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Blog de STEPIEN Y BARNO – publicación digital sobre arquitectura
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STEPIENYBARNO CHARLA CON ZAIDA MUXI _ Parte 1.

STEPIENYBARNO y ZAIDA MUXI  entrevista parte1 350

½ Stepienybarno + Zaida Muxi

Hoy tenemos la suerte de publicar la primera parte de la entrevista que, en su estudio de Barcelona y  en exclusiva, concedió Zaida Muxi a Stepienybarno. Nuestra protagonista es una de las arquitectas más lúcidas en cuanto a cuestiones que tienen que ver con la ciudad y con la perspectiva de género. En esta primera parte de la entrevista, nos habla de sus comienzos, de su llegada a España y de cómo enfoca su actividad educativa.

Y si os animáis, en la publicación digital de La Ciudad Viva podréis encontrar la segunda parte, aquí. En ella  entra de lleno en diversos temas que afectan directamente a la buena (o mala) salud de nuestras ciudades.

Así que, una vez más, quisiéramos agradecer a Zaida su predisposición y generosidad. Esperemos que disfrutéis leyendo la entrevista tanto como lo hicimos nosotros al realizarla.

–          Podemos empezar por la llegada desde Buenos Aires allá por el año 90, ¿cómo se produjo?

Bueno, terminé la carrera en el año 88 y en el 90 me vine para aquí. Hubo varias razones, pero la más importante era la de ir a ver lo que habíamos estudiado. Desde las civilizaciones clásicas, hasta el último arquitecto contemporáneo, todo lo que habíamos estudiado estaba en Europa. Aunque me tocó estudiar en los primeros años de la recuperación de la democracia en Argentina, momento en que empezaron a aparecer cátedras  que habían estado prohibidas en la dictadura y que trataban arquitectura latinoamericana, casi no había documentación y  todo lo que estudiábamos era de fuera.

En la universidad trabajé dando clases en Indumentaria textil, una de las cinco carreras que se crearon en el año 84 dentro de Arquitectura. Daba clases porque me gustaba, no por lo que cobraba. Nadie podía vivir de la Universidad, ni como profesor asociado ni como catedrático.

–          ¿Qué es lo que te animó a venir a España?

Venir a España, era lo más natural, mi madre es asturiana y mi padre era hijo de catalanes. Viajamos con mi compañero que tenía su padre en Canarias, pero nuestra elección estaba entre Madrid y Barcelona ciudades que yo había ocasión de conocer con 15 años en un viaje por Europa. Barcelona me había gustado mucho y teníamos amigos aquí, así que decidimos que vendríamos a Barcelona. Si bien desde los 15 años sabía que quería estudiar arquitectura, durante la carrera trabajé principalmente como diseñadora y productora de moda, tenía mi propia pequeña empresa, por lo que mi experiencia profesional al hacer el traslado era fundamentalmente en moda.

– Pero tú ya tenías experiencia en obra como arquitecta, ¿no?

Cuando vine aquí, como experiencia tenía la reforma de la casa en la que vivía, alguna colaboración y visitas de obra que hacía con mi padre, que era ingeniero. Pero creía que no sabía tanto de arquitectura como para ir a un estudio por ello en un comienzo busqué trabajo en el mundo de la moda, fue un error. No se entendía que habiendo estudiado arquitectura hiciera moda y cuando a la teórica incongruencia entre estudio y práctica les decía en Argentina que estudiaba moda, me miraban como si allí fuésemos aún indios vestidos con plumas (jajaja). Fue un error por mi parte ya que aquí eran los 90 y me perdí el período pre juegos olímpicos donde había muchísimo trabajo en arquitectura. Trabajé en una fábrica de ropa dirigida por argentinos, primero de manera ilegal, después legal, aunque entretanto me echaron de España. A pesar de ser hija de española en ese momento la ley no me reconocía el derecho a recuperar mi nacionalidad, por lo que hasta finales de 1991 en que fui a Argentina, y desde allí pude solicitar mis papeles para regularizar mi situación.  A principios de 1992 dejé la fábrica y conseguí trabajo en un estudio en Barcelona, para realizar unos equipamientos deportivos en Canarias. Estudiar había sido uno de los objetivos de mi viaje sin embargo el trabajo en la fábrica no me dejaba suficiente dinero ni tiempo para estudiar.

–          Fue entonces cuando  te apuntaste a los cursos de doctorado.

