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¿SIGUEN TENIENDO SENTIDO LOS CONCURSOS DE ARQUITECTURA?

PIZARRA CLASE concursos de arquitectura en stepienybarno  350

Nos volvemos a animar a tocar uno de los temas más conflictivos: los concursos de arquitectura. Pero no lo haremos desde un punto de vista analítico de los mismos, pues ya lo hicimos en su día durante cuatro artículos. Hoy no toca entrar en bases, jurados, posibles tongos o plazos, sobre ello ya han escrito, excelentemente, otras publicaciones digitales como n+1 o CCAD .

Así que, si os parece bien, mejor nos centraremos en las consecuencias de la participación en los mismos y cómo afecta este hecho al colectivo de arquitectos de manera determinante. Si os animáis podéis acompañarnos en este apasionante viaje.

Por cada concurso de arquitectura que se convoca se están presentando no menos de cien propuestas, de las cuales una gran parte pertenecen a estudios de escala media o pequeña. Vamos a suponer que por cada propuesta se ha destinado una media de un mes, con un mínimo de tres personas, durante media jornada, trabajando en el concurso. Recordemos que la media jornada de los estudios de arquitectura no suele ser  de 4 horas, sino cuando menos (y seguro que nos quedamos cortos) de  5 horas por persona. Así que, 5 x 5 (nos tememos que los sábados debiéramos contarlos, pero vamos a ser generosos) son 25 horas por persona y semana. Así que, si hacemos la cuenta del mes, nos salen 100 horas por persona, por lo tanto, tenemos un total de 300 horas invertidas por cada oficina.

Si multiplicamos estas horas por cada una de las 100 propuestas presentadas, nos dan la friolera de 30.000 horas dedicadas por unos 300 profesionales. De momento, nos olvidamos de los gastos indirectos (Colegiación, Asemas, Hermandad, alquiler, luz…) que se derivan del hecho de ser arquitecto. Para el tema de material invertido (impresiones, planos, paneles, envíos y demás zarandajas) también haremos la vista gorda pues no es cuestión de cargar las tintas con menudeces. Por lo tanto, habíamos quedado que eran 30.000 horas las invertidas, que multiplicadas por un precio módico, digamos de 20 euros la hora (ya veis que no estamos tirando la casa por la ventana), obtenemos 600.000 euros invertidos en cada concurso de arquitectura. ¡600.000 euros! que regala el colectivo de arquitectos a lo sociedad para que puedan disponer de las mejores ideas y profesionales para llevar a cabo el soñado proyecto cada vez que alguien organiza un concurso.

Una de las consecuencias inmediatas es que, por mucho que se empeñe, cada estudio no podrá hacer más de 15/20 concursos al año e independientemente de su calidad (ser un buen estudio para nada garantiza que se pueda ganar el concurso), el 80% de ellos no habrá ganado ningún concurso cuando finalicen los doce meses. Si a esto añadimos que, con los tiempos que corren, es probable que no tengan otro tipo de ingresos, lamentablemente quedarán abocados al cierre inminente. Es decir, solo veinte de cada cien estudios de arquitectura que se dediquen a concursar tienen posibilidades de sobrevivir.

Ganar un concurso de arquitectura nunca ha sido tarea fácil y menos lo va a ser ahora. Existen estudios muy buenos, que además son especialistas en la ejecución y presentación de los mismos. Muchos arquitectos ya tienen auténtico instinto para saber qué bases huelen a podrido y son maquinarias perfectamente engrasadas para llegar sacar algo decente en muy poco tiempo. A su vez, hay que asumir que a unos se les da mejor y a otros peor esto de concursar, sin contar con que muchas veces una buena propuesta (incluso bien presentada) es pasada por alto por la propia incompetencia del jurado.

