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9 Comentarios

ARQUITECTO Y CLIENTE 3/3

 

Adolf Loos casa

 

En la mayoría de las relaciones comerciales, el cliente siempre tiene la razón. Esta afirmación aplicada a la relación arquitecto – cliente, para unos puede parecer  evidente  y para otros no tanto. Así que quizás estaría bien pararnos a analizar que ocurre con esta rotunda frase dentro del mundo de la arquitectura.

 

 

Adolf Loos contaba una historia sobre un pobre hombre rico que era víctima del despotismo de su arquitecto. Uno de los pasajes venía decir,

 

“«Pero, ¿qué zapatillas lleva usted?», preguntó el arquitecto.

El dueño de la casa miró sus zapatillas bordadas. Luego respiró aliviado. Esta vez no tenía culpa en absoluto. Las zapatillas habían sido realizadas según el proyecto original del arquitecto. Por ello, contestó con aire de superioridad:
“¡Pero, señor arquitecto! ¿Ha olvidado que usted diseñó estas zapatillas?”
«Cierto», bramó el arquitecto, «¡pero para el dormitorio! En esta habitación destroza usted con estas dos manchas de color toda la armonía que en ella existe. ¿No se da cuenta?”

 

Esta asimetría que se produce en algunas relaciones entre arquitecto y cliente, no es la adecuada conexión que se debería producir entre ambos. En el debate abierto de los comentarios que se han vertido en la segunda entrega del lunes pasado, mucho se ha hablado de este tipo de relación y esa comparación con el médico – paciente. La confianza y el  respeto serán los antídotos perfectos para evitar esa asimetría y marcar dónde y cuándo acaba la labor del arquitecto. Este límite no está tan claro como pudiera parecer, sino más bien es todo lo contrario, es bien difuso y dependerá en gran medida de la buena voluntad de ambas partes. Dependiendo de cómo sea esta interacción  la obra se desarrollará de una forma u otra. Son múltiples los casos en los que el  cliente privado encarga su  casa ideal al arquitecto de turno y este le proyecta un castillo de naipes, ya que conforme el cliente se va dando cuenta cómo crece su vivienda vivienda, ve que ésta no se corresponde a esos sueños iniciales.

Las razones suelen ser bien sencillas; el proyecto no se ajustaba a las necesidades reales del cliente, estas necesidades han podido realmente cambiar desde que se hizo el proyecto o bien el cliente  no se había hecho una idea correcta de lo que en realidad iba a ser su futura casa.

En cualquiera de los casos cuando el propietario empieza a ver la estructura en pie y la albañilería está a punto de entrar en acción, es cuando se pueden empezar a producir los primeros cambios sobre el proyecto. Muchas veces es ahí donde el cliente empieza a ver que no hay un sitio lógico para colocar su televisión, que el sofá recién comprado no le entra por ningún sitio, o que la cocina integrada en el salón ya no la ve tan claro como en los planos.

Así que, es posible que los tabiques se empiecen a mover diez centímetros por aquí, quince por allá, o que  los puntos de luz y enchufes se desplacen como si tuvieran vida propia (como diría Siza). A pesar de que se había hablado de que las paredes del salón serían de un blanco impoluto, muchas veces durante la obra el cliente se anima a darle un color magenta por aquí y un verde pistacho por allá. Pero claro, ¿realmente es justo que el propietario no pueda pintar su casa como le de la gana?

La culpa de este tipo de situaciones, en realidad no es ni de un bando ni  de otro. De hecho lo ideal sería no ver la obra desde esa perspectiva, sino desde el ángulo de que todos forman parte del mismo equipo, con un único objetivo, y que no es otro que hacer la mejor casa posible. Cuando el cliente actúa a su aire, en muchos casos solo es el resultado de que el arquitecto no ha sabido ganarse su confianza. Como no se cansa de insistir Lucien Kroll “acercándose a las personas, estando con ellas (sin considerarnos diferentes de ellos), entendiéndolas, escuchándolas, se aprende mucho. Se trata de entenderles y comprenderles honestamente, y no de oír sólo lo que se quiere oír”. A ello hay que añadir que en muchos casos estas “sorderas arquitectónicas” provocan  indefiniciones en el proyecto, pues  no se destinó el tiempo y voluntad necesaria para su correcta definición.

 

Pero claro, la obra lleva su ritmo y el hacer cambios no es tarea fácil, porque todo suele tener muchas más repercusiones de las que pudieran parecer en un primer momento. El ritmo de la obra es el que es,  y variarlo de forma sustancial, normalmente sólo trae grandes pérdidas económicas, retrasos y errores de organización. No obstante no es difícil recordar casos donde estos cambios han llevado a construir las mejores obras de arquitectura, como es el caso de nuestra queridísima Villa Mairea de Alvar Aalto, que con los cimientos ya ejecutados se produjo una modificación absoluta del proyecto, y en un tiempo record se dibujo todo para continuar la obra prácticamente sin imprevistos y  con un resultado final inmejorable. Pero no nos olvidemos de que estamos hablando del gran Alvar Aalto y quizás sea mejor considerar a Villa Mairea como la excepción que confirma la regla, más que el ejemplo a seguir por todos.