Tuve que esperar un poco más. A finales del  93 cuando, con una nueva pareja, me fui a vivir a Sevilla. Allí realicé la rehabilitación de la casa en la que vivíamos, aquello me trajo otras obras y a partir de los medios económicos de esos trabajos pude acceder a los cursos de doctorado. El primer contacto con la universidad de Sevilla fue a raíz de haber realizado una revista para Argentina sobre casas sevillanas, a raíz de ella había contactado con arquitectos sevillanos entre ellos, Gonzalo Diaz Recasens que me invitó a trabajar, a colaborar con él y su grupo de investigación en la Escuela Tecnica Superior de Arquitectura de Sevilla. Siempre estaré agradecida con Gonzalo por la oportunidad que me significó, es mi primer contacto con la escuela, que después se vería reforzado con los cursos de doctorado que comenzaría en el curso 95-96

–          Y te doctoras en el 2002…

Sí, aunque ya vivía en Barcelona con una nueva pareja (risas) la tesis la presenté en Sevilla. Había empezado a trabajar el posible tema de tesis con Gonzalo Diaz Recasens, aunque también era sobre Buenos Aires, no me convencía del todo ya que se tenía una componente  más histórica. Se trataba de una investigación que enlazaba con el grupo de investigación “la casa y el lugar” que dirigía Gonzalo y enfocaba la evolución de la parcela y la vivienda en Buenos Aires. A mí me interesaba algo más contemporáneo. Un día charlando de ello con Carlos García Vázquez, profesor de la Escuela de Sevilla, le dije que quería entender qué pasaba en la ciudad contemporánea y en Buenos Aires en ese momento. Él me preguntó si tenía director, yo le dije que con ese tema no, entonces me dijo que le interesaba el tema y que me llevaría la tesis. Carlos acababa de presentar su tesis Berlín – Potsdamer Platz: metrópoli y arquitectura en transición y entonces empezamos a trabajar en la mía.

Los teóricos que la fundamentaban eran Saskia Sassen, Manuel Castells, y Jordi Borja.  Por ello, viviendo en Barcelona, me dije “ya que estoy en la ciudad donde está Jordi Borja, tengo que lograr trabajar con él”. Intenté varios contactos y aunque tenía amigos que lo conocían, no logré que nadie me lo presentara, así que finalmente fui y yo misma me presenté.

La verdad es que cuando lo conocí me di cuenta que es muy accesible, recibe a todo el mundo. En la entrevista le dije que quería trabajar con él y le propuse un intercambio. Puesto que él tenía conexión con Buenos Aires y le llegaba información muy interesante (no accesible para mí), me ofrecí para leer todo el material que él recibiese. Le dije que le haría resúmenes y que se lo explicaría. Así los dos saldríamos ganando. Le dejé lo que tenía escrito y a las dos horas me llamó.

Según me explicó en esa llamada acababa de leer una tesis de otra argentina que le había parecido muy mala y que no sabía si por eso o porque era bueno mi trabajo, pero la cosa es le interesó lo que yo había escrito. Continuó diciendo que tenía que hacer un libro sobre el espacio público en tres meses y que si quería hacerlo con él. Contesté que sí y al día siguiente empezamos. Con el libro finalmente fueron seis meses, pero trabajando con él me quedé tres años. Hicimos muchas cosas juntos y aprendí muchísimo.

el_espacio_publico_ciudad_y_ciudadania zaida muxi en stepienybarno

El espacio público: ciudad y ciudadanía.

Autores: Jordi Borja y Zaida Muxí


–          ¿El trabajo era siempre entorno al espacio público?

No, no. Aparecieron otros temas. El espacio público era el tema del primer trabajo que luego resultó en el libro “Espacio público: ciudad y ciudadanía”. En un principio mi trabajo era hacer una revisión bibliográfica, realizar anotaciones etc. sobre el libro. Pero, finalmente resultó en un trabajo de colaboración intenso, de alguna manera fue escrito a cuatro manos y aunque en un primer momento me dijo que constaría como colaboradora, finalmente soy coautora del mismo. Eso fue muy generoso por su parte. Después hicimos muchas actividades y trabajos, siendo el último unos seminarios que realizamos en el COAC sobre México, New York, Berlín y la última sesión sobre ciudades españolas: Madrid, Bilbao, Valencia y Barcelona. Posteriormente, hemos  colaborado en distintos proyectos.

