseñe en la cocina de su casa en 15 segundos de Instagram). Como si fuera más eficaz un influencer que una persona influyente.”

También es cierto que aunque en las redes sociales vemos fuegos de artificio a todas horas, en Instragram hay varios perfiles de arquitectos muy interesantes, llenos de creatividad y con una visibilidad altísima. Si no seguís a Anna Devís (@Anniset) + Daniel Rueda (@DrCuerda) ¡ya estáis tardando!

Autores: @Anniset + @DrCuerda

En cualquier caso pensamos que, de la misma manera que muchos perfiles son una delicia para los sentidos y están llenos de arte y sensibilidad, la mayoría de los Instagramers de éxito son un canto al narcisismo.

En demasiadas ocasiones los contenidos no se comparten por generosidad o por ganas de interactuar con los demás sino para  generar envidia. Muestran una vida de color rosa en la que  el instagramer de turno parece salido de una peli. 

Lo malo es que, seguramente, el final no será tan feliz como pudiera parecer. Cuando en la red se intenta representar un personaje, tarde o temprano todo cae como un castillo de naipes. En estos tiempos de imagen lo verdaderamente transgresor es mostrarse con naturalidad y cierta transparencia.

Foto de instagramers en su día a día. Fuente: depositphotos.com

3. LA CIUDAD INSTAGRAMEADA

Con todo ello, vemos que es cierto que muchos de estos influencers pueden ser capaces de generar mucho impacto e incluso aumentar las visitas de un destino turístico. Otra cosa es valorar qué tipo de turismo se atrae con estas acciones o qué pasa cuando una ciudad acoge muchos más visitantes de lo que sería lógico. El caso más extremo y por tod@s conocido es Venezia (ver aquí), aunque también se nos viene a la mente la ciudad griega de Santorini que está al borde del colapso por el “éxito” del turismo.

Muchas veces más turismo no es lo mejor, ni para la localidad ni para sus habitantes, y lo único que hace es museificar la ciudad como reflexionábamos  hace ya tiempo en este post. De esta forma nos olvidamos de la historia, de la memoria y de la verdadera identidad de nuestros barrios, pueblos y ciudades. La forma vence al fondo y la prisa a la calma. 

Por no hablar del despoblamiento del centro de las grandes ciudades debido a la normalización de empresas como Wimdu o Airbnb que, aunque de partida puedan parecer ideas interesantes, aseguran la gentrificación si no se controla este tipo de actividad. Muchos turistas invaden estas casas mientras los lugareños no tienen dinero suficiente para pagar el aumento en los precios de los alquileres.

Otro fenómeno preocupante es el hecho de que ya hay varios operadores de viajes que no organizan las visitas para ver el monumento o edificio en cuestión sino que se dedican a garantizar que el turista llegue a un punto donde hacer la foto y, rápidamente, se vaya a cazar una nueva imagen para sus redes sociales a otro lugar previamente planeado. 

De hecho, esto que parece ridículo, tiene  muchos seguidores y hasta un nombre: “selfie and go”. En algunos casos los propios guías llevan un dron para garantizar determinadas instantáneas.

Foto de una instagramer en uno de los famosos columpios de Bali. Fuente: © Collage Vintage

Porque no podemos olvidar que, nos guste o no, para mucha gente lo más importante es contar (y mostrar) que estuvo allí. En los conciertos o espectáculos también se puede ver este fenómeno en el que la gente está más pendiente de grabar un vídeo (que luego es posible que nunca más vuelva a ver) que de disfrutar de la música.

Se podría decir que hay una especie de gradación en este fenómeno que va desde quien comparte de vez en cuando una foto de su viaje en facebook, hasta quien retransmite su vida en vivo y en directo en Instagram. El show de Truman (una vida en directo) nunca estuvo tan cerca de hacerse realidad y, además, de manera voluntaria.

Fuente: pxhere.com

Por otro lado, muchos instagramers famosos se van a lugares como Chernobyl donde, además de jugarse su propia salud, se retratan en el que fue el escenario de la tragedia nuclear más grande de la historia.

Imágenes de instragramers en ‘Chernobyl’. Instagram: @KHRYSTYNA_BUBNIUK / @JULIABAESSLER.

Otro fenómeno de moda, e igualmente falto de cualquier respeto y sensibilidad, son las fotos de estos famosetes en lo que en su día fueron los campos de concentración de Auschwitz.

Foto: Instagram de Ruben Dominguez en Auschwitz.

Así, nuestras ciudades acogen ahora todo este tipo de turistas que hacen de ellas un escenario de cartón piedra para calmar el ego de cada visitante.

Con todo ello, en el fondo, se va normalizando algo que tiene muy poco sentido, que la forma de casi todo tiene más importancia que el fondo. Es más, en muchos selfies vemos que el protagonista se está exponiendo a situaciones realmente peligrosas. Pero, el hecho de poder captar el instante es más importante que la propia seguridad. El postureo, por desgracia, es el pan nuestro de cada día.

Foto: La instagramer rusa Elena Rybalchenko, alias fitness_mama, posando con Barcelona en llamas de telón de fondo.

En fin, releyendo el post parece que nos ha salido una visión un tanto pesimista de este fenómeno y quizá hay muchas cosas buenas que se nos están pasando por alto. 

De hecho, más allá de lo relatado en este post, es evidente que nosotros mismos tenemos una fuerte presencia en la red y que más de una vez nos dejamos llevar por los cantos de sirena de los selfies y las fotos sonrientes. Pero es evidente que de ahí a lo que hemos narrado aquí hay un salto abismal. 

En cualquier caso, como siempre decimos, la nuestra sólo es una visión subjetiva y parcial de la realidad; así que, ya nos dirás tú cómo ves todo esto y cómo vives estos nuevos tiempos que nos han tocado vivir.

Autores del post: Stepienybarno _ Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó


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