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Blog de STEPIEN Y BARNO – publicación digital sobre arquitectura
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ARQUITECTOS EN LA ERA LIQUIDA

BURBUJAS era liquida stepienybarno 350

Vivimos tiempos 2.0, en los que todo tiende a diluirse, y la realidad se nos escapa entre los dedos. Nos toca vivir en esa sociedad líquida y burbujeante de la que hablan Bauman y Sloterdijk donde cada vez todo es más difuso e inabarcable. El control y, una cierta, inestabilidad, son el pan nuestro de cada día. Los límites no parecen estar de moda, y, nosotros mismos, desde Stepienybarno, vemos cómo nuestro día a día, cada vez, es menos previsible. Sobre todo esto y mucho más va la entada de hoy. ¿Nos acompañáis?

También es cierto que tener un orden interno de funcionamiento y parcelar actividades nos puede dar como profesionales cierto equilibrio. En la mayoría de las ocasiones es sano tener  tiempo para desconectar y dedicar parte de la energía a nuestras sacrificadas familias y ocio. Pero, alcanzar ese orden a nosotros se nos hace bien complicado. Curiosamente, al no conseguir dar con él, seguimos avanzando en una especie de caos en el que hemos aprendido a sobrevivir. De hecho, desde hace un tiempo estamos empezando asumir que ese orden no llegará nunca y que en la incertidumbre también hay muchas posibilidades.

Esta tendencia hacia el “desorden”, común en muchos arquitectos, se manifiesta en la propia jornada laboral, produciéndose colaboraciones de todo tipo. Así como, en otras disciplinas todo es más “estándar” en nuestro gremio, es normal funcionar “más o menos”.

Por un lado, no es extraño que se den situaciones en las que se juntan varios amigos, uno firma el proyecto y se redacta entre todos. Por otro, ha sido el pan nuestro de cada día el que  uno firmase y otros fuesen quienes realmente sacaban el proyecto adelante, aunque luego saliese en los créditos el que, quizás, menos había hecho. Entre estos dos extremos se dan muchísimas  posibilidades que se van salvando con más ilusión, inconsciencia y entusiasmo que otra cosa.

En muchas ocasiones, por desgracia para el arquitecto, estas relaciones se dan en concursos que no repercuten en ningún tipo de encargo y todo queda diluido en el fragor de la batalla. Pero cuando sí que hay un encargo concreto y toca firmar, cobrar, repartir tareas, beneficios (si los hubiera) y responsabilidades, el tema se complica. En muchas ocasiones la autoría del proyecto sólo quedará en manos de quien haya echado la firma, lo cual nos parece totalmente injusto. En este punto, hay ejemplos un tanto sorprendentes de peleas por los derechos de autor, como la que tuvo Calatrava con el Ayuntamiento de Bilbao o la petición desde el colegio de Sevilla de apuntarnos a una especie de canon digital.

No descubrimos la pólvora al afirmar que casi siempre los proyectos se hacen entre muchos (no una sola mano con su lápiz 6H) y el mérito no debiera recaer en una solo cabeza, por muy eminente que sea.

A su vez, igual de injusto nos parece, que cuando algo pasa en la obra, que tarde o temprano siempre ocurre (lo de que estamos en libertad condicional no es ninguna tontería), la responsabilidad, nuevamente, vuelve a recaer en un solo seguro.

Está claro que  vivimos una realidad que parece que no tiene visos de cambiar, aunque el futuro pase por avanzar en temas de  trasdisciplinariedad y aprovechar el potencial de la red, para crear nuevas colaboraciones.

A día de hoy, más del  30% de los anuncios de búsqueda de empleo, que aparecen en el New York Times, se refieren a nuevas profesiones que hace diez años ni siquiera existían. Por lo tanto, el futuro ya está aquí, pero nuestra profesión sigue anclada en un rancio pasado, aferrándose a viejos clichés ya obsoletos. ¿Cómo podemos conciliar la inexorable realidad con ese nuevo profesional que se moverá en los límites de la propia arquitectura y que, a la vez,  debe beber de otras disciplinas?

