
¿Por qué cuando hablan ciertos arquitectos no se les entiende prácticamente nada de lo que quieren decir y ni siquiera otros arquitectos somos capaces de saber por donde van los tiros? ¿Y qué pasa cuando una persona ajena a la arquitectura oye hablar a los arquitectos “de sus cosas”?. De este tipo de situaciones va el artículo de hoy. Esperamos ser capaces de que alguien nos entienda!
Comenta Emili Donato,
“la arquitectura ni es, ni se comporta como un lenguaje; no explica, no narra historias, ni ofrece argumentos y si lo hace hará el ridículo. La arquitectura trata temas y presencias que expresan ideas o valores de un modo muy general y siempre directo, sin mediaciones literarias o discursivas”.
Este concepto va de la mano del planteamiento platónico, que ya nos avisaba que el lenguaje existe y se manifiesta en una sola dirección y puede jugar con su temporalidad, mientras que el espacio funciona en todas las direcciones y su tiempo es siempre hacía delante. Por lo que la correlación entre ambos es más complicada de lo que en un principio pudiera parecer. A pesar de ello, los arquitectos nos empañamos en narrar lo que la arquitectura debería estar contando por ella misma. Y lo peor de todo, no es que hablemos de lo que nos ronda por la cabeza mientras se plantea el proyecto, lo peor es que en muchos casos no sabemos traducir correctamente estas ideas a palabras que sean entendibles para el común de los mortales.
Conviene recordar, que la arquitectura no se hace para nosotros los arquitectos, sino para el resto de la gente. Este concepto que parece una obviedad, a veces se le olvida a más de uno. Así que cuando el arquitecto se enfrenta a un cliente o a un público no docto en la disciplina ¿en que idioma les habla? Creemos que por desgracia se tiene cierta tendencia a hablar “en arquitecto”, como bien se insiste desde arquitextonica.
Pero ¿qué entiende un particular, que tiene la inocente pretensión de hacerse una casita tradicional (que bien pudiera ser de estilo rústico) con su porche y su piscina, cuando el arquitecto presa de sus insititos le deleita con un lenguaje que le es totalmente ajeno? Qué pensará del arquitecto cuando éste se arranque con frases de corte un tanto endogámico tipo: “el edificio quedará fuera de escala” o el típico “así los dos volúmenes pueden entablar un diálogo entre sí” o la no menos habitual “ésta es la forma de que la arquitectura quede enraizada y se agarre al suelo”?
Mucho nos tememos, que estos comentarios no harán otra cosa que hacer pensar al cliente que se encuentra ante “el artista de turno”, que seguramente manejará los ahorros de toda su vida (pasada y futura), de manera demasiado alegre e irresponsable.
Otro aspecto del lenguaje arquitectónico, es el del “metalenguaje”. Que no es otra cosa que la palabrería que algunos arquitectos inventan para hacernos ver lo instruidos y leídos que son. Aunque la realidad sea, que muchas veces ni ellos mismos saben lo que están diciendo. Ante este tipo de situaciones, nosotros tenemos cierta tendencia a la evasión. Ni nos va ni nos viene, más bien se pudiera decir, que no nos interesa demasiado aquello que en un tiempo razonable, no hemos sido capaces de entender.
Y no nos queremos extender más sobre el tema, porque seguro que vosotros tenéis mucho que contarnos sobre palabra y palabrería en la arquitectura.
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Si tenéis curiosidad sobre si resistirán las pruebas de carga, no tenéis más que seguir leyendo.
Buen finde!


















felicidades por el artículo,ya tengo ganas de leer la segunda parte! y que nos contáis del tema de las metáforas en arquitectura!? también se las trae. ¿hasta que punto una casa que es para un florista, tiene sentido que tenga forma de flor?
http://www.plataformaarquitectura.cl/2009/12/12/casa-orquidea-remy-arquitectos/
Está claro que tenemos que hablar de arquitectura. pero no solo de la magia de la arquitectura sino de todo lo que acompaña a su esencia. y sobre todo como dice semisotano hay que hablar con los no arquitectos. no para instruirles de cuanto sabemos, sino para poner encima de la mesa cuestiones que nos atañen a todos y poder ver las mejores soluciones.
