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CARTA DE UN NOVIO DE UNA ESTUDIANTE DE ARQUITECTURA

Hola ¿Qué tal?

Os escribo en representación de las miles de novias y novios de estudiantes de arquitectura.

Lo primero de todo, quiero agradecer la oportunidad de poder publicar mi reflexión en este blog que entiendo que en su mayoría de lectores son arquitectos.

Con todo ello, tan sólo quiero comentar algún aspecto de lo que ha sido mi vida con Antonieta, mi novia, ahora exnovia, arquitecta.

Intentaré no parecer muy exagerado y tampoco caer en estereotipos; mi objetivo es que mis palabras puedan servir de bálsamo también para otr@s novi@s que muchas veces sufrimos en silencio lo ingrato de vuestra profesión.


Conocí a Antonieta, como no podía ser de otra forma, en una fiesta de arquitectos; fue en primero de carrera y ya por entonces hablaba muy raro. Rápidamente, me di cuenta que los estudiantes de arquitectura eran un mundo aparte.

Al principio me hacía gracia que personalizara las cosas. Me decía que el edificio que estábamos viendo dialogaba, que la plaza estaba entablando una conversación conmigo o que el factor escala de no sé qué propuesta era demasiado potente. Todo tendía increíblemente a yuxtaponerse. Durante unos días incluso me intentó convencer que la honestidad era un material de construcción. Por supuesto, también el silencio.

Yo, como comprenderéis, flipaba en colores. Eso sí, he de reconocer que siempre admiraré el entusiasmo y pasión con que ella y sus amigos vivían todo lo que tenía que ver con la arquitectura.

 

A la que me descuidaba, me hablaba de un tal Jaque que decía que “todo, incluida la arquitectura, era política”. Durante un tiempo Jaque y su mundo nos perseguían por todos los lados. Salía en las revistas, en los periódicos, en cientos de post. Parecía que no había otro arquitecto que este buen hombre.

A mí, me gustaba una arquitecta joven que se llamaba Chinchilla que parece que generaba amor-odio entre muchos de sus compañeros. Por lo menos, hacía cosas alegres y que yo, sin entender nada, podía apreciar. En cualquier caso, el discurso de todos ellos era complejo a más no poder; es como si tuvieran una especial habilidad para hablar mucho tiempo sin que el común de los mortales pudiéra seguirles la pista.

De todas formas, tengo que reconocer que ¡hasta me suscribí a algún blog de arquitectura! Había uno muy cachondo que se llamaba Arquitectamos locos y el tipo que lo lleva era una “persona normal”, pero sin dejar de ser arquitecto. ¡Sus post se entendían!! Y además era divertido. A mí, me servía para luego poder hablar con los amigos de Antonieta y por lo menos ¡tener algo que decir!

 

Estos amigos también eran bastante peculiares; unos majos, otros no tanto, pero casi ninguno “normal”. Había desde los más alternativos, hasta lo más pijo que te puedes echar a la cara –algunos de ellos con ego gigante-. ¡Ahhh! y no me olvido del patas, Javi, el pelos y Ruper. Profesionales de la arquitectura no sé, pero del mus ya os digo que sí. De vez en cuando me colaban en sus timbas y era una experiencia única.

Los cuatro eran muy majetes y se bebían hasta el agua de los floreros. No te aburrías nunca con ellos.

No sé qué trajín se traían con el arquitecto de los famosos, Joaquin Torres, pero no paraban de hacer chistes de él.

 

Desde el principio, me tocó conocer a más de un profesor de arquitectura. Curiosamente, la mayoría de ellos pensaban que o todo era arquitectura o la arquitectura podía solucionar todos los problemas del mundo.

Además, parecían saber de todo, música, arte, cocina, ¡era un no parar!! Incluso, cuando se veía a la legua que en realidad sabían cuatro cosas del tema, hablaban sentando cátedra. La frase “de esto no sé”, no entraba en su vocabulario. Recuerdo que usaban la palabra “paradigma” para casi todo. El propio concepto de paradigma era un paradigma.