Sin lugar a dudas, nuestro porvenir no pasa por seguir ofreciendo todos los estudios el  mismo servicio, dirigido hacía una potencial clientela más bien escasa. Seguramente, es mejor pensar cómo podemos utilizar nuestra “visión completa de la jugada” incluso en otros frentes que no sean la arquitectura de toda la vida. El experto en marketing Al Ries afirma que  “Un pez grande nunca se mete en una pecera pequeña, y es peligroso que un pez pequeño se meta en una pecera grande”. Sin embargo, el pez de los arquitectos es muy grande para una pecera tan pequeñita. En nuestra opinión, no hay estructura única de funcionamiento, ni tampoco pensamos que los estudios pequeños tienen que desaparecer por fuerza, ni, que todos tengan que necesariamente especializarse. Lo que apuntamos es  que el futuro de muchos estudios de arquitectura pasa por hacerse un hueco en los límites de la arquitectura y reinventarse desde la creatividad apoyándose en un cierto sentido empresarial. Y en estas nuevas latitudes, evidentemente, el concepto de responsabilidad y de autoría no puede seguir siendo el mismo. Los nuevos tiempos piden una disolución total de la autoría, aunque la realidad del día a día deje esta idea en terrenos cercanos a la utopía.

Así que, para que nuestro futuro tenga ciertos visos de esperanza, pensamos que se deben tomar medidas serias en todos los frentes: Universidades, Colegios, colegiados, no colegiados, publicaciones del sector… Ya no vale hacer la del avestruz y pensar que todo se arreglará. Debemos asumir la realidad que nos toca vivir y no seguir anclados en otros tiempos más boyantes para nuestra profesión. Si queremos sobrevivir, lo primero que tenemos que hacer es entender la nueva era que nos toca vivir, la sociedad a la que servimos y pensar en cómo nos podemos organizar para ser competitivos (y colaborativos) en esta segunda década del siglo XXI.

Y ya para terminar, solo recordar que los sastres eran una eminente profesión que se rieron y de qué manera cuando se comenzó a confeccionar “ropa estándar”. Su nula adaptación a la realidad les llevó a desaparecer y ya nadie se acuerda de ellos. Así que, para que no nos ocurra a nosotros lo mismo, conviene coger el toro por los cuernos y reaccionar con energía. ¿Alguna idea de cómo hacerlo?

Autores de la entrada: Stepienybarno

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* Este artículo ha sido escrito con carácter divulgativo y sin ningún tipo de ánimo de lucro. Así que si te apetece compartirlo en cualquier otro medio, estaremos encantados de que lo hagas siempre y cuando cites el lugar donde lo has encontrado.

*Stepienybarno está formado por Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó. Nuestra actividad se sustenta en tres pilares básicos: la investigación, la publicación y la redacción de proyectos de arquitectura.

A su vez, somos socios cofundadores de SINERGIA SOSTENIBLE y redactores de LA CIUDAD VIVA.

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11 COMENTARIOS
  1. Miguel

    SyB, el que “se te pidan mil cosas para presentarte a ellos” está justificado por la “meritocracia”. Si no has hecho méritos para poder hacer este concurso no te puedes presentar. Es muy injusto porque estamos hablando de negar la posibilidad de demostrar las capacidades.

  2. StepienyBarno

    Gracias, Miguel, nuevamente, por tu contribución al debate. Aunque no nos queda claro por qué ves mal que se valore la meritocracia. Si haces algo bien y en función de ello tienes más posibilidades, no vemos el problema. Otra cosa es que si hay un concurso, todos partan en inigualdad de condiciones; precisamente, lo que hay que evitar es lo que te pidan mil cosas para presentarte a ellos.

    Respecto a lo que comenta Mauro, solo animarte a seguir en esta línea. Nosotros conocemos las camisetas y son muy potentes; de hecho, tenemos una de ellas.