Pero claro, alguno pensará “!qué poco hablan estos de lo bien que les va a aquellos de ellos que sí que  ganan alguno de esos concursos!”. Pues sí, efectivamente. No era un mal plan, hasta hace poco tiempo. Había algunos concursos que eran limpios e, incluso, contaban con un buen jurado, donde a la propuesta ganadora (de las diez o quince propuestas que se presentaban, no más) se le respetaban unos honorarios dignos. Pero a día de hoy, la realidad ha cambiado radicalmente. Como comentaba hace poco Iñaki Alday, en una entrevista para CincoDías.com,

“Los concursos de arquitectura suponen poner a trabajar a profesionales, cuyos trabajos pueden ir al cubo de la basura si uno no resulta vencedor. Es como si pusieras a trabajar a los cinco mejores cocineros de España para que preparen una merluza y una vez presentadas, cogieras una y tiraras el resto. Se debería valorar primero las otras cuatro merluzas y aprovecharlas porque aunque no sean la mejor, son excelentes. Las ideas no son gratis. En los países avanzados, las ideas son lo más caro, lo más valioso (…)

Existe una especie de liquidación de los honorarios de los trabajos profesionales. Entiendo que esto es un error gravísimo, porque uno no pediría precio de saldo al cirujano que le va a operar o al abogado que le va a defender. Sin embargo, la coyuntura actual genera exigir lo mínimo a un arquitecto que implica mucha responsabilidad y cuyo trabajo se enmarca dentro de una operación económica de gran envergadura, de la cual nuestros honorarios son una parte muy pequeña.”

Así que, si  alguien tiene la inmensa fortuna de ganar ante esas más de 100 propuestas, se encontrará con que para hacerlo, además de tener un buen proyecto que convenza al jurado, casi seguro que ha tenido que hacer una bajada desproporcionada de los, ya de por sí, bajos honorarios que ofrece la administración. A ello, tenemos que añadir que los plazos en los que se ejecutará el proyecto, también habrán tenido que ser menores de lo deseable.

Por lo tanto, con semejante panorama, ¿qué puede hacer el ganador? Pues de momento, ir pensando en ver cómo con tan poco dinero es capaz de subcontratar parte del trabajo y apañárselas para entregar a tiempo. De hecho, lo que tocará, casi seguro, será comer tortilla de patata como plato único y rezar para que todo vaya bien y no tener la mala suerte de que te toque una constructora que para acceder a la construcción del edificio haya hecho una bajada del 40% del presupuesto. Si es así, con las plegarias no será suficiente.

Esta es la triste realidad que nosotros vemos. Pensar que alguien puede sobrevivir ganando concursos, salvo honrosas excepciones, lo vemos complicado. Aun así, quedamos expectantes por saber si vosotros encontráis sentido a seguir concursando tal y como está el patio.

Autores de la entrada: Stepienybarno

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*Stepienybarno está formado por Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó. Nuestra actividad se sustenta en tres pilares básicos: la investigación, la publicación y la redacción de proyectos de arquitectura.

A su vez, somos socios cofundadores de SINERGIA SOSTENIBLE y redactores de LA CIUDAD VIVA.

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15 COMENTARIOS
  1. rafael

    Álvaro, no fueron los Colegios quienes quitaron los baremos de honorarios sino el Gobierno, porque es ilegal tener tarifas mínimas, incluso ya no se pueden hacer los baremos orientativos. Entendieron que tener honorarios prefijados perjudicaba a la competencia, y el resultado es que ahora hay “compañeros” que hacen proyectos a precio de saldo, los presentan sin ningún cuidado, de tal modo que la realmente perjudicada es la profesión.

  2. Fernando López Yañez

    Hola a todos.
    Creo que la ansiedad es mala compañera a la hora de ser parte de una competición, tal como un concurso de Arquitectura. Dirijo una plataforma cuya finalidad es organizar y gestionar vía web concursos de Arquitectura vinculantes, o sea que no producimos concursos de ideas, por considerar que abusan del tiempo y la capacidad de los profesionales sin ofrecer siquiera una posibilidad laboral o de desarrollo profesional, aunque como dicen algunos de los comentarios la posibilidad de ganar sea de 1 en 1 millón.
    Hemos cerrado nuestro primer evento con muy buena participación, y el equipo ganador ha sido contratado para realizar el proyecto definitivo de la nueva sede auditorio del Colegio de Arquitectos de Buenos Aires en Luján, Rca. Argentina. 5D® es un portal avalado por el Colegio de Arquitectos, pero lo más importante es que se gestiona solo vía web, con el ahorro que eso significa, abriéndoles la puerta a los estudios pequeños, que tal vez antes tenía vedado el ingreso a esta posibilidad. No obstante hemos tenido entre nuestros concursantes figuras de la talla del maestro Clorindo Testa, quien desde hace mucho tiempo viene prestigiando los concursos con su presencia, sin haber ganado ninguno de ellos, solo con el entusiasmo de participar y aportar sus ideas.
    Creo que lo peor que puede pasar, sobre todo teniendo en cuenta la situación que están pasando hoy en España, es renegar de estos canales de participación. Están todos invitados a participar en nuestros próximos concursos, todos ellos de tipo vinculante, acorde a nuestra filosofía de trabajo. Si les interesa conocer algo más de 5D® Concursos de Arquitectura, aquí van algunos enlaces
    http://cincod.com.ar
    http://cincod.com.ar/newsletter/Boletin1.html
    http://cincod.com.ar/newsletter/Boletin3.html
    http://cincod.com.ar/newsletter/Boletin 6/Boletin 6.html
    Les deseo suerte a todos.
    Por estos lados también hemos atravesado crisis, pero nunca perdimos la fe. Es esa la única manera de renacer. Los esperamos.
    Les deseo suerte a todos. Por estos lados también hemos atravesado crisis, pero nunca perdimos la fe. Es esa la única manera de renacer. Los esperamos.