Además, realicé el máster que él impartía y hoy seguimos muy amigos, de hecho, tanto el libro de mi tesis “La arquitectura de la ciudad global” como mi último libro en coautoría con Josep Maria Montaner “Arquitectura y política” lleban un prólogo de Jordi Borja.

–          Y ¿cómo fueron tus comienzos en el mundo docente?

La enseñanza siempre me ha fascinado. De hecho en Argentina y Sevilla también impartí clases y  realicé talleres, seminarios etc. Cuando empecé en Urbanismo en Barcelona tuve que aprender muchísimo, ya que el urbanismo que yo había estudiado no era el que podía aprenderse  en Barcelona. Pero ya era doctora y además podía aportar una mirada diferente de la que aquí se tenía. Desde entonces, he dado muchísimas clases. Durante dos años, los cursos 2004-2005 y 2005-2006 realizamos con Montserrat Rivas, a pedido del director de la ETSAB, un curso experimental que uní los cursos de dibujo y de proyectos de primer año de la carrera. Colaboraron con nosotras dos jóvenes arquitectos, primero Ariadna Perich y después Roger Such.

Fue una experiencia fantástica. La propuesta del director me había llegado porque en mis primeros años como profesora en la ETSAB (yo entré como profesora en febrero de 2003) había organizado dos cursos de proyectos uno independiente y otro en el grupo de proyectos de Ramón Sanabria para que los estudiantes participaran de concursos. El primero fue Elemental Chile, en el que uno de los grupos ganó y se fue para allá. El segundo curso que finalmente realicé con Eva Prats y Enric Steegman fue para participar en la Bienal Iberoamericana de Perú del 2004, sobre temas de emergencia. En la escuela propusimos dos temas de vivienda para emergencias sociales, uno para mujeres maltratadas y otro para emigrantes. Los estudiantes tenían que elegir para quienes trabajar a partir de unas conferencias que recibimos de la mano de diferentes personas que nos podían hablar del perfil de estos grupos, desde arquitectos sin fronteras (ASF) hasta  terapeutas que trataban con mujeres maltratadas, etc.

–          ¿Viste mucha diferencia entre los alumnos argentinos y los alumnos españoles?

Cuando llegué a las escuelas de aquí lo primero que me sorprendió fue que estaban muy limpias y apolíticas.

En Argentina la estructura docente es jerárquica, no el trato con los y las estudiantes. Allí un catedrático de proyectos (o de otra materia) tiene un taller vertical desde Proyectos I hasta Proyectos V. Cada curso de proyectos tiene un adjunto, digamos un teórico que no tiene grupo de prácticas a su cargo. Después hay un jefe de trabajo prácticos, que coordinan a los asociados que son quienes tienen grupo de prácticas.

El ratio es 20 alumnos por asociado y muchos de los asociados son becarios que no cobran. Pero, realmente, es un trato muy de tú a tú y en una corrección puedes tener la visión de todos ellos. Aquí, la tarima y la distancia, fueron las que más me sorprendieron. Creo que con el tiempo se ha ido democratizando un poco, como es lógico los profesores jóvenes tienen otra actitud. En Argentina con el Catedrático de Proyectos te ibas de copas después. Recuerdo, una vez, una discusión en Sevilla, donde decían que había que mantener la distancia por el respeto. Yo creo que el respeto no tiene que ver con la distancia, sino con otras cosas. El respeto tiene que ver con que  te respeten porque lo haces bien, o porque lo que dices es interesante.

–          De tu experiencia como docente, si tuvieras que sintetizar las fortalezas de un buen profesor, ¿cómo lo harías?

Que te guste estar rodeado de gente, que te pregunten, que te cuestionen… Que te guste estudiar e investigar. Que estés dispuesto a dialogar y que consideres que es un hecho meramente temporal el que tú seas el profesor y la otra persona estudiante, no eres “superior”. En definitiva, saber dialogar y acompañar a los estudiantes a que encuentren sus herramientas. Y sobretodo lo que me importa transmitir es que sean conscientes de que lo que hacemos como arquitectos o urbanistas, tiene un impacto muy grande, por mucho tiempo y en mucha gente.

–           Y ya en los Masters, ¿crees que esas relaciones son distintas?

Bueno, eso como todo, depende de las personas que estén al frente.

