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Blog de STEPIEN Y BARNO – publicación digital sobre arquitectura
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TERMINÉ. YA SOY ARQUITECTO… ¿Y AHORA QUÉ?

 

seattlepi.com John Morefield Fotografía jim Bryant Seattle Post-Intelligencer en stepienybarno 500

John Morefield, arquitecto. Fotografía: Jim Bryant/Seattle Post-Intelligencer / SL

 

El otro día hablábamos con el hijo de un buen amigo y a la pregunta sobre qué le gustaría ser de mayor, el niño respondió sin ningún tipo de titubeo: ¡Arquitecto! Con 4 años está muy bien tener las cosas claras, aunque es evidente que, en este caso, la inocencia es atrevida. Si ya eres un recién titulado, a muchos de los temas a los que a continuación trataremos, ya te habrás enfrentado con ellos cara a cara. Si estás en la escuela no tenemos claro como verás nuestras palabras y si acabas de empezar o estás pensando estudiar arquitectura, ojalá no seamos nosotros los que te desanimemos de tan arriesgada decisión.

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Hace unos días, Julen Asua, uno de los dos responsables del estupendo blog de Multido, nos dejaba un interesante comentario en el blog, del que rescatamos la siguiente reflexión,

“No hay buenos profesores porque no saben a lo que se dedican ni tienen idea de cómo promover en el alumno las “ganas y la ilusión” por aprender (…) No hay buenos profesores porque no emocionan, ni ilusionan, ni saben despertar las ganas del alumno para equivocarse… para fallar… para arriesgar… para acertar… y en la escuela para qué hablar… Las aulas no son instrumentos para que profesores con problemas de autoestima humillen a un alumno que no sigue sus directrices al pie de la letra… Las aulas no son un juego. Las aulas son el futuro de la profesión… y del mundo…

Palabras con las que, desde Stepienybarno, no podemos estar más de acuerdo. Las escuelas de arquitectura tienen una responsabilidad mucho mayor de lo que pudiera parecer y es una gran irresponsabilidad que no se asuman una serie de cambios más que necesarios. Los estudiantes entregan muchos años de su vida como para no recibir una formación mejor a cambio. Por ello,  hoy nos gustaría centrarnos en qué ocurre cuando se produce el  deseado y, a  la vez, temido momento del desembarco en el mundo profesional.

¿Hasta qué punto el joven arquitecto está realmente formado o, en vez de ello, queda  en manos del destino? Una vez que el alumno termina  la carrera de arquitectura, a uno se le queda la sensación de que acaba de subir diez puertos de alta montaña seguidos. Los cinco intensos años de formación, en muchos casos, solo son un prólogo de la gran odisea en la que se puede convertir el PFC (proyecto fin de carrera). Gente que ha ido estupendamente bien durante toda la carrera, de repente, el Proyecto final se le atraganta y se pasan dos o tres años de de su vida sufriendo lo indecible. Otros, por las ganas de hacerlo bien, decidan el mismo tiempo, pero esta vez sin tanto sufrimiento.

Suele ser un final de la vida académica un tanto ingrato, pues exige mucha dedicación y, normalmente, en bastante soledad. Cada escuela tiene diferentes planteamientos, en algunas se puede corregir prácticamente cada semana con sus profesores, mientras que en otras, el proyecto será juzgado sin haber tenido prácticamente ninguna corrección. Lo que está claro es que, en muchos casos, los alumnos no acaban excesivamente contentos de este último envite universitario.

Pero, estaría bien plantearnos qué es lo que ocurre hoy día cuando se ha conseguido la gran machada, cuando ya se es arquitecto y con toda la ilusión del mundo se desembarca en el “mundo real”. No olvidemos que la mayoría de las universidades no dejan de ser una gran burbuja en la que se habla de arquitectura, pero no se explica qué es lo que  significa ser arquitecto o, por lo menos, no se habla demasiado en los términos que a continuación analizaremos.

Lo primero que quisiéramos poner encima de la mesa, es que no tiene nada que ver haber acabado Arquitectura en los dos últimos años o haberlo hecho hace seis o siete. En igualdad de condiciones, para aquellos que terminamos antes todo ha sido mucho más fácil. Evidentemente, la situación no era tampoco ideal, pero en comparación a la actual había muchas posibilidades laborares. A día de hoy, creemos que el alumno, salvo rara excepción, desembarca en la práctica profesional de la arquitectura con poca ilusión y siendo bien consciente de la precariedad del sector. Si por lo que sea el exalumno no es muy consciente de la cruda realidad, en cuatro días se dará cuenta de que esto no es el mundo idílico que se le presentó en la Universidad.