Por cierto, las críticas en proyectos de algunos de ellos, eran totalmente desproporcionadas; rozando el sadismo. Es más, yo os digo que si a mí alguien me trata con semejante despotismo, se va caliente para casa. No puedo entender tanta sumisión por parte de los alumnos.

Y por supuesto que reconocer fallos o aceptar las críticas, no estaban entre las virtudes de estos profesores. Pero corto el rollo con esto que yo os venía a hablar de mi novia, no de sus profesores. ¡Quizás esto de para otra carta!!jajajaj

 

 

También, flipaba mucho de sus noches sin dormir. Era como una especie de orgullo el poder estar dos o tres días como zombis haciendo 3D o maquetas, y con unas ojeras que les llegaban a todos hasta el suelo.

Recuerdo un día, bueno… un día y una noche, que después de currar en una maqueta gigante –porque había que hacer todas las jodidas curvas de nivel-, el profesor casi ni la miró y de hecho le dijo algo tipo: “hasta mi hijo pequeño tiene más cuidado cortando cartones que tú”. Tremendo.

 

Durante los “días de entrega” no había ni corazones en guasap, ni tiempo para nada. Me gustaba ver cómo se preparaban para la fiesta: litros de café, la misma lista de música sonando interminablemente, pizza guarra a cascoporro y cientos de materiales reciclados por si acaso podían ser usados para la maqueta. ¡Todo un espectáculo!

Eso sí, eso de apurar hasta el último minuto con la entrega es algo que superaba mis fuerzas. No podía entender cómo una hora antes de entregar seguían apareciendo cosas nuevas en los proyectos.

La arquitectura, sin lugar a dudas, estaba por encima de nuestra relación. Yo lo asumí con deportividad, pero no me parecía muy normal la cosa. Ni sé la de noches que terminé saliendo sólo con mis amigos porque Antonieta siempre estaba de entrega.

 

 

Cuando pasó a segundo, me comencé a mosquear con el tiempo que dedicaba a la arquitectura -y no tenía para mí- y le intenté hacer ver que había vida más allá de los proyectos; pero por aquel entonces Le Corbusier y Mies ya nos acompañaban en nuestras conversaciones.

Es más, yo mismo comencé a hablar como uno de vosotros; me sentía bien y, finalmente, más de una noche me auto-inmolé pegando y cortando cartones.

Cuando mis amigos decían que los arquitectos sólo hacían dibujos y que los ingenieros sí que controlaban el tema, ¡yo mismo salía en vuestra defensa!

Como veis, pasé de criticar vuestro mundo, a ser uno más. La verdad es que por un tiempo !me sentía un poco arquitecto!! En broma, decíamos que si quisiera estudiar arquitectura, me convalidarían muchas asignaturas.

 

También disfruté de más de un viaje con arquitectos. Por un lado, estaban genial y pasé ratos estupendos; pero también recuerdo un viaje a Paris buscando casas escondidas -que no salen en los mapas- del tal Le Corbusier. Era muy loco tener que ir de una punta a otra de la capital del amor, sin mirar ni de reojo a la Torre Eiffel, buscando sin descanso esas joyas de la arquitectura moderna. Y digo con propiedad lo de arquitectura moderna y no, por ejemplo, modernismo. No, no, si cometía un mínimo desliz con la propiedad de las palabras, los amigos de Antonieta, me miraban con el más absoluto de los desprecios.

 

Ahí descubrí los chistes de arquitectos y tengo que reconocer que ¡no pillaba ni uno! A veces, hacía como que entendía y me reía un poco; pero luego desistí y asumí la derrota. Tampoco pareció importarles mucho que yo no rascara ni bola.

Por aquel entonces, mi novia incluso intentó llevarme a una obra en construcción. Por ahí no pasé y me planté en seco.