“Me quedo con un espacio arquitectónico que te deje sin palabras antes que con mil que necesiten de de ellas para entenderse”. La verdad es que la frase no es tan banal como dices, a nosotros nos ha gustado!
Respecto a lo de si debemos hablar de arquitectura o no. quizás las palabras de Siza nos den alguna pista, “En la sociedad en la que vivimos, es impensable un proyecto sin diálogo, sin conflicto ni enfrentamientos. Siempre debe haber dudas. El proyecto ha de ser obra de una convicción conjunta, en nuestra búsqueda de simultaneidad y libertad”.
De todas formas, parece inevitable hablar de arquitectura. Otra cosa es lo que cada uno decide qué es o qué no es arquitectura, y en consecuencia habla o no habla de ella. Nosotros tenemos claro que hablar de arquitectura es fundamental. Pero nos interesa hablar de la arquitectura que nos interesa, que no por ello entendemos que es la única valida, pero es la que a nosotros nos sirve.
Respecto a qué lenguaje debemos usar. Cada vez vemos más claro, que se debe acercar mucho el que se usa entre arquitectos y el que se usa para los nos arquitectos, que como bien apuntan desde semisotano es el más importante, porque además de ser “los no arquitectos” muchos más son los que van a disfrutar (o sufrir) la arquitectura.
Con ello, no decimos que se pueda hablar de igual forma a todos, pero entre nosotros tenemos que ser menos pedantes, y con los clientes hay que adaptar este lenguaje ya “normalizado” a la normalidad de cada individuo.
“Me quedo con un espacio arquitectónico que te deje sin palabras antes que con mil que necesiten de de ellas para entenderse”… esta frase chorra que me acaba de salir, me viene a la cabeza pensando en algunos lugares que he visitado y me han marcado para siempre. De acuerdo que si se necesitan demasiadas palabras para explicarlos…malo! De ahí a pensar que no debamos hablar de arquitectura… en eso discrepo con Miguel (cosa que no ocurre demasiadas veces).
Yo creo que debemos hablar de arquitectura, especialmente entre no arquitectos: porque son mayoría, porque suelen estar más cuerdos y además porque son nuestros potenciales clientes.
Creo que la arquitectura está muy mal contada y esa es una parte de la razón de la imágen (bien ganada) que tenemos los arquitectos. Hemos tenido algunas oportunidades de hablar de arquitectura en foros de arquitectos… y muchísimas de hacerlo ante no arquitectos (amigos, clientes, usuarios de nuestros edificios, etc…) y creo que podemos decir que en ambos casos el lenguaje utilizado ha sido el mismo (¿¿quizá corriendo el peligro de aparecer como simples o incluso vulgares ante nuestros compañeros??).
Un gran entrenador mío de voley siempre decía que “se juega como se entrena”… si uno está todo el día elucubrando “en arquitecto” el día del partido no le sale hablar “en humano”
Lo primero de todo, gracias por tus siempre generosas palabras respecto al artículo de esta semana.
Cierto es, que lo importante es la obra en sí o los planteamientos e ideas, y cómo se cuenten, es secundario.
Pero parece, que casi todos coincidimos en la tendencia a la pedantería de muchos arquitectos, más aun ridicula cuando el proyecto no son más que fuegos de artificio.
Sobre el “discursito” del que hablabas, lo abordaremos el próximo lunes, en la segunda parte del artículo.
Estoy de acuerdo, y os habeis adelantado en este tema que pensabamos tocar en n+1 ^_^. Esta juventud… (Gran post, por otro lado).
En realidad, no nos preocupa tanto que una buena arquitectura se explique mal, hay gente que no nace con el don de la oratoria, y que tiende a engordar el discurso de la forma más insoportablemente pedante. Siendo esto malo, lo peor es cuando todo lo que hay es el discurso y el resultado es endeble cuando no chusquero.