También nos gustaría destacar que, para los pocos que tengan la suerte de poder redactar un proyecto de ejecución, éstos tienen la manía de tener normativa, presupuesto y cliente. Sí, sí, son de esos que de los que tan poco se habla durante los años de escuela, pero que en la vida real, nadie nos librará. Ya no habrá un mes para pensar la idea, ni, seguramente, dará tiempo de hacer dos o tres maquetas, ni las ideas rocambolescas que han ido colando durante toda la carrera, aquí tendrán mucho peso.

Sin negar que, lo más importante de cada proyecto seguirá siendo la idea que lo genere, ahora aparecerán un sinfín de acontecimientos que harán que ese proyecto llegue a tener cierto cuerpo o se quede en agua de borrajas. Por suerte o por desgracia, los  honorarios, certificaciones y  plazos de entrega pasarán a un primer plano. Nos gusté o no, somos parte del mundo empresarial, aunque parece que tenemos cierta tendencia a olvidarnos de ello. A pesar de ser arquitectos, tenemos que hacer el IVA, contratos (cuanto mejor redactados mejor) e incluso alguna retención que otra.

No suena tan excitante como hablar de luz, medida y espacio, pero es necesario ponerse al día de estos menesteres. Un estudio de arquitectura es una empresa (quizás con ciertas peculiaridades, pero una empresa, al fin y al cabo), pero por una razón u otra, parece que en muchas escuelas de arquitectura no interesa hablar de esta realidad.

Quizás sea el miedo de que  más de uno se desapunte antes de empezar.

Esto solo han sido algunas pinceladas sobre este determinante momento de la llegada al mundo laboral de la arquitectura. Pero, a buen seguro, a vosotros se os ocurrirán un montón de temas igual de importantes o más que los que hemos señalado.

Autores de la entrada: Stepienybarno

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* Este artículo ha sido escrito con carácter divulgativo y sin ningún tipo de ánimo de lucro. Así que si te apetece compartirlo en cualquier otro medio, estaremos encantados de que lo hagas siempre y cuando cites el lugar donde lo has encontrado.

*Stepienybarno está formado por Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó. Nuestra actividad se sustenta en tres pilares básicos: la investigación, la publicación y la redacción de proyectos de arquitectura.

A su vez, somos socios cofundadores de SINERGIA SOSTENIBLE y redactores de LA CIUDAD VIVA.

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10 COMENTARIOS
  1. luis tomas beramendi cardenas

    buenas noches amigo.
    mi comentario se da desde la ciudad de Huancayo Peru y honestamente comparto hasta cierto grado todo lo escrito.
    no soy arquitecto porque a mis 35 años aun no he logrado titularme, mucho menos no tengo maestrías ni doctorados.
    Pero de la universidad solo tengo dos buenos recuerdos. la primera es mi fuerza como muchos para lograr una vacante en una universidad pública, la segunda es vivir una constante imaginación de lo que el hombre pudiera ser capaz de hacer a través de la arquitectura.
    pero hoy después de de 9 años de egresado me queda claro que solo hay una universidad donde uno aprende todos los grados de la arquitectura y ES LA REALIDAD, y para entenderla solo necesitamos abrir los ojos y la mente tan grandes como se pueda y a partir de ese punto trabajar bajo la reflexión.
    saludos hasta pronto.

  2. Dani

    Si las Escuelas de Arquitectura producen profesionales que acaban en el INEM, ¿para qué sirve ir a la Escuela de Arquitectura? ¿Qué enseñan realmente? ¿Pajas mentales?
    Si la arquitectura fuera un servicio social como dicen muchos chachicompis ¿por qué debería la sociedad mandarnos al paro? ¿No será que nuestro servicio social le importa un pito a la sociedad?
    ¿A alguien le importa que miles de personas malgasten sus mejores años en intentar agradar a viejos carcas con problemas de autoestima y tendencia al sadismo?
    ¿A santo de qué viene el rollo este de “si te estás cagando en el p*to día que se ocurrió matricularte en la Escuela, es que no lo llevas en la sangre”?
    Pero si finalmente aceptamos que esos años fueron una pesadilla que es mejor olvidar, años tirados a la basura, un título que sirve menos que un pedazo de papel de vater, ¿qué hacemos ahora?

