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URBANISMO, BUEN URBANISMO O URBANISMO SOSTENIBLE.

 

 

Distinguir entre urbanismo, buen urbanismo o urbanismo sostenible, creemos que no es un tema baladí. A su vez, nos parece pertinente traer a primer plano, a modo de introducción, qué ocurriría si planteásemos esta cuestión dentro de la escala de la arquitectura.

Entrar en el debate de dónde acaba la arquitectura y dónde empieza el urbanismo también tiene su gracia, pero nos lo saltaremos en este post para ir directamente al grano.

Nuevo uso para la antigua estación de autobús de Pamplona.

 

1_ LA ARQUITECTURA

Parece evidente que no todo lo que se construye es arquitectura, a pesar de que en la mayoría de los casos los proyectos los firmen arquitectos. De igual modo, una gran parte de nuestro patrimonio edificado tiene mucho de edificado y muy poco de patrimonio. Por ello, la mayoría de este legado sólo se puede considerar construcción y sólo una pequeña parte de lo construido, sí que pertenece, realmente, al mundo de la arquitectura.

A partir de aquí, cabe plantearse cuándo la arquitectura es sostenible y cuándo no. En nuestra opinión, la frase típica de que “si es buena arquitectura ya es sostenible” creemos que no es acertada. De hecho, lo que pensamos es que, en la mayoría de los casos, es una forma de escapismo, como otra cualquiera y lo que se está haciendo es tirar balones fuera, escondiendo el desconocimiento de lo que es, en realidad, la sostenibilidad.

 

A los arquitectos nos dan el título, pero mucho nos tememos que, en general, durante la carrera no ha dado tiempo a meterse en harina de lo que realmente significa el desarrollo sostenible, la arquitectura sostenible u otros términos cercanos como puede ser el decrecimiento.

 

En la mayoría de los casos  la arquitectura que se propone habrá tenido en cuenta ciertos parámetros bioclimáticos y poco más. Sinceramente, si entendemos la arquitectura sostenible  desde la perspectiva global de la Equidad, la Economía y, finalmente, la Ecología, creemos que no encontraremos tantos ejemplos que se puedan considerar mínimamente sensibles con las tres componentes de la sostenibilidad (las famosas tres E). Más bien al contrario, lo que detectamos es un caos enorme confundiendo la bioconstrucción con la bioclimática, ésta con la arquitectura ecológica y, a su vez, ésta con la arquitectura sostenible.

 

Por otro lado, o en paralelo, aparecen conceptos como passivhaus, que más allá de su evidente interés, no tiene en cuenta el ciclo de vida de los materiales. Esta cuestión, una vez que nos ponemos con el tema, nos parece especialmente interesante. Es decir, intentar huir del típico cachivache bio-eco-sostenible sin rastro de arquitectura y mandar a paseo todo lo que se venda como arquitectura sostenible cuando el fondo es un maquillaje verde que no hace ningún bien.

 

Propuesta del arquitecto Keng Yeang

Un buen ejemplo de intentar colar por sostenible una arquitectura decadente y sin interés.

 

También es importante apuntar que aunque el proyecto planteado sea parcial o totalmente sostenible, para nada implica que sea buena arquitectura. Es decir, por muy bien que funcionen sus diagramas verdes (al menos en el papel) son arquitectura.

Con todo ello, pensamos que, por un lado, se suele confundir la parte con el todo, y por otro, se da por hecho que si es sostenible, o se pude vender como tal, ya se tiene un buen proyecto.  No, no es así, y tampoco todo lo que está hecho con botellas recicladas es bueno de por sí. Cada vez pilla más fuerza una especie de estética de la precariedad que tiene bastante peligro. El tema de la cooperación es muy serio y si queréis saber más sobre ello os animamos a echar un ojo a este post de Verónica Sánchez en Fundación Arquia (ver aquí).

 

Dicho todo esto, no es menos cierto que, uno de los mejores arquitectos del mundo, Glenn Murcutt, no se cansa de afirmar que la arquitectura es sostenible cuando, simplemente, atiende al sentido común. Eso sí, llega a esta simplificación después de haber estado media vida estudiando e investigando sobre todos los frentes de la verdadera sostenibilidad (a lo que hay que sumar que el sentido común del bueno de Murcutt está por encima del resto de los mortales). Además, como bien sabemos, el sentido común no es igual de común en todas las personas; así que, nuevamente, no deja de ser peligroso dejar la sostenibilidad en manos del sentido común.

 

2_ LA CIUDAD

Pero qué ocurre si cambiamos de escala y metemos en nuestra visión panorámica de la ciudad entendida  como un organismo vivo en el que se da cabida tanto a su urbis como a su civitas.

Realmente ¿Se puede considerar urbanismo todos esos insufribles tochos que se han hecho pasar por planes generales? La verdad es que a este tipo de urbanismo que se hizo  en los años de bonanza, no sabríamos muy bien cómo llamarlo, pero la mayoría de los casos no eran urbanismo o por lo menos no eran buen urbanismo.

José María Ezquiaga suele comentar que, en la mayoría de los casos, más que urbanismo es un simple método de reparto de edificabilidad.

 

Llegado este punto, hay que destacar la gran distancia que había entre lo que en las escuelas de arquitectura se explicaba (que tampoco era para tirar cohetes) y lo que luego se realizaba. De hecho, no tenemos más que poner encima del tablero los nombres de los arquitectos de mayor prestigio de las últimas dos décadas para ver su nulo interés por la escala de la ciudad. Hablar de sus proyectos de vivienda social parece una utopía, salvando honrosas excepciones. Consecuencia de todo ello: muchos buenos proyectos construidos que no han sido encajados dentro de buenos planteamientos urbanísticos. De esta forma, la arquitectura, por muy buena que sea, no termina de hacer ciudad, sino que simplemente dignifica una parte de la misma.