El papel, el discurso, lo aguantan todo, pero la realidad tiende a la testarudez, llegamos al extremo de las últimas realizaciones que todos hemos visto ensalzadas unicamente por el discurso (¿Discursito?) y que de carecer de él, probablemente se verian de forma muy diferente.
Aiiiiiiiiiii!! Que fallo, tienes razón Daniel, Zaha es anglo-iraquí. Si ya decimos, la tenemos tan atravesada que no le ponemos bien ni la procedencia!
Sólo por incordiar…Zaha es Anglo-irakí. La Anglo-iraní es Farshid Moussavi…la ahora ex de Zaera.
A la pregunta de Daniel, contestamos pero yendo por delante que nos hace mucha gracia la arquitecta anglo-irani. Y la respuesta es que quizás sea por falta de interés, pero cuando le leemos nosotros no le entendemos mucho de lo que dice, y además tenemos la sensación de que en general son justificaciones a posteriori para dar cuerpo a sus excesos formales.
Creemos que esto tiene que ver con lo que comenta Hans, respecto a complejizar verbalmente absolutamente todo. A pesar de que muchos proyectos no son mas que infantiles artefactos formales con una historia que los “avala”. Como bien se apunta, en las comas (a pesar de que a nosotros también nos cueste mucho ponerlas bien) está la clave para que se nos entienda. Necesitamos precisión, claridad y sencillez, a pesar de que hablemos de algo tan complejo como es la arquitectura
Respecto a si todo se debe justificar en arquitectura o no. cada vez vemos más claro que por mucho que hablemos de arquitectura, lo que de verdad la convierte en arquitectura es difícil atraparlo con palabras. La esencia es escurridiza. Y a pesar de que muchos no estén de acuerdo con nosotros, creemos que precisamente lo que no somos capaces de verbalizar de la arquitectura, es lo que convierte a ésta en arte.
La diferencia no acaba estando entre hablar en “arquitecto” o no hacerlo, sino en mezclar complejidad y complicación, simple y sencillo. La clave en mi opinión está en que para explicar algo, lo que sea, tendemos a hacerlo de manera complicada, ya sea algo complejo o no, así si podemos usar palabros que suenen mas complicados, o decir en una frase kilométrica algo que se puede decir en tres mas sencillas, lo hacemos.
Obvio es, que la nuestra es una disciplica compleja, y aunque esté de acuerdo con Miguel en lo de no hablar de arquitectura con los clientes (ya decia Mies que era mejor hablarles de sus hijos), no me parece que no lo podamos hacer en entornos no arquitectónicos, o en los que todos los participantes no sean arquitectos, simplemente hay que hacerlo de manera sencilla, haciendonos entender, y sin simplificar como si hablaramos con niños que no entienden nuestro mundo.
No se trata de decir “cemento” cuando queremos decir “hormigón armado” para que nos entiendan, sino de decir “ventana” en vez de decir “cerramiento translucido de doble hoja con rotura de puente térmico”. No se si son los mejor ejemplos, pero no tengo ningún libro de Iñaki Abalos aquí para buscar algún párrafo sin una sola coma…
Vaya! Ese tema que vais a tratar en enero me interesa muy especialmente! Y tenía también previsto tocarlo. Algo apunto sobre ello en un comentario que he dejado en LCV en el artículo sobre Llinás y Zaera…
No me preocupa mucho que entre nosotros seamos pedantes, sinceramente. Porque realmente nos entendemos. El problema es el cambio de registro que a veces no hacemos porque no sabemos y otras porque no queremos. Eso sí que es un problema, en mi opinión.
Os lanzo una pregunta: ¿Creéis que la gente entiende algo de la explicación que Zaha podría dar de una marcianada de las suyas?¿O creéis en cambio que lo aceptaría mejor si simplemente dijera: “Me apetecía hacerlo así, es más divertido.”?
A veces la palabrería nos acerca a la demagogia política y creo que eso hace que la gente desconecte de nuestro discurso tras 3 ó 4 palabras.
Quizá, ser más sinceros tampoco sería mala idea…a veces no todo tiene una justificación en arquitectura y no tiene por qué tenerla.