  3. David Rodado

    Creo que es un tema interesantísimo y muy de actualidad, además está cargado de matices que engloban muchas áreas (Arquitectura, docencia, situación laboral, etc.)

    Voy a empezar con una anécdota curiosa que me pasó creo que fue el segundo año de carrera (ahora ya van cinco), estando en una de las copísterias más famosas de Málaga ploteando un trabajo, un joven arquitecto nos dijo ‘hay que ver, seguro que lleváis toda la noche trabajando para entregar el proyecto y pensáis que ya dormiréis cuando acabéis la carrera y estéis trabajando, pues nada de eso, luego dormiréis lo mismo o menos’… fue un gran mazazo para los que nos encontrábamos allí, ingenuos de nosotros pensábamos que acabar la carrera era como entrar el Edén, ahora que uno ya se encuentra más cerca del final que del inicio me doy cuenta de que aquel hombre tenia razón.

    Una vez dicho esto, y entrando un poco más en el tema, es cierto que mucho de ese desconocimiento viene por la falta de claridad y de poner los pies en la tierra que existe en las escuelas, en las que por parte de la mayoría del profesorado de proyectos se nos pone a los alumnos en la tesitura de competir entre nosotros para ver quien maneja mejor el ‘tontoshop’ y quien hace el proyecto más espectacular, para acabar premiando las copias de las revistas de moda…eso si, de arquitectura de verdad, de la que se construye ladrillo sobre ladrillo y no con renderizados, poco poco.

    Algunos profesores nos tachan a los alumnos de conformistas para atajar estas situaciones, pero no pidamos a un alumno de primer o segundo curso que contradiga a todo un profesor universitario y señor arquitecto porque es imposible, quizás muchos se olvidan de dos premisas claras en el mundo de la docencia, la primera es que la universidad es ‘por y para los alumnos’ y no para aumentar el curriculum de ningún arquitecto y segundo, se puede ser un magnífico arquitecto pero un nefasto profesor.

    Es curioso también , y haciendo referencia a esa competición ‘tontoshopera’ entre alumnos por crear la mejor imagen y no el mejor proyecto, el hecho de que en nuestra escuela (no sé si en las demás será así, pero seguro muy parecido) el lugar para las ofertas de prácticas en empresa queda relegado a un rincón de un tablón, en el suele haber 4 o 5 ofertas en las que siempre se repiten los mismos requisitos: “haber superado taller 8 como mínimo o ser alumno de PFC” “tener conocimientos en infografías y CAD 3d” y el objetivo de la mayor parte de ofertas es colaborar en finales de concursos…. esto es, lo que se busca en los alumnos de hoy es, que hayan superado proyectos, da igual tu nivel de construcción, de instalaciones, de estructuras, etc o de crítica arquitectónica, y saber producir imágenes seductoras de proyectos…¿Debería hacernos esto reflexionar?

    El año pasado, en la Semana Cultural de la e.A.M’ nos visitó un joven arquitecto que se llama David Moreno, que trabaja junto a Alberto Merchán, si no me equivoco los dos de Sevilla, casi recién salidos de la escuela, fue la conferencia mas impactante de todas para la gran mayoría porque vino a contarnos “El otro lado, lo que nadie os viene a contar en sus conferencias. No os voy a hablar de proyectos seleccionados de concursos, premios, etc. Os voy a hablar de la realidad de cuando uno sale a la calle, de las cagadas que cometemos por todas esas cosas que nadie nos ha enseñado en los 5 años de carrera”, sin duda fue la mejor conferencia para mí de ese ciclo y para muchos, por algo será….

  4. maria

    Nada que decir, teneis toda la razón…Normativa, presupuesto, Cype y tantas cosas que se quedan en el tintero ¿Por qué? Pues debe interesar salir “super verde” para tirarte después de acabar años de becario (con suerte) hasta que aprendas todo lo que debiste haber aprendido en la escuela…que para eso estaba!

    Habeis tocado la tecla…os felicito!