 

Visto lo visto, después de esta trilogía nosotros seguimos sin tener del todo claro donde están estos límites de los que os hemos venido hablando, pero sí que cada vez somos más conscientes de que lo único que garantiza una fluida relación entre arquitecto y cliente es la confianza y el respeto.

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9 COMENTARIOS
  1. electricistas barcelona

    ARQUITECTO Y CLIENTE 3/3 | STEPIEN Y BARNO , es interesante, desde que os recibo no puedo parar de mirar todas vuestras sugerencias y me alegra cuando recibo uno más, sois lo mejor en español, me encata vuestra presentación y el curre que hay detrás. Un beso y abrazo,GRACIAS POR VUESTRO TRABAJO, nos alegrais la vida.

  2. Conrado

    Totalmente de acuerdo. Ingredientes primordiales para que la relación del arquitecto y cliente fructifique en un buen proyecto y su correcta ejecución son la confianza y el respeto mutuos, una actitud flexible y de apertura de ideas prefijadas por parte de los dos, y el tiempo suficiente y el ritmo idóneo para que se cree este ambiente de trabajo.

  3. JMER73

    Magnifico como siempre!.

    El texto de Loos es de “Ornamento y Delito”? (Suena mucho mejor en original, “Ornament und Verbrechen”, es oirlo y darme ganas de agarrar un bazoka y liarme contra unas cuantas balaustradas de escayola…

  4. StepienyBarno

    Hola a todos.
    Y os damos mil gracias por seguir dejando comentarios después de tres semana con el mismo tema a vueltas!
    Al hilo de o que comenta Roberto sobre las artes sociales, solo rescatar del recuerdo las palabras con las que Erich Fromm resumía los elementos básicos del amor: “cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.” ¿No os parece que no serian muy diferentes de las que se necesita en esta relación cliente – arquitecto? Y evidente no tienen nada que ver con la historietilla de Loos!! Mira que eres paco… pensar que nos hemos inventado algo tan bueno, creemos que nos sobrevaloras!! Y el resto del texto de Loos es espectacular una de las mejores lecturas que se pueden recomendar.

    Y por último comentar que no estamos muy de acuerdo con Antonio, pero bueno para eso estamos para discrepar y no sería muy saludable que todos viéramos todo igual, no? con quien si que estamos requetedeacuerdo es con Andrés, ese espacio es una maravilla, cuanto que aprender!

  5. Andrés

    Ay, cómo me gusta esa escalera de Adolf Loos. 🙂

  6. antonio

    Me gustó la reflexión general y el hilo conductor de los tres artículos, pero hay cosas con las que no estoy de acuerdo.

    Por un lado creo que el cliente no puede tomar tantas decisiones en obra como apuntáis en el texto y por otro lado lo que dice Lucien Kroll es una utopía, no se puede andar así, los técnicos tenemos que tener un peso específico, para ser el bastión en que se apoye el cliente.

  7. paco

    jajaja, esa historia de adolfo loos os la habéis inventado, no puede ser verdad!

  8. Roberto

    Muchas gracias por los comentarios. Llegué al blog a través del enlace que había en la página web de Laura Álvarez.
    Desde el punto de vista de mi inexperiencia profesional creo que para lograr una relación satisfactoria entre arquitecto-cliente hace falta, al menos, una buena dosis de lo que se entiende como artes sociales.
    Un saludo para ambos.
    Roberto

  9. Ana

    Voy a enlazar este comentario con lo que le pasó a Laura, ya que me parece que es realmente grave este problema.
    El cliente privado tiene gustos, caprichos, desconocimientos, pero más o menos sebes por donde van los tiros. Puedes enseñarle distintas propuestas y explicarle tus planteamientos de forma personalizada(personal).
    Pero con los concursos públicos, donde la totalidad de la sociedad es representada por un funcionario de turno…
    Ya habéis hablado de este tema en un post sobre los concursos, pero aquí me parece importante recordarlo.
    ¿Quién toma las decisiones clave por todos nosotros?
    En el caso de los edificios públicos es evidente que no se establece ningún dialogo entre los arquitectos, los clientes (el ayuntamiento) y los futuros usuarios.
    Como bien apuntáis Lucien Kroll da en el clavo con sus comentarios, que se pueden aplicar tanto a esta entrada como a la entrada sobre una injusticia más.

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