  3. Mauro

    Enhorabuena por el post.
    Yo por mi parte tan solo quiero haceros partícipes de los diferentes caminos en los que, desde que me quedé en paro hace 20 meses, estoy intentando reinventarme.
    Por un lado, poniendo en práctica lo aprendido en el último año de dedicación estudiosa en la preparación de una oposición para técnico de accesibilidad en el Museo Reina Sofía. Me he me propuesto analizar la sensibilidad y el compromiso social de un mundo tan complejo y diverso como es el del arte contemporáneo para con el colectivo de personas con diversidad funcional en Madrid. Las conclusiones definitivas del estudio ya están disponibles en http://www.arteaccesiblemadrid.com.
    Por otro lado, y buscando dar una salida comercial a otra de mis pasiones, el diseño gráfico; me he embarcado en la creación de una linea de logos para estampación en camisetas relacionados con temas de arquitectura, para la que he creado una tienda online. http://www.arquitecturaconmangas.weebly.com . En ella aparecen tanto diseños relativos a los grandes clásicos de la arquitectura contemporánea, como pequeñas reelaboraciones de arquitecturas hibridadas o reflexiones críticas sobre la situación actual de nuestra profesión.
    Porque, como decís en vuestro post, el futuro pasa por hacerse un hueco en los límites de la arquitectura y reinventarse desde la creatividad.

  4. Miguel

    Sabéis que soy ferviente devoto de la tecnología, pero sigo sin ver el “dawn of a new era” del que tanto habláis. Hoy he estado (por suerte) en visita de obra y el replanteo se sigue haciendo con cal.
    La meritocracia no me parece opción, creo que todos debemos tener las mismas posibilidades y es el único argumento que sigue justificando los concursos restringidos.
    Para nosotros, la única opción posible e incluso viable si no estuviera bloqueada por la filosofía anacrónica de los colegios profesionales es sacar la habilitación profesional fuera de las escuelas.
    Uno podría estudiar muchísimos tipos o especialidades de arquitectura, incluso la “total architect” que tantos seguimos realizando y creemos viable. Pero podrían aparecer arquitectos especialistas en instalaciones que “solo” estuvieran habilitados para hacer instalaciones y que formaran equipos con otros especialistas en estructuras.
    Esa vía estiraría tremendamente la profesión (ya escribimos mucho sobre eso), evitando las manidas polarizaciones en las que se está cayendo. No hay malos ni buenos arquitectos, ni nuevos o viejos, ni modelos obsoletos ni rompedores.

    Arquitectos, igual que personas en el mundo hay infinidad y la riqueza está en los matices y que todos encontremos nuestra forma de ser en el mundo.

  5. StepienyBarno

    Más allá de los títulos y de lo que nos exijan (casi siempre injustamente) en las bases de un concurso, están nuestras capacidades reales.
    La nueva era que nos toca vivir, por suerte, cada vez da más opciones a la meritocracia y menos a la titulitis. Aún así, es cierto que en muchos lugares seguirán valorando si has ejecutado más de tres obras de 1 millón de euros en los últimos tres años, de acuerdo; pero, hay otros lugares en los que no.

    Por ser arquitectos, evidentemente, no somos más que nadie, pero sí que tenemos cualidades particulares que nos hacen potentes en lo nuestro y que, bien usadas, creemos que también nos hacen fuertes en otros terrenos.
    Definitivamente, creemos que aunque, evidentemente, hay que seguir al pie del cañón en lo que queda del epicentro de la arquitectura, donde nos la jugamos es, precisamente, es su periferia.
    Pero bueno, es solo una opinión. Ah! Y gracias por vuestras aportaciones!

  6. Daniel – CCAD

    UGE…frente a lo que dices, una puntualización: Valemos para más cosas? Algunos, sin duda, seguro que sí. Pero no conviene generalizar.
    Para hacer otros papeles, hace falta formación. La adecuada. ¿Cómo podemos asegurar alegremente que valemos para muchas cosas si luego, cuando vamos a hacer un concurso, se nos pide experiencia porque no valoramos nuestro propio título para ejercer nuestra propia profesión? ¿Y pretendemos valer para otras cosas sin la formación adecuada? ¿Y nos quejamos de que otros, tras un “curso puente” puedan firmar proyectos?
    Otra cosa es que en otros países sí se valore lo que se ha estudiado en la carrera (que también es mejorable, pero eso es harina de otro costal) y se nos asignen papeles que aquí consideramos “tangenciales”, que es un eufemismo para decir “menores”.

