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ARQUITECTURA Y EDUCACIÓN 9/10 _ Miguel Ángel Díaz Camacho.

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Llegamos a la recta final de la serie; pero, aun así, el post de hoy mantiene toda la intensidad y frescura del comienzo. Sin duda, una gran aportación de nuestro nuevo protagonista, Miguel Ángel Díaz Camacho.

LAS LECCIONES DEL ÁGUILA

Me piden mis amigos de Stepienybarno unas líneas sobre educación y arquitectura. Muchos temas ya han sido expuestos aquí con solvencia, temas importantes que buenos profesores abordan con coraje cada semana en las aulas. Con el convencimiento de que lo verdaderamente significativo ha sido ya expuesto y argumentado, me atrevo a formular el siguiente planteamiento: ¿Y si el transcurso por las escuelas de arquitectura no fuese en definitiva tan importante? ¿Y si la arquitectura se aprendiera en gran medida fuera del aula? Y una tercera y última ¿y si además siempre hubiera sido así porque en el fondo no pudiera ser de otra manera? Veamos.

ANTES

Antes de entrar en las escuelas los alumnos hemos de aprender muchas cosas, algunas proceden del mundo de las ciencias (matemáticas, física, química, geometría), de las letras (literatura, poesía, gramática, idiomas) y otras propias del mundo de las artes y las humanidades (dibujo, arte, historia, filosofía). La arquitectura se encuentra presente de alguna manera en todas ellas y, sin embargo, poco o nada se estudia en nuestros colegios e institutos. En este sentido vamos mal, a la cola de Europa nos dicen. La formación desde casa se vuelve en esta etapa fundamental, estimulando la creatividad bien entendida desde valores sociales, culturales y medioambientales: la actitud previa a cualquier conocimiento técnico. El juego, la aventura, la cooperación o el viaje, entre otros, parecen poderosas herramientas pedagógicas y desde aquí celebramos los programas diseñados para niños y niñas desde actividades relacionadas con la arquitectura y la construcción de la ciudad (Sinergia Sostenible, Chiquitectos o Little Architects, entre otras). Solo así seremos capaces de proponer y abordar colectivamente cuestiones y planteamientos que hoy no conocemos y ni siquiera imaginamos.

DURANTE

Decía Saénz de Oíza que en las escuelas de arquitectura siempre se aprende más en los pasillos que en las aulas. En este sentido, recuerdo a Sota explicando cómo hubo de aprender (en Proyectos) la obra completa de Schinkel y leer Las siete lámparas de la Arquitectura de Ruskin, lo cual “era aspiración segura a nota”. La Revista Nacional de Arquitectura era la principal referencia y fuente de conocimiento en los 40 y, ante la lógica pregunta del alumno sobre la construcción de las volutas propias de la arquitectura que habían de copiar, la respuesta era siempre la misma: pasta asciutta. No resulta difícil entender su necesario periodo de reflexión e inactividad durante dos años después de acabar la carrera para intentar comprender los verdaderos retos de su generación: sus retos. Podríamos decir que, su trayectoria profesional se encuentra bastante alejada de su proceso formativo. Y es que casi todas las generaciones de arquitectos hemos seguido un plan de estudios muy anterior al ritmo de las cosas, una partitura imprecisa y lenta bien interpretada, sin embargo, por algunos (pocos) profesores aventajados, maestros de la vocación que todos reconocemos y guardamos en nuestra memoria. Por eso, los alumnos debemos liderar nuestro propio proceso formativo y aprender directamente aquello que nos interesa, con los filtros justos y necesarios, adquiriendo las asociaciones, colectivos y delegaciones de alumnos especial relevancia en la dinámica de una escuela. Experiencias como la FETSAC _http://fetsac.tumblr.com/_ en A Coruña explican bastante bien el liderazgo del alumnado en su proceso formativo. Pero ¿acaso puede ser de otra manera? ¿Puede sobrevivir escuela alguna que de verdad no esté liderada por sus propios alumnos?