  5. alezumen

    Buenas tardes.

    Me siento completamente retratado en estas líneas, estudiante de Arquitectura a falta de PFC, 7 u 8 (no estoy muy seguro) puertos de alta montaña ascendidos, un año en el extranjero, tres meses de prácticas en una estudio…
    Hablando con amigos que han terminado, otras ingenierías, me comentan que se encuentran completamente perdidos a la hora de afrontar cualquier trabajo y que solo trabajando es cuando empiezan a aprender la profesión. Durante mis meses de prácticas, me dio la sensación que si bien, casi todos los aspectos técnicos se me escapan, sí que estoy preparado para ofrecer soluciones de diseño o por lo menos ser útil en ciertos aspectos.

    Todo esto no quita que me entren sudores fríos cuando pienso en afrontar la memoria técnica de mi PFC, o diseñar las instalaciones según el CTE, o calcular cierto tipo de estructuras…

    Estoy completamente de acuerdo en que un estudio de Arquitectura no deja de ser una empresa y, como tal, hay que saber dirigirla.

  6. StepienyBarno

    Como bien dicen ArkneX y Miguel, la clave está en sacar la ilusión de donde sea. Esto, o se “lleva en la sangre” o es mejor dedicarse a cualquier otra cosa. Todo está más negro que el carbón, pero no por ello nos podemos venir abajo.
    Seguramente, tiene razón letraLoggia, en que no se puede “descontextualizar” el tema de la enseñanza del paquete completo de lo que significa ser arquitecto. Hoy más que nunca debiera haber una correspondencia directa entre lo que pasa en el mundo laboral y en la propia universidad. Desde ahí, estamos de acuerdo con JLZ2, se tendrá que apostar por el “trabajo en equipo” como la mejor arma anti-ego que tenemos entre manos.
    Quizás el discurso sea demasiado negativo. A veces, nos da miedo confundir realismo con pesimismo, pero la verdad es que es complicado ver los rayos de luz (que los hay) entre tanta penuria. De todas formas, nosotros prometemos intentar ser más positivos en próximas entregas.
    Mil gracias a todos por tantas visitas que ha tenido la entrada y por los comentarios.

  7. Miguel Chica

    Pues un tema interesantísimo y de candente actualidad…tan triste como cierto!!

    Así estamos y no sabemos dónde quedó la ilusión con la que salimos de la escuela; cada vez más perdida por nuevos ex-alumnos (esperando el título para ir al INEM… qué desastre; o a “prostituirse”, arquitectónicamente hablando).
    En fin, sólo queda resistir estos tiempos difíciles y guardar un poquito de ilusión y buena arquitectura para sacarla al llegar mejor época; aunque…quién sabe hacia dónde vamos??

    Un abrazo pareja!!! ;D

  8. LetraLoggia

    Hola,
    Como siempre, gran tema a tratar, deudor de alguno que ya habéis planteado anteriormente.

    Y es que éste es un tema CAPITAL. Si queremos buscar una salida a la situación no sólo de la profesión, sino a la situación de lo que supone la Arquitectura en su acepción cultural, social e histórica, esto debe cambiar. Yo sigo encuadrando el problema en un ámbito mucho mayor que el de la docencia o el del capital cultural o técnico.

    En el caso de las escuelas de Arquitectura, a mi juicio:

    1) Vinculación del mundo universitario al mundo laboral mediante practicas que EXPLIQUEN Y PERMITAN EXPERIMENTAR ese trabajo del arquitecto día a día, esa normativa, presupuesto y cliente que mencionáis. Y estas prácticas, cuanto antes, en mitad de la carrera o un poco antes, nada de durante el PFC o en últimos cursos.

    2) Hay un aspecto que a mí me parece cada vez más relevante en cuanto al cuerpo docente de la Arquitectura, y es el abismo existente entre las instituciones que forman a quienes firman proyectos y/o dirigen obras por un lado, y las instituciones docentes que forman a quienes ejecutan las obras, por otro. Es de locos que yo no sepa cómo funciona una contrata, o que no haya hablado con un gruísta o con un fontanero en mi vida, cuando es a quien voy a tener que pedir que me construya mis dibujos. Esta industria está herida de muerte, y la formación en Construcción hay que planteársela como integral, sinceramente, no entiendo por qué no pueden fundirse más las enseñanzas a los gremios y las enseñanzas a los técnicos (ambas hoy en crisis absoluta y período de cambio,¡es el momento!). La recuperación de la industria no se va a conseguir con un mercado hiperliberalizado en el que la única víctima de la guerra de precios es la calidad de la construcción. Yo apostaría por compartir escuelas, o materias concretas (construcción, instalaciones, mediciones), o incluso proyectos, y ello exige desde luego una enseñanza reglada para todos. Esto, que ya se va haciendo poco a poco, sigue siendo algo impensable en muchas escuelas, me temo.

