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LAS FORTALEZAS DEL ARQUITECTO

PATOS EN STEPIENYBARNO

Hace tiempo nos comentaba un buen amigo nuestro que para él, los arquitectos éramos como patos. Estos animales son de aire, son de tierra y son de agua, todo lo hacen, aunque nada lo hacen excesivamente bien. Así que, esta curiosa comparación nos sirve de introducción para ver qué es lo que entendemos que hacemos o podemos llegar a hacer dentro de nuestra profesión.

Lo que está claro es que, en tiempos tan complejos e inciertos como estos, cada vez se tiende a hacer más tareas diferentes y acercarnos a los propios límites de la disciplina.

Martín Seligman es uno de los autores que más, y mejor,  han escrito sobre la corriente del positivismo. El psicólogo americano, ha profundizado en la búsqueda de las cualidades del ser humano. Para ello, ha ido estudiando distintos países, culturas, razas y buscando los nexos comunes entre ellas. De esta forma, fue detectando las fortalezas que cada uno de nosotros podemos tener y que son comunes a todos los seres humanos. Y al hacerlo, comprobó cómo cada una de ellas ayudaba a aumentar nuestro nivel de felicidad. Estas fortalezas eran exactamente 24, ni una más ni una menos. A su vez, Seligman comenta que aparentes fortalezas como “ser inteligente no aumentan necesariamente nuestra felicidad”, de hecho, pueden ir en nuestra propia contra y, por lo tanto, no ser una de las 24. Sin embargo, cualidades como el amor por la naturaleza, la honestidad o la creatividad, siempre nos llenan de satisfacción y, por lo tanto, sí que serán una de ellas.

Así que, con esta idea en la cabeza, nos preguntamos si los arquitectos, por el hecho de ser arquitectos, tenemos alguna fortaleza que nos diferencie del común de los mortales. Algo, que pueda ser un tesoro apreciado por la sociedad en estos complicados  tiempos que corren ¿Cómo lo veis? Igual nos estamos pasando, pero vamos a intentar ver algunas claves.

De momento, ponemos una idea encima de la mesa: la capacidad de trabajo. Durante la carrera al estudiante de arquitectura le meten tanta presión que se acostumbra a trabajar de sol a sol y sin levantar la voz ni por un segundo. No importa estar dos noches seguidas sin dormir (incluso somos capaces de pillarle el gusto), si la arquitectura está de por medio, todo vale.

Aunque hemos de reconocer que esta “cualidad”, no sabemos si es, realmente,  una fortaleza o, por el contrario, es  una cruz de la que luego otros arquitectos se aprovechan para tener estudios superproductivos. Sin ir más lejos, a la propia Zaha Haid se le puede oír decir  que veces una mesa puede servir para más de una función, como, por ejemplo, para que sus empleados puedan echar una cabezadita mientras trabajan a destajo en su estudio. Pero bueno, pensemos un poco más, alguna otra fortaleza seguro que tenemos…

Ciertos arquitectos tienen tendencia a jugar a ser una especie de “sabe lo todo” que les gusta hablar de cualquier cosa, menos de arquitectura. No todas las disciplinas tienen esta querencia que, por un lado, nuevamente, se puede ver como una fortaleza, y por otro, no tanto. La verdad es que es tentador coquetear con otras disciplinas, aprender cuatro cosas de cada una de ellas (porque como humanos que somos, no damos para más), enlazarlas con más o menos habilidad y nuevamente armar un discurso teórico. Desde ahí, se pueden llegar a territorios tremendamente fértiles, pero, a su vez, también quedar mareados por el camino, teniendo que hablar sin tener mucho que decir. No olvidemos que  el ego de los arquitectos suele jugar malas pasadas.

La realidad es que, estos nuevos e híbridos lenguajes, plagados de terminología ajena a nuestra disciplina, aun cuando el discurso sea realmente interesante, en ocasiones, resultan bastante complicados de entender. A veces, curiosamente, en nuestro mundillo se confunde la pedantería con la sabiduría. Quienes intentan traspasar este mensaje al gran público, siempre  juegan con la ventaja, que la gente, en general, da por sentado que cuando algo no se entiende, es porque el que escucha no está lo suficientemente preparado. Seguramente, sería más provechoso poner  en cuestión la capacidad didáctica de quien expone la “original idea”, sobre todo si lo hace con cierta contundencia, vehemencia y un sospechoso desenfado.

