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LUIS FERNÁNDEZ-GALIANO – ¡ES LA ECONOMÍA, ECOLOGISTAS!

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Corría el año 2006 cuando Luis Fernández-Galiano, nos da una lección de sentido común en su visión sobre la sostenibilidad. Es curioso como a veces alguien que no está inmerso en movimientos ecologistas o de antiglobalizacion, pueda hablar con más acierto y objetividad gracias a la distancia que mantiene sobre el tema a tratar.

  

¡Es la economía, ecologistas!

 

El continuado incremento del precio del petróleo -más impulsado por la multiplicación de la demanda que por ocasionales crisis de la oferta- abre un periodo histórico de carestía energética que estimulará el ahorro y las fuentes alternativas, invitando a reflexiones nuevas en el terreno de la arquitectura y el urbanismo sostenibles. En este terreno se abren paso una nueva conciencia ecológica y una renovada ética civil.

No hay ecología sin economía. Más allá del parentesco etimológico, que sitúa ambas ciencias en una casa común, y que remite su logos y su nomos al compartido oikos de nuestra residencia en la tierra, la ciencia verde es inconcebible sin la ciencia triste. Contempladas desde la óptica “fieramente humana” de la arquitectura, la naturaleza habitada y el artificio del mercado se entretejen como la urdimbre y la trama.

 

… Los arquitectos no hablan hoy de sostenibilidad porque se hayan convertido solidariamente al credo verde; lo hacen porque el petróleo está caro. El actual fervor por la arquitectura ecológica reproduce fielmente el de los años setenta, aunque con algunas variaciones significativas. Como entonces, está impulsado por los shocks petrolíferos, que en 1973 y 1979 sacudieron las bases energéticas de la economía; pero a diferencia de lo ocurrido en aquella década, la conciencia verde contemporánea se produce -por ahora- en un contexto de crecimiento económico y boom inmobiliario, donde la guerra fría ha sido reemplazada por el conflicto con un mundo musulmán pródigo en reservas de petróleo y gas, y en un planeta que ve emerger gigantes como China o India con demandas colosales de combustibles fósiles, mientras la creciente carestía energética no impide el incremento de las emisiones gaseosas que provocan el calentamiento global.

 

La construcción sostenible es hoy un sector en auge, que tiene sus propias ferias y congresos, sus propias revistas y sus propios premios, un sector alimentado por las exigentes normativas y generosas subvenciones de la Administración, y un sector que procura compensar sus minusvalías estéticas con rankings, homologaciones y etiquetados verdes cuya aura ética pueda otorgar legitimidad social y visibilidad pública a sus autores y a sus obras.

Reforzado por la presencia de oficinas corporativas cuyas credenciales verdes son una simple prolongación de su sofisticación tecnológica, y por estudios que inscriben su trabajo en una perspectiva más social, este campo es hoy un heteróclito lugar de encuentro entre las burocracias profesionales y las exploraciones emergentes, pero todavía no un territorio disciplinar jalonado por certidumbres o convenciones.

 

… En el actual contexto de carestía energética -al que se ha sumado la constatación por los científicos del calentamiento del planeta- se abre paso una nueva conciencia ecológica, que retoma los asuntos y autores sepultados por las décadas de prosperidad, y que para los que hemos vivido la anterior etapa de crisis tiene el aroma narcótico del déjà vu y el sabor agridulce de las causas perdidas. Con más optimismo de la voluntad que pesimismo de la razón, la agenda verde se presenta como una renovada ética civil, pero a menudo deviene poco más que un instrumento de la corrección política en las relaciones públicas de los gobiernos, las instituciones o las empresas. Ignorante del sustrato político y económico de las decisiones ambientales o quizá dócilmente resignado a la impotencia frente a las fuerzas titánicas que modelan nuestro mundo, el etiquetado verde termina siendo un apéndice o una coartada que otorga la pátina de las buenas intenciones a la arquitectura y al urbanismo, dos actividades difícilmente separables de la violencia que ejercen sobre la naturaleza.

 

La construcción consume siempre recursos no renovables e incrementa la entropía del mundo. El arquitecto tiene un pacto fáustico con el despilfarro y el exceso, de manera que sólo sucumbe al síndrome verde cuando la economía entra en recesión, y entonces se transforma en un apóstol del crecimiento cero, la austeridad y la rehabilitación, para regresar al mesianismo demiúrgico y a los sueños titánicos apenas se recuperan el consumo y la inversión. En esta etapa de tránsito, con combustibles caros y economía en auge, la arquitectura sostenible es un cóctel de tecnología trivial que mezcla sensores térmicos, bombas de calor y placas solares con las recetas de toda la vida sobre iluminación y ventilación natural, orientación y protección solar o aislamiento e inercia térmica. Pero si la cosa va a más, toda esta fantasía amable dejará paso al auténtico dilema: ¿construir o no construir? Porque al cabo la única arquitectura ecológica es la que no se construye, y el único arquitecto verde el que renuncia a incrementar la entropía del planeta. Mientras tanto, los arquitectos tenemos un interés más transparente que oculto en el crecimiento económico y en el auge oceánico de las obras públicas y de la construcción.

 

El artículo completo lo encontrareis en;

http://www.elpais.com/articulo/arte/economia/ecologistas/elpbabart/20060513elpbabart_12/Tes

 

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4 COMENTARIOS
  1. stepienybarno

    La verdad es que no me imagino a Galiano subido por los arboles!jeje, y tampoco en el laboratorio a ver si da con la mezcla perfecta.
    Lo bueno que tiene este hombre es que como bien dices, propone una buena mezcla, porque es capaz de absorber como una esponja todo lo importante que sucede en la escena artística y arquitectónica, para luego transmitirlo con serenidad y claridad.
    Y el hecho de que no construya seguro que le genera ciertas limitaciones, pero que las salva con la perspectiva que obtiene por no estar dentro de la vorágine; concurso – obra – arquitecto estrella.
    Como casi siempre, todo no se puede, y en este caso es una suerte que alguien tan preparado, tenga tiempo para pensar y analizar lo que otros construyen.

  2. toki

    sobre la objetividad de Galiano podiamos discutir largo y tendido… si quereis este viernes mismo.. ja,ja,. los que se dedican a escribir y teorizar no hacen muchas veces más que “collage” de referencias, de cosas de uno y de otro y que además muchas veces ni siquiera citan las fuentes…
    son “textos coktail” que en el caso de Galiano tienen una buena mezcla y proporción de ingredientes. Pero no inventa ni la ginebra, ni la tónica, ni recoge el limón del arbol.

  3. silvia perea

    Primavera Silenciosa. Rachel Carson. 1962…

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