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ARQUITECTOS HIPER-RESPONSABLES

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Sobre la responsabilidad que tenemos como arquitectos va el post de hoy. Si tú también piensas que es un tema importante y que, normalmente, no se habla mucho de él, te animamos a continuar con nosotros.

 

1_ RESPONSABILIDAD EXCESIVA

Hay profesiones que tienen más responsabilidades que otras, esto no es ni bueno ni malo; es algo objetivo. Un controlador de aviación o un cirujano tienen más responsabilidad en sus espaldas que, por ejemplo, un panadero.

A su vez, hay profesiones que suponen una tensión extra para quien las practica como puede ser el caso de los bomberos, policías o  dentistas.

Sin embargo, cuando aparece en la red el típico post con las 10 profesiones más estresantes o que asumen más responsabilidad (ver más aquí), curiosamente, nunca salimos los arquitectos.

Parece que el mundo da por hecho que, a pesar de la crisis, tenemos una existencia apacible dibujando nuestras rayitas y es, en todo caso, el ingeniero el que suda la camiseta mientras nosotros nos reclinamos en nuestro sillón contando nuestros billetes. Y, como bien sabemos, nada más lejos de la realidad; más allá del estrés que pueda suponernos ser arquitectos hoy (por las dificultades laborales que tenemos), lo que nos gustaría traer a primer plano es la locura que supone, a nivel de responsabilidad, llevar una obra.

 

2_ SIEMPRE EN DESVENTAJA

En realidad, firmar un proyecto, en las lamentables condiciones que, incluso contratando con la administración, tenemos que sufrir, es ya una operación de alto riesgo. Cobramos tan poco que, a día de hoy, si se meten las horas que se tienen que meter para que el proyecto esté niquelado, la hora nos sale a precio de risa. Por otro lado, si no metemos estas horas, las consecuencias pueden ser letales. Incluso cuando todo parece que está requete pensado, siempre hay algo en los planos de instalaciones o alguna novedad del CTE que se nos puede escapar. Es casi imposible no meter la pata por algún lado y un pequeño error puede ser la excusa perfecta para que todas las miradas caigan sobre nosotros. Hay demasiados abogados esperando caer como buitres sobre nosotros, a la mínima que nos descuidemos. La ley no nos lo pone fácil y es duro tener que contar con ello.

 

Así, entregamos los proyectos, damos cuenta al Colegio, a nuestra aseguradora y posteriormente rendimos cuentas de lo ganado con colaboradores y  hacienda. Con ello, comenzamos el replanteo de la obra y ese mismo día, de aparente felicidad, comienza la osadía de construir un edificio. Si hablamos de rehabilitación, la odisea en cuestión es mucho mayor, porque aquí sí que los imprevistos van a estar a la orden del día y la responsabilidad aumentan exponencialmente. Eso sí, los honorarios, si nos descuidamos, bajan.

 

3_ EN CASO DE DUDA, EL JUEZ VA A POR NOSOTROS.

Es muy dura la vida de la obra, y sobre ello no vamos a entrar aquí, lo que sí que queremos lamentar es que nos hayamos acostumbrado a asumir tantísima responsabilidad que va mucho más allá de la realidad que, como mortales, debiéramos asumir. Las visitas de obra suelen ser de un par de horas o una mañana, una vez a la semana, y con esto se controla hasta donde se controla.

Sin embargo, estamos asumiendo que todo lo que se hace durante la construcción del edificio está bien; la dirección facultativa afirma y firma algo que, en realidad, no puede asegurar y serán nuestros seguros los que temblaran (o se escaquearán) cuando pase alguna calamidad. Y, aunque normalmente hay menos percances de lo que sería suponible, al final,  pasan cosas y no suelen ser buenas.

Aquí estamos vendidos; desde los paletas que le dan al sol y sombra después de comer, hasta el constructor que ha hecho una baja del 25% y ahora tienen que ir rascando de todos los sitios.

Es una situación de locos y que cuando pase algo, el juez sólo va a mirar una cosa, a ver quién lo tiene más grande (el seguro). Tanto aparejadores como arquitectos, solemos estar bien cubiertos y constructoras y promotoras, a veces sí, a veces, no. Muchas veces, de hecho, ante el lío inminente se desvanecen y el juez se concentra en nosotros, más allá de lo culpables que seamos o no.

 

Además, todo es reclamable y una vez terminada la obra, si no se ha hecho perfecta -y esto es casi imposible-, según la LOE, Ley de Ordenación de la Edificación (Ley 38/1999), durante diez años debemos seguir pagando nuestro seguro para que, si pasa algo, no irnos  a vivir debajo de un puente.

Os imaginas acudiendo al dentista a contarle que el empaste (en principio, debiera durar toda la vida) que me hiciste hace ocho años está flojeando y quiero que me lo hagas de nuevo sin pasar por taquilla. Si te pone cara rara le puedes decir que: “ya lo pagará tu seguro, no?” Pues no; no nos imaginamos esta escena; lo mismo ni nos contesta o nos dice que la culpa fue del turrón.

Pero, contra nosotros sí que puede caer cualquier reclamación y estamos demasiado indefensos, a pesar de tener el seguro en regla y todo bien organizado.

A su vez, si a algún arquitecto que las esté pasando canutas, para abaratar el tema, se le ocurre no hacer todo rigurosamente legal y, por ejemplo, no visa lo que hay que visar, que se prepare si pasa algo.

Lo mismo ocurre con la típica “medio-reforma” que casi no hace falta proyecto; pero que, al final, se termina haciendo mucho más que pintar. Si no pasa nada, aquí paz y después gloria; pero, como haya algún percance, no haber cumplido con todos los sacramentos, sólo agravará el problema.

 

En fin, que la situación es demasiado dura, tanto durante la obra (sobre todo si asumimos la responsabilidad de seguridad), como si pasan cositas una vez dado el fin de obra.

Todo esto es una mala herencia de nuestros mayores; arquitectos que no vivieron una crisis como esta y que estaban demasiado ocupados en construir como para pensar o discutir por estas “zarandajas”.

Sin embargo, ser arquitecto hoy es, como bien sabemos, complicado de narices, pero, además de eso, es peligroso al máximo.

 

Ahora nos viene a la cabeza, que cuando comenzamos a trabajar, un compañero nos dijo: “no olvides que estamos todos en libertad condicional” y va a ser que, a pesar de lo contundente de la afirmación, tenía razón.

En cualquier caso, esta reflexión es sólo un pensamiento en voz alta y lo mismo no hemos sido lo realistas que hubiéramos debido; así que, como siempre, te animamos a darnos tu opinión sobre el tema.

 

 

Autores del post: Stepienybarno _ Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó

 

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