DESPUÉS

Después de salir de las escuelas los alumnos hemos de aprender muchas más cosas, pero quizá la más importante sea cómo canalizar todos nuestros intereses en el conjunto de intereses que se convocan ante cualquier proyecto de arquitectura o intervención urbana. Yo esto lo aprendí en un estudio, un buen estudio porque se tomaba en serio su trabajo y, precisamente por esto, la creatividad, el juego y la sorpresa eran nuestro pan de cada día. Bueno, también la pizza y el café que muchos recordarán durante las largas noches de entrega, o las magdalenas para los desayunos colectivos, espacios de verdadero estímulo “en vena” ante la narración de un viaje, una obra, una anécdota o una exposición que visitaríamos en grupo más tarde o al día siguiente (en horario de trabajo). Tal vez, la búsqueda de ese lugar o lugares donde habitar a lo largo de nuestros primeros años como arquitectos sea igual o más importante, si cabe, que la escuela donde uno ha estudiado, en ocasiones por motivos tan anecdóticos en la vida como la  proximidad o la nota de corte. A veces, los verdaderos maestros, sencillamente, no son arquitectos. Otras sí lo son pero no los encontraremos en las escuelas, bien porque éstas no son de su interés o bien porque son expulsados de las mismas. Recordemos que Miguel Fisac nunca se dedicó profesionalmente a la docencia y Alejandro de la Sota lo hizo sólo hasta 1972, momento en el que “no aprobó” su cátedra a Elementos de Composición y hubo de marchar por la puerta de atrás de una escuela que aún hoy no ha podido reparar su pérdida.

EPÍLOGO

El estímulo de la verdadera creatividad y la equidad antes del ingreso en cualquier escuela puede hacer que nuestro paso por allí sea más fructífero y placentero, más crítico con las banalidades, contradicciones y vacíos que en ocasiones podemos encontrar en la universidad. El transcurso por la escuela activo y militante, asociativo y transversal, debe estimular el camino desde la iniciativa propia, desde la raíz de uno mismo con los demás. El aprendizaje durante el trabajo posterior a la escuela, conectados en redes con los mejores (siempre) en todos los sentidos, nos puede convertir algún día -quién sabe- en arquitectos, no porque lo tengamos escrito en un papel (esto es relativamente fácil), sino porque conoceremos con bastante exactitud nuestros intereses y los de los demás.

Nunca perdió tanto tiempo la tortuga que cuando tomó lecciones del águila (1). Pues eso.

NOTAS

(1) Nicanor Parra. Poemas y antipoemas.

Imagen: http://gawgawsklep.tumblr.com/

Texto: Miguel Ángel Díaz Camacho.

Presidente de ASA, asociación de sostenibilidad y arquitectura _ http://www.sostenibilidadyarquitectura.com/

Responsable de Párrafos de arquitectura _ http://madc-texts.blogspot.com.es/

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9 COMENTARIOS
  1. Miguel Ángel Díaz Camacho

    Querida Loliví, gracias por tu comentario. Entiendo lo que dices del trabajo en un estudio, digamos “por cuenta ajena”, y reconozco que las estructuras de los estudios mucho deben avanzar para que el aprendizaje sea parte del día a día, saber combinar las tareas más tediosas con otras más estimulantes. Sin duda es labor de la dirección de cualquier empresa que esto suceda, la motivación de las personas es clave en cualquier entorno laboral, todos tenemos derecho a sentirnos importantes y valorados. Espero que poco a poco avancemos y el “después” de cualquier etapa formativa no suponga un hastío o una decepción sino al contrario: que la pasión por lo que hacemos nos estimule y nos ayude a superar las otras ruindades de este hospital de incurables al que solemos llamar Mundo. Un abrazo!

  2. Dolores Victoria Ruiz Garrido

    Querido Miguel Ángel, leo como siempre con entusiasmo tus textos y te felicito por la pregunta con la que abordas el camino por las tres etapas formativas.Me atrevo a opinar sobre algunas de las pinceladas que nos dejas. El ANTES debiera estar lleno de experiencias que nos hicieran comprender mejor la ciudad y nuestro papel como ciudadanos. Se trataría de educar en la idea de que somos los ciudadanos los que le damos sentido al espacio urbano y a la arquitectura. Educar a mirar, a ver y entender lo que tenemos delante de nosotros. Educar a ser más conscientes de nosotros mismos, creo firmemente que no hay más revueltas o luchas contra decisiones urbanísticas porque hemos perdido o nunca tuvimos una imagen de nosotros mismos como agentes activos en la ciudad. Enseñar a que las ciudades evolucionan y que nosotros vamos a ser quienes construyamos el patrimonio histórico de los que vengan en el futuro. Nuestro presente es tan valioso como lo fue el pasado y creo que estos conceptos se dejan a un lado en todo el proceso formativo: desde la infancia hasta la salida de la escuela de arquitectura. Desde el barrendero hasta el catedrático de universidad, todos hacemos ciudad y por eso me alegra ver como recoges en tu escrito los programas educativos para niños, entre ellos Little Architect, el mío, y con el que ando enamorada!