  3. Daniel Gónzalez López

    Estamos en una situación, los arquitectos, donde deberíamos dejar de quejarnos y actuar, cambiar el chip y reinventar la profesión, no quejarnos de como estamos si no pensar en cómo estaremos si cambiamos las cosas.
    Un saludo¡¡

  4. Alvaro De Prado

    Todo empezó: cuando los Colegios de Arquitectos eliminaron los honorarios mínimos por trabajos profesionales.

    Desde ese momento la profesión se ha convertido en una actividad puramente mercantil que en el caso de los concursos ha degenerado de forma más o menos gradual en una subasta, donde la “arquitectura” se sobreentiende “regalada” junto a una propuesta de honorarios.

    En mi estudio hemos tenido bastante éxito en concursos en los últimos años, no los de la crisis y tampoco concursos de gran relevancia, pero conocemos a fondo todo el entramado que rodea un concurso público.

    En 2010 hemos perdido 2 concursos sólo y exclusivamente por la baja económica (habiendo quedado mejor puntuados en la oferta técnica), pero “sólo puede quedar uno”. Con bajadas del 50% es difícil competir y sin embargo no culpo a mis compañeros de tamañas rebajas, porque todo el mundo entiende que “hay que comer”. Pero no me digáis: ¡¡es triste para la profesión y para la sociedad que un arquitecto se vea abocado a luchar por un plato de comida!!. Y trabajando sin horarios.

    Hoy en día un concurso ya no es plataforma para jóvenes arquitectos (en la mayoría piden obras de similar cuantía y tamaño a la licitada), ni medio fiable de subsistencia para un estudio (lo que está muy bien expuesto ya en el artículo principal).

    Sin embargo, la eliminación de esta herramienta de selección sería aún más perjudicial, y yo diría que es imposible, puesto que pondría la obra pública en manos de políticos (aún más que ahora): hay que cambiarla.

    ¿La solución? Individualmente los estudios no podemos hacer NADA. ¿No presentarnos? ¿No hacer bajadas? ¿No – ? No. Creo que la única forma de cambio radica en los COA y el CSCAE, pero muchas veces tengo la sensación de que o tienen poco peso y capacidad de presión o no trabajan en la dirección adecuada (más preocupados porque paguemos los visados que por la degeneración de la profesión), o simplemente no importa. Estamos apañados.

    Así que, para perder un poco más de tiempo, apunto unas ocurrencias para mejorar el sistema:

    Limitación de bajadas económicas en un 10% o eliminación de oferta económica.
    Honorarios reales basados en tablas gestionadas por los Colegios.
    Exposición pública de los Proyectos presentados para que todos puedan valorar el “fallo” del jurado, en unos casos de forma didáctica para futuros concursos con la misma administración, y en otros para “destapar” posibles arbitrios.
    Compensación económica a los 5-10-15 mejores puntuados. Para que no siempre quedar segundo sea peor que quedar el último.
    Que la capacidad decisoria de los jurados se concentre en arquitectos (ya sean funcionarios, reconocidos, sorteados etc.), pero arquitectos, no el concejal de turno.

    Compañeros, un saludo gracias por leerme, disculpadme, que tengo que concursar.
    Suerte.

  5. fidelspt

    Veo que esto nos duele a todos, no me extraña.