 

Con todo ello, estos años previos a la crisis fueron una estupenda ocasión perdida para haber hecho ciudades dignas y habitables. Lo bueno, en este caso, de la crisis es que ha servido para parar en seco esta locura y que la ciudad trumanizada quizás no vuelva nunca más. Ahora, aunque sea a la fuerza, aparece la rehabilitación de nuestros cascos históricos y ensanches como única opción viable a tener en cuenta.

Imagen de una las especialmente interesantes supermanzanas de  Salvador Rueda

3_ LA SMART CITY

Así que, ante este urbanismo de barbarie que hemos sufrido, conviene preguntarnos donde está el buen urbanismo y si éste es equivalente al urbanismo sostenible.

Por suerte o por desagracia, hace unos años apareció el terminó Smart city y desde ahí se han ido dando pasito en busca de una ciudad más eficiente. Sin embargo, esta búsqueda tiene por lo menos dos problemas.

Por un lado, al enfocar sus esfuerzos en el prisma tecnológico, nos olvidamos de la parte más humana de la ciudad. Es decir, una de las tres patas de la sostenibilidad, la equidad, queda relegada a plano segundario.

Mientras tanto el coche sigue campando a sus anchas.

 

Por otro lado, el haber abandonado este debate en manos de empresas e ingenieros, hace que los arquitectos hayamos dejado pasar una oportunidad de oro para dar nuestra visión de la jugada.

Así el dinero y los cálculos técnicos van encuadrando una Smart city que, en realidad,  no termina de convencer a casi nadie. Lo mismo pasó en su día con los ecobarrios y otros inventos que, más allá de detalles bonitos, pueden hacer más mal que bien en un momento dado.

 

Imagen de una Smart city cualquiera.

 

En este sentido, nuestros amigos de Paisaje Transversal en un acertado post, comentaban:

“(…) la noción de smartcitizens que comienza a contar con mayor aceptación es aquella que quiere situar a la ciudadanía en el centro de la reflexión sobre la ciudad inteligente, reivindicando la máxima que establece que no hay ciudades inteligentes sin ciudadanos y ciudadanas inteligentes.

Ante las lógicas privativas impuestas desde los poderes económicos, la ciudadanía inteligente conectada en red está generando nuevas prácticas e imaginarios que articulan una (necesaria) revisión de la smart city. Una reformulación que encuentra su razón de ser en la cooperación entre los distintos agentes que operan sobre el territorio (sociedad civil, Administración pública, entidades científicas y académicas, agentes económicos, etc.), y en el intercambio de conocimiento su seña de identidad.

Y es precisamente en este punto donde la idea de smartcitizens conecta con la del movimiento del software libre: compartir y colaborar para aumentar eficiencia de los procesos, desatar el poder de la inteligencia colectiva para alcanzar soluciones óptimas.” (Acceder al post)

 

Con todo ello, no parece mala idea seguir incidiendo en el  tema de las escuelas de arquitectura. ¿Qué es lo que se sigue enseñando en ellas?  ¿Se han adaptado a la nueva sociedad? ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías y la red? ¿Dónde queda la verdadera participación ciudadana? Demasiadas preguntas que seguramente no tendrán la respuesta que debieran. Por lo tanto, pensamos que esta desconexión que comentábamos al principio del artículo no se ha acortado sino que incluso se ha hecho mayor.

 

Estamos en un momento clave, en el que la calidad del urbanismo pasa por la integración de otras disciplinas que conviertan los  proyectos y planes urbanísticos en procesos.  

A su vez, aparece una visión social del urbanismo con cientos de ejemplos de acciones que dan un soplo de aire fresco a nuestras ciudades como podéis comprobar en este post de Sabrina Gaudino para el estupendo blog de Arquitasa (ver aquí).

Sólo, desde una ciudad que favorezca la buena orientación de los edificios, que cuide su patrimonio, pensada para todos y en especial para aquellos que han sido relegados durante tantos años: discapacitados, niños, personas mayores o la propia mujer, tendremos opciones de vivir de una manera más digna.  Una ciudad con urbanismo de género y generación es lo que más necesitamos.

Que la movilidad sostenible pase a un primer plano, que se den procesos horizontales y que los técnicos se olviden, por un momento, de la técnica dando  paso a su parte más humana, nos parecen asuntos fundamentales a día de hoy.

Una ciudad donde la bicicleta sea su estandarte y el coche sea condenado, de una vez por todas, a un segundo plano.

Si lo conseguimos, ya no habrá distinción entre urbanismo, buen urbanismo y urbanismo sostenible porque todo será, como decía  Murcutt, el urbanismo del sentido común y la sensatez.

 

Parte de este post fue publicado originalmente en la Plataforma de La Ciudad Viva.

 

Autores del post: Stepienybarno 

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

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* Este artículo ha sido escrito con carácter divulgativo y sin ningún tipo de ánimo de lucro.

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Nuestra actividad se sustenta en tres pilares básicos: la investigación, la publicación y la redacción de proyectos de arquitectura.

A su vez, somos socios cofundadores de SINERGIA SOSTENIBLE, redactores de LA CIUDAD VIVA y directores del blog de FUNDACIÓN ARQUIA.

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2 COMENTARIOS
  1. arriendo minicargador

    Puede que las medidas actuales no sean muy efectivas y un simple maquillaje, pero igualmente pienso que a pesar de ser un mero parche, creo que es un buen inicio para, ir en buena dirección.

    Que opinan ?

  2. Aura

    Excelente aporte. Muchas gracias por la información. Exitos.

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