    3) Exigencia y rigor en los procesos selectivos que facultan para la docencia. Es un escándalo, al menos en mi experiencia, comprobar cómo los responsables de impartir materias tan especializadas – o que deberían serlo – son personas apagadas, en muchos casos cicateras en sus apreciaciones, con un recorrido profesional o investigador mal asentado y pero dirigido como para transmitir conocimientos, y con una visión de la profesión anclada en patrones basados en un “ordeno y mando por ley divina” que es el mismo que ha alejado a la profesión de la sociedad. Y honestamente, creo que todos estamos ya hoy suficientemente preocupados como para aceptar estas condiciones y sobre todo, para ser honrados al vigilarlas.

    Nos jugamos demasiado.

    Es mi opinión. ¡Un saludo!

  9. JLZ2

    Se nos ha olvidado que uno de los lastres más importantes para la profesión ha sido el propio arquitecto. Aunque nos cueste aceptarlo, los arquitectos son uno de los gremios donde existe poco o nulo compañerismo, y en los que más cuesta aceptar las ideas ajenas. Es muy difícil hacer equipo y empresa ya que la “cuestión de ego” sale a relucir en demasiadas ocasiones. A ello ha contribuido la actitud de ciertos profesores y revistas que han ido elaborando una realidad arquitectónica paralela como si de un “salvame deluxe” se tratara, y al que fácilmente cualquier chaval quiere aspirar.

    En cuanto a la educación hay muchas universidades que se han convertido en el refugio de demasiados profesores. Por otro lado, se da mucho el caso de “si mi hijo quiere ser arquitecto, lo será cueste lo que cueste”…repito lo de “cueste lo que cueste”. Lo siento pero no todos pueden estudiar todo.

    En junio hará 11 años que llevo en la profesión y he de decir que he tenido la suerte de acabar la carrera cuando todavía no existía la masificación ni la crisis económica actual. Para todos aquellos que acaban la carrera ahora mi consejo aunque pesimista, resume lo que me hubiera gustado hacer a mí hace ya unos años: os recomiendo viajar al extranjero y recorrer mundo, aprender fuera lo que no os han enseñado dentro, llamar a las puertas de cualquier estudio y adquirir la experiencia que podáis.

    Un arquitecto no se hace con una carrera sino con las ganas de serlo.

  10. ArkneX

    Vivimos en una sociedad en la que se premia lo inmediato, lo mediocre, y se desprecia constantemente el esfuerzo y la constancia. La profesión del Arquitecto no iba a ser menos, y no se valora realmente el enorme esfuerzo y sacrificio que hay que realizar para poder acabar una carrera que de poco te sirve en cuanto pisas el suelo profesional.
    Al salir te das cuenta que te han hecho perder en gran medida un tiempo que podías haber dedicado a convertirte realmente en un profesional antes de salir al mercado laboral, lleno de actividades que no aportan nada, desenfocadas y alejadas de la realidad.

    Los arquitectos de ahora estamos condenados a aprender por nuestra cuenta lo que debieron enseñarte otros, lo hemos intuido a lo largo de la carrera porque el 90% no sabe/quiere aportarte ilusión y lo constatamos en la vida profesional en la que incluso nuestros peores enemigos siguen siendo los mismos que se hacen llamar compañeros.

    Ahora más que nunca quien a pesar de todo sigue queriendo ser Arquitecto, es que realmente lo lleva en la sangre por pura vocación, incluso sabiendo que nadie sabe ya definir para qué sirve un arquitecto en el mundo en que nos ha tocado vivir. Es la dura realidad, pero a pesar de todo sigo queriendo ser Arquitecto, sigo queriendo ser lo que soy desde que tengo uso de razón y nadie va a conseguir cambiar esto.

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