    En 20 años de profesión he participado, he ganado algún premio y perdido muchos, desde la administración he promovido y, también, he sido jurado. Con crisis o sin crisis, siempre hay debate sobre la utilidad de los concursos: poca transparencia, bases cuestionadas, calidad discutida de los proyectos, o lo que sea.

    Yo los entendí como una forma de incorporar al mundo laboral a jóvenes que de otro modo no pueden mostrar sus capacidades y fomentar un sano debate del que obtenga rédito tanto el promotor, como el participante, como el debate “cultureta” de la arquitectura en general.

    Con el tiempo veo que me equivocaba, ha habido concursos de muchos tipos, como en el anuncio de una bebida de fórmula desconocida: para jóvenes, para estrellas, para honestos, para tramposos, para inexpertos, para “firmones”, para rápidos, para lentos, e incluso para no ganar y quedar segundo pero poder publicar. Seguro que vosotros podéis añadir más tipos, igual da para ironías de consuelo.
    En realidad, la culpa, si es que hay culpable, del descontento generalizado, no es del que convoca el concurso, nadie nos obliga a presentarnos. Lo que debería quedar claro en la convocatoria es el tipo de riesgo en el que invertimos nuestro tiempo, dinero e ilusión.

    Propongo que se promuevan más, muchos más concursos, pero sinceros, a veces, para hacer una obra, otras para salir en una revista, otras porque alguien está dudando si hacer un edificio e incluso otras para ganar una piruleta y echarnos unas risas de lo “motivados” que somos, como dicen mis hijas.
    Con premios razonables o incluso con premios simbólicos, y el que quiera que se apunte. Habría de todo, seguro. Eso sí, dejando el objetivo bien claro en el primer punto del pliego de condiciones.

    Saludos amigos, Fidel.

  6. Jose

    Creo que el error es justo lo que dice Fidel.
    Plantear un concurso usando más tiempo que el que te requiere el trabajo diario que sí te aporta un beneficio económico, a la larga no es sostenible.
    En mi opinión, la solución llegará cuando estructuren jurados formados y especializados en el tema, que sepan leer un proyecto y no se dejen seducir en exclusiva por las imágenes espectaculares.
    Juntas durante x años jurados cada vez menos especializados + honorarios ofertados cada vez menores y rebajas de los mismos por parte de los concursantes cada vez mayores y el resultado es…profesión y profesional degradado y menospreciado. Es por lo que nunca hemos creído en la arquitectura como producto, visto desde lo puramente mercantil. Creo que cuando lo tratas como un producto a la larga lo haces entrar en el flujo de mercado, con lo que eso supone. Profesionalmente seguimos concursando porque creemos en ellos como la forma de mantener y encontrar tus formas de hacer, pero, sinceramente, muchas veces se te quitan las ganas cuando ves a más de 200 inscritos a un concurso. Lo de las inscripciones en los concursos mejor lo dejamos a parte, porque da para mucho.

  7. Veixqui

    Esto sucede porque en una economía de libre mercado -que es la actual en un mundo globalizado- los precios son asignados en cada transacción, permitiendo que varíen según la demanda. Dicho de otro modo, cada vez que se ofrece un servicio o producto, será la cantidad de gente que lo quiera adquirir quienes darán las bases para el precio; es decir, entre más gente desee adquirir el producto, mayor se permite que suba el costo, pues el vendedor tiene el control.
    En este caso particular, los despachos que necesitan trabajo se convierten en adquisitores, permitiendo al “concurso” comportarse como vendedor. Son tantos los arquitectos que necesitan trabajo y tan pocos los proyectos “valiosos” que la demanda de trabajo se incrementa al grado que cualquier precio se vuelve aceptable.

    ¿Quiénes tienen realmente el control de la situación? Las constructoras. Son ellos quienes tienen la materia prima y la mano de obra para la ejecución. Pero la propiedad intelectual en una economía de libre mercado es un servicio que está sujeto a la oferta y demanda; por lo tanto, los despachos creativos están a merced de los gobiernos que deciden construir, las inmobiliarias que controlan los terrenos y las constructoras que controlan la mano de obra.
    Es el problema de ser creativo en este tipo de economía; ya que al ser intermediarios, no se controla la oferta ni la demanda.