¡Ahhh!! Y con el tiempo, también comprendí que no volvería a ir de compras con ella; todo era muy lento y cada prenda debía tener la textura adecuada. Yo para esto soy muy práctico y tengo poca paciencia; así que, por ahí lo tuve claro.

 

Los padres de mi novia, también sufrieron lo suyo. Por un lado, estaba el orgullo de que tu hija estudia arquitectura, pero ya en tercero se comenzaba a hablar de lo chungo que iba a ser encontrar curro en España e iba asumiendo que tendría que ir fuera para poder ser arquitecta.

Ahí fue cuando vi que yo también, si quería seguir con ella, tendría que acompañarla. Pero yo soy bombero y quería seguir en España. Ir fuera me supondría terminar en un curro de mierda; pero, como digo, tampoco ella tuvo muy en cuenta lo que a mí me supondría todo ello. Daba por hecho, que el amor, y sobre todo el amor por la arquitectura, serían suficiente carburante para que todo fuera bien.

 

 

Ya en cuarto de carrera, la cosa se comenzó a torcer; los fines de semana dejaron de existir en su totalidad y todo su mundo se basaba en la arquitectura y los arquitectos.

Acompañé a Antonieta a más de una conferencia y, en general, eran un peñazo tremendo. Un tipo escondido detrás de un portátil pasando imágenes de su obra y hablando en morse. En cualquier caso, a nadie parecía importar eso mucho, mientras su obra, por algún motivo, tuviera interés.

Recuerdo un congreso en el que todo el mundo hablaba de arquitectura social y luego los tíos -porque eran todos arquitectos y ninguna arquitecta- eran unos engreídos de cuidado. Además, enseñaban sus obras que poco tenían que ver con su discurso. Yo era de los pocos “no arquitectos” del congreso y estaba alucinando.

 

 

A mediados de ese año, comenzó a trabajar en una oficina y toda su energía se concentró ahí. Bueno a trabajar… comenzó a ser explotada por un estudio de relumbrón. Supuestamente, eran unos jefes estupendos; ella estaba encantada. Pero, en la práctica, le hacían trabajar como si fuera arquitecta licenciada, metía miles de horas por cero euros y la errática promesa de que si se ganaba alguno de los concursos que estaban haciendo, “ya hablarían”.

Yo no entendía nada. Por aquel entonces, me había sacado las oposiciones de bombero y mi jefe, también arquitecto, me avisaba de que los arquitectos-arquitectos son una especie a parte. Que esa pasión por la arquitectura nubla cualquier tipo de visión normal de la realidad.

Yo estaba desesperado; pero era incapaz de hacerle ver que las cosas podrían ser diferentes y que trabajar por el morro, no era un buen plan.

 

Ya vivíamos juntos y tampoco era fácil la convivencia. Bueno… en realidad ella era adorable –una cosa no quita la otra-, pero le gustaba que todo estuviera cómo ella había pensado.

Por un lado, era guai porque teníamos todo precioso, pero a mí me generaba mucha tensión eso de saber que no podía poner nada como a mí me diera la gana. De vez en cuando hacíamos un asalto a Ikea y ahí sí que me dejaba decidir algo, pero vaya… poca cosa. Ella tenía el catalogo dominado antes de llegar e iba a tiro hecho.

Evidentemente, ¡mi “me gusta” o “no me gusta” no tenía nada que hacer contra sus complejas teorías!!

Por cierto, la decoración de la casa también contaba con flyers y carteles que casi nadie hubiera entendido su valor estético. Los espacios de la casa –que no cuartos o habitaciones- estaban siempre en continua transformación.

De todas formas, hay que reconocer que incluso estos cartones. algunos realmente viejos, terminaban quedando bien. Los arquitectos tenéis una creatividad increíble.