Las escalas y los tiempos que se usan para cada estudiante han de ser diferentes. Cuando hacía el curso experimental de primero, recuerdo como un profesor me decía que los alumnos no sabían nada y que los textos que tratábamos eran demasiado complejos. ¿Cómo se puede decir que no saben nada? Viven en casas, viven en ciudades…, su propia experiencia ha de servirles para poder pensar, vienen de una formación secundaria donde han hecho investigación y lecturas. Lo que sucede es que son jóvenes, obviamente, pero no que no sepan. Para mi hoy puedes leer algo y tendrás un tipo de lectura y comprensión, mañana leerás lo mismo y sacarás otra visión de ella.

Los alumnos de Bachillerato vienen sabiendo leer e investigar, pero de alguna manera en la carrera lo perdemos. Ahí los profesores hacemos un flaco favor a la autonomía de las personas,  cuando en algunas materias no animamos a leer, ni tampoco a hablar. Llegando incluso a mandar callar creyendo que únicamente el profesor tiene la razón.

Desgraciadamente, aún hoy predomina que han de hacer las cosas para intentar agradar al profesor y eso además de inadmisible puede ser muy frustrante, ya que tendrán que agradar cada año a alguien distinto, sin saber por qué ni para qué hacen las cosas y por supuesto sin responsabilidad ya que “lo dijo el profesor”.

Estas formas de docencia llevan a que te encuentre con que los y las estudiantes te preguntan “¿Cómo te gusta que lo haga?” la respuesta tiene que ser “De ninguna manera, sólo hazlo bien, de aquella manera que “Tú” puedas explicar y defender.”

–          Todos estos temas que tratas en la Universidad, son muy parecidos a los que tratas en el mundo laboral, ¿verdad?

Claro, uno va con su mochila y no puede dejarla. Cuando doy clase de urbanismo, asumo que es una visión subjetiva. Nunca hablo de urbanismo sin hablar de las personas ni del derecho. Considero que no hay posiciones objetivas y por ello es importante explicar desde dónde haces las reflexiones, desde qué posición ideológica eliges ejemplos, analizas y explicas. Ya que no hay una posición única ni verdadera, ni universal ni neutral…

–          Somos sujetos y todo es subjetivo…

Eso es. Desde cómo miras, cómo lo explicas, cómo se elabora en tu mente y qué seleccionas para explicar. Claro que si no te dejan pensar, tampoco te dejarán responsabilidades como persona.

–          Adaptarse a la ciudad de manera muy parcial, ¿imposibilita cumplir con todo?

Sí, hay que entender la complejidad de las cosas. Si solo se analizan coches, calles, plazas y no se piensa en cómo se relacionan esos espacios a distintas escalas, habrá riesgos de hacerlo mal. Siempre hay razones técnicas con un tipo de valoración, pero también hay otras razones que uno mismo introduce, que ayudan a entretejer esa complejidad y llegar a una solución más completa.

–          Y ya para terminar esta primera parte de la entrevista, cuéntanos como responden los alumnos a tu forma de ver el urbanismo, que tiene que ver mucho más con la civitas que con la urbis de la propia ciudad.

Cada vez están más acostumbrados a estos temas. Pero hay de todo, hay alumnos a los que les interesa mientras otros preferirían que no se les agobiase con estos asuntos.

Dos experiencias contrapuestas, la primera: hace ya cuatro años que con Josep Maria Montaner damos el curso optativo de Arquitectura y política, el primer año que la hicimos para algunos estudiantes resultó un respiro, ver que había otras formas de afrontar la profesión. Les abríamos el abanico y veían más posibilidades de acción. Pero también hay estudiantes que no les interesa esta aproximación más compleja y la malentiende, creyendo que este interés por la complejidad real lleva a sólo interesarme por una arquitectura popular dando por hecho que no me interesa Koolhaas (por poner un contrapunto).

Nada más lejos de la realidad.

Y si os ha gustado esta primera parte, no os olvidéis que la segunda parte la podéis encontrar en la  publicación digital de La Ciudad Viva. Aquí.

Autores de la entrada: Stepienybarno

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* Stepienybarno está formado por Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó y desde mayo del 2009 estamos en la red con  la presente publicación digital (Blog) de arquitectura.

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A su vez, somos socios cofundadores de SINERGIA SOSTENIBLE y redactores de LA CIUDAD VIVA.

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1 COMENTARIO
  1. Venta Apartamentos Bogotá

    En definitiva, no queda duda de la gran profesional que es, de la manera tan pulcra y dedicada en la que hace su trabajo.
    Muy buena entrevista.

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