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Blog de STEPIEN Y BARNO – publicación digital sobre arquitectura
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EL AJEDREZ DE LA ARQUITECTURA

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Tanto en el ajedrez como en la arquitectura, al igual que ocurre con las artes y las matemáticas, el hecho de no necesitar hablar una misma lengua, ya que ambos son en sí mismos lenguajes, hace que diferentes personas de culturas muy lejanas puedan entenderse y disfrutar de ellos.

Así que, hoy, nos vamos a adentrar en las relaciones que puede haber entre estos dos mundos, el ajedrez y la arquitectura. A ver qué os parece el “invento”.

En realidad, no es la primera vez, que escribimos sobre ajedrez y ajedrecistas; de hecho, el comienzo del post “arquitectos en red” comenzaba con una anécdota del gran Kasparov y cuya figura también hoy traeremos a primer plano.

Andrei Sokolov, para quien no lo conozca, fue uno de los aspirantes al título de campeón mundial de ajedrez más curiosos de la historia. La aparición del jugador soviético se produjo de manera sorpresiva y fulgurante. Pasó de ser un perfecto desconocido a encadenar una espectacular sucesión de victorias ante jugadores de cada vez mas nivel, allá por el año 1986, llegando a obtener el mejor registro que jamás un aspirante al título había alcanzado. La prueba final, antes de poderse enfrentar al entonces campeón del mundo Gary Kasparov, era vencer al poderoso y aguerrido (también, malhumorado!!) Karpov. El enfrentamiento entre el veterano y joven aspirante, se saldó con una humillante derrota de Sokolov, que no fue capaz de vencer ni una sola partida ante el sólido juego de Karpov. A partir de ese día, Sokolov no volvería a ganar nunca a ningún jugador de élite (no penséis mal! aquí el dopping no resulta de mucha ayuda!), para pasar a ser un jugador de provincias, donde ya nada quedó de aquel magnífico año en el que batía a los mejores jugadores del mundo.

Esta historia, como podían haber sido muchas otras, nos sirve para situar al ajedrez y la arquitectura como dos carreras de fondo. Las dos son de un constante “estar ahí”, como diría nuestro célebre paisano Indurain. No sirven los fuegos de artificio, y las subidas rápidas suelen ir acompañadas, en la  mayoría de los casos, de caídas aún más espectaculares.

A su vez, en ambas disciplinas el fallo se paga muy caro. Es más que habitual ver en partidas de aficionados que cuando un jugador tiene una superioridad clara, normalmente se relaja; es decir, da por ganada la partida e inconscientemente baja su nivel de juego. Las consecuencias suelen ser dramáticas y el jugador que se encontraba en inferioridad puede reaccionar y, en ocasiones, con una sola jugada cambiar el rumbo de la partida, para sorpresa y desesperación de su adversario.

En el proyecto de arquitectura ocurre algo similar; cada vez son más normativas y temas a justificar y no es tan fácil que todo esté perfecto. Los proyectos son así, pueden tener pequeños errores, incluso unos cuantos; pero, lo que no pueden tener es un fallo gordo. Si al arquitecto se le coló un mal dimensionamiento, por ejemplo, de un pilar; que vaya rezando lo que sepa, pues nadie se dará cuenta de error hasta que una vez construido el edificio, éste empiece a dar problemas en este punto.

Pero, analicemos la estructura de una partida y de un proyecto para ver si encontramos más similitudes. Una partida de ajedrez se compone de apertura, medio juego y final. Es muy complicado realizar un buen final, que nos de opciones de ganar la partida y dar el tan ansiado jaque mate, sin realizar una apertura y un medio juego  correcto.

Igualmente, necesitamos una estrategia inicial con la que comenzar el proyecto de arquitectura, algo que nos haga hacer movimientos firmes, que deje el proyecto asentado y consolidado; en ambos casos, se trata de un problema de estructura y de táctica, no todo vale y, aunque hay muchas variantes, la teoría es más que importante para arrancar la partida y el proyecto. Sí, ya sabemos que hay edificios que caen del cielo, apostando por un formalismo exagerando; pero, para que no nos perdamos, estamos hablando de arquitectura de verdad, no de las de los fuegos de artificio.

Estudiar el lugar y las verdaderas necesidades de los usuarios nos hará empezar con buen pie nuestros planteamientos. Es lo que entendemos como una apertura acorde con la partida que vamos a jugar. De esta forma, el medio juego y el ataque siempre estarán marcados por este comienzo  lógico y sencillo. Lo más importante en la apertura de una partida de ajedrez es tener las ideas claras y saber que determinados movimientos son necesarios para arrancar con buen pie. No se puede comenzar la casa por el tejado de la misma manera que no se puede empezar el proyecto de cualquier forma. Para eso sirven por lo menos cinco años de carrera y un, normalmente, durísimo PFC, como para que cualquiera con “conmpetencias en edificación” pueda firmar un buen proyecto de arquitectura. Aprovechamos este inciso para seguir gritando un fuerte #NOalaLSP.