 

 

Con todo ello, Antonieta terminó la carrera a la vez que nuestra relación se fue acabando. No hubo un final, no hubo una explicación, con el título en la mano, tuvo claro que iría a trabajar a un estudio de Suiza donde una amiga suya ganaba bien y le dejaban hacer de todo, pues vuestro título parece ser que en realidad es una especie de ingeniería y arquitectura todo junto.

Ella chapurreaba francés y tampoco parecía necesitar mucho más; estaba cómoda y, realmente, disfrutaba mucho en el estudio. Para ella fue una decisión importante salir fuera.

 

 

Así que, sin preguntarme nada, dio por hecho que todo iría bien y que podría ir a verla a menudo. Es más, esas primeras navidades las pasamos en la fría Ginebra.

Por aquel entonces, se había agravado su tendencia innata a pararse en los lugares más inverosímiles mientras dábamos un paseo por la ciudad. Lo que para los “no arquitectos” es sólo un escaparate, para ella podía ser una fuente de fascinación que podía durar una hora. Además, desde que se enganchó a Instagram, el tema de las fotos –y los filtros- ¡se le fue de las manos!!

Recuerdo mi estrés en ese viaje para comprar el regalo de navidad; sabía que ella, como siempre, había estado preparando mi regalo desde hace meses y, seguramente, lo había hecho con sus  propias maños –¡o con un cortador laser en su defecto!!-. Cada detalle para Antonieta era importante y ¡su tendencia al perfeccionismo rozaba la locura!! Al final, conseguí un libro descatalogado de Fiscac que me salvó la vida.

 

 

Eso sí, en la primavera, cuando ya lo habíamos dejado, decidió volver a España.

Hoy de lo poco que sé de ella, me llega que vive en casa de sus padres, que está trabajando por las mañanas en un súper y que por las tardes va haciendo sus cositas. También sé que se ha apuntado a un curso de Identidad Digital para arquitectos en este mismo blog (ver aquí).

Por Facebook veo que ya no habla de arquitectura, que ya no pone nada del amigo Alvar Aalto -este sí que molaba- y que no sube fotos de viajes de arquitectos.

Todo apunta a que, por desgracia, la arquitectura que conoció en la carrera no tiene mucho que ver con la arquitectura del día a día de arquitecto.

 

Yo sigo de bombero, ahora tengo una novia “no arquitecta” y los fines de semana vamos al cine, cenamos en algún sitio agradable y ¡estamos esperando nuestra primera hija!

Aun con todo, de vez en cuando, todavía recuerdo con mucho cariño la emoción de la arquitectura, la pasión con la que Antonieta me hablaba de sus proyectos y aquella cuadrilla de arquitectos que soñaban con cambiar el mundo.

Eran capaces de encontrar soluciones para casi todo; es como si la carrera de arquitectura les hubiera organizado la cabeza de tal forma que podían ver más allá de lo que el resto de personas normalmente vemos.

Ojalá no pierdan esas ganas y puedan dar todo lo bueno que tienen. Porque si algo aprendí de aquellos años es que, l@s arquitect@s tienen mucho que ofrecer a la sociedad.

Ya está en marcha la octava edición de nuestro curso ONLINE de Identidad Digital para arquitect@s.

Del 16 al 27 de abril del 2018

Toda la información en:

http://cursoidentidaddigital.stepienybarno.es/

Autores del post: Stepienybarno*

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

* Nos hemos permitido, desde Stepienybarno, escribir este texto en una extraña primera persona, en nombre de miles de novios y novias de alumn@s de arquitectura.

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Lecturas recomendadas:

1_ 8 cosas molestas que suelen hacer los arquitectos

https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/882839/8-cosas-molestas-que-hacen-todos-los-arquitectos

2_ ¿Qué puedes esperar de una arquitecta?

http://www.revistagq.com/noticias/sexo/articulos/conoces-a-las-arquitectas/19330

3_ Ventajas de salir con un arquitecto(a)

http://enlacearquitectura.com/ventajas-de-salir-con-un-arquitectoa/

 

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