Y ahora, sí que sí. Por fin, hemos dado con una fortaleza que nos caracteriza como colectivo: la creatividad. Aquí no hay duda, es algo que nos hace fuertes y que nos ayuda a disfrutar con todo lo que hacemos. A su vez, es lo que nos diferencia en muchas ocasiones de otras profesiones que, digamos, son más técnicas.

Hace tiempo leíamos en el blog de Ecosistema Urbano, la cita de Markus Miessen, en la que venía a decir: “precisamente el hecho de ser no-expertos, es lo que los habilita a interactuar como profesionales amateurs. Sus actividades dispersas y la aplicación de conocimientos externos, les permite abordar los problemas de forma creativa, saltando escalas desde los objetos individuales hasta la planificación de áreas estratégicas”. Por lo tanto, si somos capaces de, además de ser creativos a la hora de trabajar, poner por delante toda nuestra creatividad al intentar conseguir nuevos encargos, quizás tengamos más opciones de sobrevivir.

Pero sigamos pensando… ¿Qué nos decís de la capacidad de colaborar en equipo? En la escuela se realizan infinidad de trabajos, que a diferencia de otras carreras, se realizan en equipo. Esto, además de ser el motivo de que sea la carrera con mayor número de parejas endogámicas de todas las que existen, hace que una vez fuera de la escuela el arquitecto tenga la mente lista para acoplarse, desde diferentes perspectivas (aunque siempre tendrá cierta tendencia a ser el jefe de la barraca), a equipos de trabajo. Como afirma Andrés Jaque, “ahora lo importante no es el tamaño de un estudio sino la capacidad de asociacionismo. Las redes sociales e Internet son muy importantes.”

Otra fortaleza, que tiene mucho que ver con la anterior, es la capacidad del arquitecto para tener una visión panorámica y global de diferentes partes de una misma estrategia de trabajo. A este respecto le hemos leído a Jaime Duró, “el arquitecto no es sólo un ingeniero de construcción, ni un puro estilista formalizador de ambientes y volúmenes, ni sólo un experto en adecuación funcional de espacios habitables. O es el integrador de todo, o no es arquitecto. Esa es la función que alguien tiene para que exista la arquitectura.”

La capacidad de ver el todo y no quedarse en las partes, es una cualidad que cada vez se valora más. Lo que está claro es que, el arquitecto tiene esta capacidad de relacionar temas muy variados y además hacerlo de una manera creativa. En este sentido ya apuntaba nuestro admirado, Alvar Aalto, “el arquitecto, siempre, busca una síntesis de contrarios. Todos los proyectos comprenden miles de decisiones, miles de factores, a veces contradictorios entre si y, a través de la arquitectura, el hombre tiene instrumentos para alcanzar la armonía entre ellos”. Esta capacidad, no nos habilita sólo para proyectar edificios, sino que, con mecanismos similares, podemos proyectar, en un momento dado,  la estructura de un evento o, por ejemplo, una página Web.

Por lo tanto, pensamos que, aunque el futuro está muy, muy negro, no es menos cierto que hace falta una actitud positiva para salir de esta complicada situación laboral que vive el mundo de la arquitectura y aprender un poco del bueno de Seligman. Hasta en las peores situaciones, siempre se puede sacar la parte positiva. Ya nos contareis si estáis de acuerdo con este repaso por las fortalezas del arquitecto o, incluso, si alguno de vosotros se anima a poner encima de la mesa alguna más.

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*Stepienybarno está formado por Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó. Nuestra actividad se sustenta en tres pilares básicos: la investigación, la publicación y la redacción de proyectos de arquitectura.

A su vez, somos socios cofundadores de SINERGIA SOSTENIBLE y redactores de LA CIUDAD VIVA.

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147 COMENTARIOS
  1. Valentina Pica

    Me parece muy interesante el análisis de lo que dice Alvar Aalto y también lo que aporta edorta (6 Sept 2011), sobre los contrarios que se asconden dentrás de aparentes virtudes. Siempre hay los opuestos prontos para tomar su sitio y las sombras detrás de la esquina en cada situación, como olas de tempestas. Para tener el timón y no irse del buen camino, creo que hay que escribir un manual de buenas prácticas, un plan de trabajo-negocio del estudio de arquitectura, y sobre todo, cultivar cada día las facultades mentales y caracteriales de fortaleza (24) visualizándola y recordando que el verdadero éxito prevee la aplicación diaria de dichas habilidades. La realidad es una jungla continua, hay que tener el ritmo de eficencia y además medir el tiempo, liderar con nuestras debilidades, en fin, hay que cultivar la planta de nuestro jardín pese al mal tiempo y a la dura tierra, que a veces parece que no dá brotes. La verdad es que, en la materialidad, energias negativas y vitales van unidas, y cultivar los valores humanos y del espíritu ayuda a poder con ello sin dejar el reto en el camino.