    —————–
    Comparto tu postura cuando contestas a Paco Casas sobre la profesión entendida como VIDA, para mi tampoco es disociable, pero el punto que pone Paco sobre la mesa lo entiendo cuando se trata de compañeros arquitectos que trabajan para otros arquitectos, o para grandes firmas en las que su identidad se diluye. La pasión que nos genera el acto creativo, el de denuncia, el de la propuesta, la investigación…todo (o casi) desaparece cuando somos parte del gran estudio, es entonces cuando la conciliación familiar, el sueldo, la salud etc aparecen o más bien se hacen visibles, porque antes estábamos sedados por nuestra autonomía y libertad. Supongo que está ahí la raíz de SER arquitectos o TRABAJAR como arquitectos: en la libertad.

    Besos y gracias por tus párrafos! Loliví

  3. miguel ángel díaz camacho

    Querido Paco, agree of course, la vida siempre es lo más importante, de hecho y parafraseando a Gómez de la Serna, “lo más importante de la vida es no estar muerto” (modo greguería ON), pero esto no es incompatible con que existan algunos oficios que además son una forma de vida, dicho esto como la mejor de las noticias…fuerte abrazo!

  4. Paco Casas

    Miguel Ángel, perdona lo superficial de mi comentario, probablemente mi sentimiento emana de un desprecio por muchas cosas que tienen de la arquitectura que tú no tienes, y eso hay que apuntarlo en mi debe. En todo caso, ya que yo no soy ninguna autoridad, citaré a otra que para mí si lo es, Emilio Tuñón, que siempre ha defendido que la arquitectura le encanta y le entusiasma, pero que no es lo más importante, que hay más cosas en la vida. Yo, en mi torpeza, voy más allá, y digo que la arquitectura no es nada importante, que lo importante, perdona el populismo, son las personas, o la vida, y que la arquitectura no es necesariamente lo uno ni lo otro. Otro abrazo, eso sí.

  5. Miguel Ángel Díaz Camacho

    Hola Paco, gracias por tu comentario. La verdad es que el post tiene algo de autobiográfico, puede haber muchos compañeros que no se identifiquen, en mi caso la vida y la arquitectura se confunden, me resulta difícil establecer dónde empieza una cosa y termina la otra…yo lo considero una suerte, pero respeto que se pueda entender de otra manera. Y por supuesto que como profesores todos queremos enseñar en el aula, creo que eso se ha tratado en otros post y por eso empezaba diciendo que lo importante ya había sido dicho. Un abrazo!

  6. Verónica Sánchez

    Qué interesante reflexionar sobre esos lugares donde uno aprende de arquitectura. Enhorabuena Miguel.

  7. Paco Casas (bRijUNI)

    Bueno, un texto muy atrevido desde luego, y provocativo, enhorabuena! A pesar de todas las penalidades (incluyendo esto de las pizzas, las magdalenas y los cafés, que vendemos como cosas estupendas cuando en mi opinión no lo son en absoluto) y desengranajes entre lo que se estudia y lo que la enseñanza debería ser, si tengo que contestar a la pregunta ¿Y si la arquitectura se aprendiera en gran medida fuera del aula? la verdad es que no tengo tan claro que la respuesta sea “sí” excepto por esas deficiencias de las que habla Miguel Ángel y que han salpicado esta serie sobre educación y arquitectura en todos los textos. A mí me hubiera gustado todo lo contrario y aspiro, cuando me toca ejercer como profesor, a ello, a que los alumnos sí aprendan arquitectura en clase y, a ser posible, en su tiempo libre hagan otra cosa bien diferente libre de pizzas, cafeína y madrugadas de entrega. Creo que la vida, más allá de la arquitectura, es sencillamente mucho mejor que la arquitectura, no nos engañemos. Un abrazo, Miguel Ángel!

  8. Miguel Ángel Díaz Camcho

    Gracias Susana, esta profesión es sin duda una forma de vida apasionante, es una suerte que nos haya elegido, saludos!

  9. Susana García Bujalance

    Enhorabuena Miguel Angel! Un enfoque necesario el de la arquitectura como camino. Muchos alumnos y alumnas (incluidos quienes hacemos un doctorado) se agobian con el momento que viven coyunturalmente. Pero para ellos y para nosotros, la arquitectura es un camino. Comprenderlo abre un panorama apasionante!

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