  8. Emilio

    El problema es nuestro, porque aceptamos estas condiciones y nos infravaloramos a nosotros mismos, no hay un organismo regulador que vigile y persuada de estas prácticas a promotores y profesionales. No pasa nada, siempre habrá alguien dispuesto a bajar más…..
    Lo dicho, si no nos valoramos nosotros, ¿cómo nos va a valorar la Sociedad?

  9. Gonzalo Correal

    Excelente post.

    Dejando de lado las incidencias en la construcción de lenguajes de arquitectura y consideraciones de otro tipo, resulta importantísima la reflexión.
    Quien dijo, por ejemplo, que para contratar a un abogado se le pide al colectivo que le haga la mejor propuesta de estrategia jurídica con cargo al profesional para ver a cual se escoge? Estamos asumiendo un costo demasiado alto.

    De otra parte, ciertas entidades y asociaciones profesionales acaparan el derecho de hacer concursos de arquitectura, convirtiéndolos en negocios. Como promotor de concursos desde la Sociedad Colombiana de Arquitectos, asesor y jurado que fui en múltiples ocasiones, pero, sobre todo, como concursante que he sido, estoy convencido de que tenemos que repensar esta figura, que resulta más onerosa que provechosa para la mayoría de los profesionales.

    Saludos.

  10. eduFDEZdeALBA

    uff! no sé si escribir o directamente llorar… porque esa misma cuenta la hemos hecho alguna que otra vez en el estudio tras entregar (normalmente in-extremis) y la verdad es que es dura…

    Estoy de acuerdo con Fidel en que “Es de las pocas formas que nos quedarán para sentirnos arquitectos”, de las pocas cosas de las que nos sentimos orgullosos cuando lo publicamos en nuestra web…

    A nosotros siempre nos pasa que cuando recordamos tal o cual concurso lo primero que se nos viene a la cabeza es las risas que se echaron a las 5:00 AM o lo bonito que salió el panel… Los arquitectos tendemos, cual parturienta, a borrar de nuestro recuerdo todo lo negativo de una entrega de concurso (horas extras, noches en vela, cómo el plotter dejó de funcionar cuando tenia que lanzar los paneles…) y nos vaciamos para dar lo mejor de nosotros mismos, aun sabiendo, como bien decís, que solo uno de cien ganará el concurso… y a veces de aquella manera…

  11. emili

    Estamos viviendo una fuerte crisis, de acuerdo, pero el problema lo llevamos dentro: el arquitecto no valora ni su esfuerzo ni su tiempo, necesitamos de la arquitectura para, como dice fidelspt sentirnos arquitectos. Es nuestra gran contradicción.

    Un abrazo

  12. Miguel Rodríguez

    Las diversas formas de tiranía de la administración española no tienen fin y esta es una de ellas. Concursar es como pegarse cabezazos contra la pared... Hay que cambiar… hacernos cada vez más locales… centrarnos en ayudar a quien lo requiere, aunque sea en pequeñas cosas… y hacerlo despacio y bien (esta es la verdadera sostenibilidad). Los concursos y las reglas actuales de la administración (Plazos, exigencias, honorarios, …) van en contra de la realización de las cosas lentamente, con cuidado, calidad y de un modo sostenible…
    Esperamos el cambio con esperanza y cierta ansiedad…

  13. fidelspt

    Amigos, la triste realidad de los concursos de arquitectura, no es menos triste que la realidad de una sociedad en crisis que se resiste a aceptar que hay cosas que han cambiado y nunca serán más como lo fueron antes.

    Yo lo iría aceptando y no por ello dejaría de concursar, aunque no confiaría únicamente la existencia de mi estudio de arquitectura al hecho de ganar concursos. Concursar sí por muchos motivos, pero no como única forma de salvación económica de la profesión. Con sus oportunidades y sus defectos. A lo mejor el error es plantear tanto esfuerzo en tiempo y en recursos económicos.
    No sé. Es de las pocas formas que nos quedarán para sentirnos arquitectos aunque no nos garanticen la subsistencia.

  14. Daniel -CCAD

    Bueno… Volvemos a un tema sangrante…
    Solo quería añadir lo indecente (a mi parecer) de aquellos que además de todo lo descrito en vuestro artículo, encima, piden tasa por inscripción en el concurso. Aunque sea de ideas… me da igual, me ofrece un maltrato abusivo y descarado en el que no entro desde hace muchos “europanes”.

    Un saludo!

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