  2. LuisMarín

    Una vez leido el texto, creo que se han descrito de manera adecuada muchos puntos que cualquiera podría llegar a enumerar si le preguntaran: ¿Quién es un arquitecto?
    Lo malo de esto es que estos puntos responden simultáneamente a otra inquietante pregunta: ¿Qué ha llevado al arquitecto a la situación actual?
    Con esto quiero decir, que es evidente que el “saco” especulativo de la construcción “al por mayor” que se estaba realizando tenía que romper en algún momento (eso era evidente), pero, ¿por qué al arquitecto le ha cogido tan a destiempo? ¿por qué, si es tan creativo, no se ha anticipado? ¿por qué aun no ha sabido encontrar una salida eficaz al grave problema que tenemos?

    Muchas de las respuestas se autoresponden leyendo estos puntos, y es que, si el arquitecto disponia de todas estas virtudes, ¿por qué no han podido con todos los problemas? Quizás es porque falta algo, falta un nuevo punto que nos vuelva a hacer ser necesarios, destacar. Ahora un arquitecto debe ser algo más que todo eso.
    Me gusta mucho el concepto de oficio. Muchos de los rasgos característicos que tenemos son muy abstractos (cuánto nos gusta la abstracción), son incluso aspectos teóricos; ¿dónde está la práctica?
    Ha llegado el momento de utilizar nuestra creatividad, nuestro amplio abanico de conocimientos, nuestra capacidad de tabajar en equipo, nuestra labia y agilidad mental, y sobretodo, nuestra capacidad de trabjo ininterrumpido, para salir del bache. Tiremos de oficio.
    Señor arquitecto, ha llegado el momento de bajar de la nube, remangarse, y ponerse a sacar partido de todos esos rasgos descriptivos que tenemos, para hacernos valer en estos momentos. Hay que ponerse “manos a la obra”.

  3. miguel serrano

    En una primera lectura del texto, todo me pareció creíble e incluso divertido, pero leyéndolo más despacio me di cuenta como seguimos siendo nosotros mismos los que arruinamos nuestra profesión.

    Capacidad de trabajo: Somos capaces de trabajar todas las horas del día, y, finalmente, cobramos una cantidad por un proyecto hecho en un par de meses, que nos lleva a pensar que es un chollo esto de ser arquitecto, hasta que contamos los gastos que hemos tenido, y el montón de horas que hemos dedicado, hacemos la división y no encontramos profesiones en las que se cobre menos por hora (al menos en nuestra sociedad desarrollada).
    Por lo tanto, esto no es una fortaleza, es una ruina. Y además después todo nuestro esfuerzo no sirve para nada, por que el “fantástico proyecto” que parimos se desbarata en una desastrosa obra.

    “Sabelotodos”: esto es una realidad, tenemos una formación muy extensa, que en vez centrarse durante nuestra vida laboral con una buscada especialización, se va extendiendo más y más para dar respuesta a los encargos que nos van llegando, sin tener mucha posibilidad de elegir (de algo hay que vivir). Quizás deberíamos ser más modestos y centrarnos más, ser más eficientes. Por lo tanto, esta supuesta fortaleza, como no trabajamos consecuentemente con ella se dilapida.

    Colaborar en equipo: creo que no somos capaces de colaborar en equipos, en estos momento que deberíamos estar incursos en un proceso de fusiones (sí… como los bancos) para mejorar nuestra eficacia y eficiencia, con otros arquitectos y otros profesionales y especialistas, estamos volviendo al arquitecto artesano (yo me lo guiso, y me lo como) porque no estamos dispuestos a delegar algunas tareas en otros.

    La creatividad: habría que definir que es esto, porque lo que ha salido en las revistas los últimos años a lo mejor solo es fantasía, y por lo tanto deja de ser una fortaleza, para ser nuestra perdición (la pérdida de consideración por parte de la sociedad: si nadie lo entiende será por algo).