(ojo, no justifico con esto cualquier atraco al buen gusto, espero que se me entienda el sarcasmo de la simplificación)
Tienes toda la razón, Eduardo, al ligar que la justificación lingüística tiene que ver muchísimo con el lenguaje formal que usa la arquitectura y que nos guste o no, no llega al ciudadano.
En torno a este tema, hemos preparado tres artículos que colgaremos en enero. Se llamaran “cuestión de estilo”.
Sobre lo que comentas que decía de la Sota, como siempre brillantes sus palabras. Aunque en esto de “sin hacer arquitectura la terminó siendo”, nos parece más o una bonita forma de hablar de alguien que hacía la mejor arquitectura. Pero creemos que en ningún momento “no se hace arquitectura”. Otra cosa es que la arquitectura como decía Fisac, sea totalmente sensible, al qué, cómo y para qué, pero sin el “noseque” no se le podría llamar arquitectura.
Estoy con Daniel en que el lenguaje formal de los edificios, a veces, es demasiado enrevesado y necesita de demasiadas explicaciones para que se entiendan, lo que nos lleva a hablar en “arquitecto”. Esto me lleva a pensar que una cosa nos lleva a la otra, como nuestros proyectos no hay Dios que los entienda, pues ahí estamos nosotros para explicarlos de la manera mas “sencilla”. La verdad es que si lo que proyectamos hay que explicarlo mucho…mala cosa.
Decía Alejandro de la Sota respecto al Gimnasio Maravillas que “el NO hacer arquitectura es el camino para hacerla (…) Entonces (en el Gimnasio) se resolvió un problema y sigue funcionando, y me parece que nadie echa en falta la arquitectura que NO tiene”. Simplemente genial.
Todo esto me ha hecho recordar el escrito “Arquitectura y arquitectura” del que transcribiré parte en laSeccionB para no aburriros por aquí.
Un saludo.
Gracias Daniel y Miguel por los comentarios, de momento parece, que hablamos todos el mismo lenguaje.
Respecto a lo que comenta Daniel, solo apuntar un matiz, cuando comentas que el problema es que se nos olvida a los arquitectos, que no se puede hablar a todos con el mismo lenguaje, estamos de acuerdo. Pero también creemos que eso mismo, se convierte en la excusa para cuando hablamos “entre arquitectos” ser un pelín pedantes (en el mejor de los casos). La verdad, es que cada vez nos casan más lenguajes rimbombantes aunque sean de arquitectos para arquitectos.
Como sabéis, este es un tema que me procupa mucho últimamente. No sólo el lenguaje arquitectónico, que no conecta con la gente (me refiero a los propios edificios y su lenguaje formal), pero especialmente nuestra manía de hablar de forma ridículamente rimbombante. Creo, que es un problema no distinguir al interlocutor y hablar con un cliente igual que con otro arquitecto. Es como los chavales, que no distinguen y no cambian de registro así hablen con sus amigos, con el director del instituto, o con un anciano por la calle. Y el motivo de esto es la intención (consciente o no) de marcar las distancias y separarnos.
No es nada bueno y no conduce a nada positivo, como podemos ver.
Así que a ver si empezamos a hablar de forma más relajada, más normal.
Un saludo!
Nuestro enfoque particular del tema es no hablar nunca de arquitectura. Entendemos nuestra profesión como instrumental, no como fin en si misma. Así que nos parece coherente no hablar de ella. ¿Os imagináis a un cocinero hablándoos de los cuchillos que usa? ¿O a un médico describiéndoos la interacción entre vuestro catarro y los capacidades de la acetilcisteina?… Por eso mismo, nosotros no hablamos de arquitectura.
Tratamos de hablar, y sobre todo de preguntar a los clientes, por los efectos y afectos. En las primeras reuniones les pedimos que nos planteen “la carta a los reyes magos”, que nos pidan todos sus deseos y anhelos. Pero que lo hagan siempre a modo de acontecimientos, que quieren desayunar en la terraza, ver el monte desde la cocina, poder hacer asados en el merendero,… nunca dejamos que nos digan “como hacer que esos acontecimientos ocurran” eso es cosa nuestra… usando la arquitectura.