Podríamos pensar que determinados “plus” al proyecto, como puede ser un buen planteamiento en términos de sostenibilidad, vendrían a ser los movimientos del medio juego de la partida. Se pudiera decir que su equivalente en términos arquitectónicos sería la llegada del proyecto de ejecución una vez terminado el proyecto básico.Precisamente, aquí es donde pueden aparecer otros agentes, como ingenieros u otros profesionales, que en colaboración con el arquitecto puedan enriquecer las ideas de partida del proyecto.

Estos movimientos en el tablero no hacen sino consolidar la posición y dejar que el resto de acciones fluyan con tranquilidad. Una vez, que, en la apertura, se han desarrollado las piezas y se ha controlado el centro, este es el momento de buscar sinergias entre las piezas; el medio juego,  es la gran ocasión para que aparezca ese “plus” que comience a desestabilizar la partida. El noventa por ciento de los enfrentamientos de ajedrez de gran nivel se ganan por una pequeña acción en esta parte de la partida, que termina dando grandes resultados.

Así, nos disponemos a afrontar el final de la partida. En ocasiones, el golpe de efecto de los grandes ajedrecistas suele ser una jugada llena de magia que casi nadie del público había detectado. De hecho, hay veces que los analistas, desde la cómoda posición exterior y conectados a potentes ordenadores, la dan por mala; pero, quien está al mando del tablero es capaz de detectar y se arriesga a realizarla. Para ello, a veces, jugando con factores como el tiempo que queda para terminar la partida (muchas veces, son finales más que estresantes; eso de que el ajedrez es un juego tranquilito no tiene demasiado fundamento una vez que se llega un cierto nivel) o la propia psicología de su adversario, es capaz de convocar a los astros y transmutar la ciencia del ajedrez en uno de los artes más hermosos que existen; hablar de deporte, en estos casos, no deja de ser una frivolidad, más o menos asumida.

A su vez, en el equivalente al final de la partida de ajedrez; es aquí donde los mecanismos arquitectónicos “clásicos” tendrán cabida dentro del proyecto. Cuanto más hayamos consolidado la “partida”, más fácil será afrontar el desenlace final. La intuición, los recuerdos y el subconsciente -es decir, el famoso “nosequé” del gran Fisac– podrán darle la magia al proyecto, una vez consolidada la posición desde planteamientos más racionales y comprometidos.

Cuando se comienza una partida de ajedrez jamás se sabe cómo va a terminar;  no se sabe la forma de la posición final. Ésta viene dada como consecuencia de todos los movimientos anteriores.

De igual manera, el resultado formal final del proyecto será una consecuencia y difícilmente una forma preconcebida de partida podrá ser una buena respuesta.

Por último, necesitamos un tiempo razonable para poder hacer cualquier planteamiento arquitectónico. Este tiempo es otro factor clave en la partida de ajedrez. Si la partida discurre en la modalidad de 5 minutos, el resultado es siempre incierto y la calidad del juego, en la mayoría de las ocasiones, más que dudoso. Esta forma de juego, depende demasiado del azar y la intuición. Sin embargo, si la partida es a modalidad dos horas, los ajedrecistas tienen tiempo de desplegar el mejor juego de cada uno de ellos, dejando poco espacio para la suerte y azar.

Nosotros, en caso de poder elegir, sin dudarlo, optamos por la modalidad lenta del ajedrez, intentando sacar el máximo rendimiento de cada movimiento. La arquitectura necesita horas para ir despacio. Poder analizar cuáles serán los factores que serán determinantes a la hora de resolver la partida del proyecto, no es un tema como para andar con prisas.

El sueño de habitar necesita tiempo para madurar.

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Autores de la entrada: Stepienybarno

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2 COMENTARIOS
  1. StepienyBarno

    La ventaja del ajedrez, es que, a veces, se pactan las tablas como buena solución para ambos. En la arquitectura te la juegas siempre!
    Gracias, Carlos, por tu comentario.

  2. Carlos M.

    Me ha encantado el símil que habéis hecho entre una partida de ajedrez y un proyecto arquitectónico, del mismo modo que al comienzo de un proyecto, al comenzar una partida de ajedrez tenemos posibilidades infinitas, tantas que incluso abruman al proyectista, de ahí lo de la condena del papel en blanco. A veces nos gustaría contar con más condicionantes iniciales que nos ayuden a decidir cual sería la mejor “apertura”, sin embargo al igual que en el ajedrez, cuando el proyecto comienza de forma solida, con los principios bien claros y determinados, la propia partida o en este caso el proyecto va dándonos facilidades, de esta forma podremos llegar adecuadamente al final, que a su vez es de las partes más difíciles en la arquitectura: Saber cuando hacer el “jaque mate”.

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