  7. UGE Iberia

    Pensáis que ayuda al sector que los masters, post, licenciaturas sean tangenciales a la profesión? tales como diseño de noseque o estructuras o project manager de no se que obra?….para abrir el abanico de posibilidades cara al futuro laboral no se deberían impulsar masters perpendiculares a la profesión? Los arquitectos son gente creativa y que resuelve problemas, válidos por tanto para puestos de marketing, desarrollo de negocio en empresas, dirección, etc….pero impera el negativismo y la sensación de que no se puede hacer nada más…increíble la cantidad de compañeros que están marchando al extranjero

  8. Daniel – CCAD

    Miguel, yo el símil del sastre lo veo apropiado, no tanto por el tema de si son diseñadores o no, sino por el fondo de la cuestión: la adaptación a los cambios en el entorno.

    Lo que está claro es que esto ha cambiado mucho y ni la legislación nos permite adaptarnos como querríamos, ni la inercia del sector nos da la libertad, importancia, etc. que nos gustaría tener.
    Estoy, por otro lado, completamente de acuerdo contigo el tema de la autoría colectiva. Yo siempre he creído en el sistema piramidal, porque considero necesario un cierto nivel de jerarquía y orden para fijar objetivos y responsabilidades. Esto no implica que necesariamente la responsabilidad última tenga que caer sobre una sola cabeza, por un lado, y por otro cada nivel puede estar formado por individuos o colectivos, eso no importa. Y que haya jerarquía, no quiere decir que no se valoren ni se reconozcan a los estamentos intermedios o que no haya una cierta transversalidad. Pero tengo la sensación de que los sistemas horizontales al final acaban por fracasar. Entre otras cosas, porque tarde o temprano acaba por salirle a algún elemento la necesidad de llevar el agua a su molino.

  9. StepienyBarno

    Efectivamente, Miguel, lo que comentas de que “en arquitectura, y con la legislación actual, eso no funciona…” al respecto de la posible desaparición de autoría, es claro; por eso hablábamos en el artículo que lo que a nosotros nos gustaría es, en el momento actual, una utopía.
    Otra cosa es que nos gustaría que esta utopía no lo fuera pues nos parece del todo ilógico que algo que, en general, se hace entre muchos solo sea reconocido uno (para bien y para mal).

    Respecto a los sastres, quizás hayamos sido un tanto severos con ellos, y es cierto que hoy también existen aunque sea de otra forma. Lo importante para nosotros de esa idea es ver lo fácil que, en realidad, puede desaparece algo tal y como a día de hoy lo conocemos. A todo ello hay que sumar la velocidad de los nuevos tiempos y una crisis ya larga como pocas.

    Otro tema importante es el que apunta Dani, respecto a la figura del promotor. Si ya era un tema controvertido antes, ahora es de traca. Ciertamente, el margen en el que se mueve el arquitecto, por desgracia, a veces es muy pequeño.

  10. Miguel

    El símil del sastre no me parece nada acertado, un sastre no era/es un diseñador, y las modistas siguen existiendo, y más las modistas domésticas que te cosen un ralflaurén en un rato.
    Decir que la disolución de la autoría en estos momentos es inevitable me parece una afirmación falaz y carente de toda lógica. Me temo que somos los únicos profesionales creativos que se están empeñando en esto. Bueno, Anonymous también, si a ser hacker se le puede llamar ser profesional creativo.

    Para mi, una de las razones, entre otras, de la aparición de los colectivos y de esa “fantástica” disolución de la autoría viene dada por el miedo a la responsabilidad. Es “lo bueno” del “fuenteovejuna Señor”, pero en arquitectura, y con la legislación actual, eso no funciona…

    La Red y la Sociedad de la Información, si algo nos está dando es al recuperación de la individualidad dentro de la masa. Hay cien mil voces, pero no una voz de cien mil personas. Y eso es tremendamente rico y positivo.

  11. Daniel – CCAD

    El símil del sastre me ha dejado noqueado, por cercano y certero. El problema del arquitecto, en realidad, es que casi nunca es él quien ofrece el “producto arquitectónico”, sino que “le viene dado” por el promotor. Esto significa que somos muchos los que necesitamos cambiar el punto de vista.
    Quizá si empezamos a empujar con fuerza, hacemos una buena melèe y avanzamos en línea recta. De seguir así, avnazaremos en círculos, y eso siempre acaba en golpe de castigo.

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