    Bueno siento ser tan negativo.

    Creo que lo que si podemos hacer es poner a disposición de la sociedad nuestra capacidad para mejorar las ideas de otros (en la creación y reforma del habitat), eso si cobrando esa tarea asesora, y no pensar tanto en nuestro proyecto, el proyecto es del que nos requiere nuestro trabajo, nosotros solo le podemos ayudar a llevarlo a cabo más satisfactoriamente.

    Un saludo.

  4. Diego

    Unos comentarios.
    1º. En estos precisos momentos dudo que alguien tenga claro (realmente, no de boquilla) no ya los límites de la disciplina, sino de qué va la cosa.
    2º. El propio origen del arquitecto, y bien expuesto por Vitruvio, es el de la interdisciplinaridad misma. La tarea del arquitecto es hacerlo casar todo de la mejor forma posible.
    3º. Hablando de interferir con otras disciplinas, digo yo que el análisis de un colectivo social es cosa de antropólogos y sicólogos. Lo demás es opinión; y de la opinión al hecho hay mucho trecho.

  5. Merxe

    Con esto de pensar en imágenes que tenemos los arquitectos, he de confesar que cuando leo “arquitecto” la primera imagen que me viene, en vez que sea una regla, el modulor o algo así, me viene un malabarista.
    Sí, sí, el tío ese del circo que va vestido de rayas y con tirantes (muy moderno, claro!) y que tiene un montón de pelotas que tiene que controlar todas a la vez para que no se le vaya de bareta el numerito…
    En mi opinión, es algo que se adquiere o mejora (algunos lo llevan de serie) con la formación de arquitecto. Y no me refiero al hecho de hacer malabares (que alguna noche de proyectos interminable todos hemos intentado…), sino a la capacidad de controlarlo todo y llevarlo a la vez. Gracias a eso, soy una excelente organizadora de fiestas! De algo tenía que servirme la carrera…XD

  6. Ricardo

    Sin duda, un gran intento de poner de manifiesto para qué puede servir el arquitecto en este nuevo siglo. Aunque no comulgo con la idea de “sabe lo todo”, porque como indicáis, puede derivar y asociarse con el ego. No pienso que eso sea una fortaleza en sí misma.
    Sin embargo, creo se puede ligar más a la última capacidad que nombráis, que podría llamarse “orquestar”, siendo ésta la habilidad de saber ver el todo y las partes, y además dirigirlo. Con lo cual obliga a tener que saber de bastantes materias.

    Realmente habéis sacado un gran/importante tema a debate, donde creo subyace otra pregunta: ¿Para qué sirve el arquitecto realmente hoy día?
    No entiendo como no hay más comentarios por aquí 🙂

  7. edorta

    Me parece muy difícil aislar cualidades e identificarlas como “fortalezas” en términos absolutos. Sobretodo cuando el criterio es el la obtención de un “aumento en nuestra felicidad”. Tendré que leer a Seligman, porque a mi no se me ocurre ninguna.
    Las “fortalezas” del arquitecto, y de cualquier ser humano, están inevitablemente ligadas a sus debilidades o, en muchos casos, son las propias debilidades “maquilladas”.
    El caso de “la capacidad de trabajo” es especialmente curioso. Probando a “desmaquillar” tal virtud se me ocurren: “Ineficiencia”, “Incapacidad de jerarquizar, ordenar o priorizar tareas”, “Incapacidad para medir el tiempo” (curiosamente “virtudes” muy ligadas al hemisferio derecho de nuestro cerebro, ése tan “creativo”).
    Llegamos a la madre del cordero, la creatividad. Me encanta que hayáis citado un ejercicio de “maestría maquilladora” con el que Markus Miessen convierte la falta de experiencia en “fortaleza”. ¡¡¡Yujuuu!!! (el positivismo funciona).
    La creatividad es el arma más mortífera del arquitecto (incluso más peligrosa que la nula capacidad para el cálculo de estructuras con el que amenazamos algunos). Confiesa a promotores, constructores y ciudadanos de a pie que “eres creativo” y verás como se echan a temblar… estarán encantados de que les diseñes una camiseta, eso sí.
    Yo creo que la sociedad nos reclama oficio.

    Mucho me temo que los que poseemos o admiramos la creatividad estamos condenados a aplicarla con disimulo.
    Y no sé si eso me acaba de hacer feliz.

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